Matasuegra

El chaqui del Dakar

Poco se dijo y se dirá sobre los costos ambientales u otros asuntos “menos fotogénicos” que las cámaras prefieren no enfocar.
domingo, 24 de enero de 2016 · 00:00
Willy Camacho

escritor

Es innegable que el paso del Dakar por Bolivia representa una gran oportunidad para posicionar nuestra "marca país” a nivel mundial, pero esto, por sí mismo, no conlleva el desarrollo de la industria turística. La "estela” del rally seguramente se apreciará en un incremento (pequeño, nada significativo) de turistas extranjeros a lo largo de este año; sin embargo, la falta de inversión en el rubro determinará que, pasados unos meses, los números vuelvan a la normalidad.

Es que no solo se trata de promocionar los atractivos naturales, sino también, y sobre todo, de potenciar el sector turístico con inversión y capacitación, a fin de que los servicios (alojamiento, alimentación, transporte, etc.) mejoren sustancialmente. Quienes viajaron a Uyuni este año para presenciar el paso de la carrera reclamaron, precisamente, por la mala calidad de los servicios y la abusiva elevación de precios, aspectos que no fueron solucionados por el gobierno central o el municipal, pese a que ya habían sido denunciados en 2015 y 2014.

Para los habitantes de Uyuni, el Dakar ha permitido obtener recursos de manera rápida y relativamente sencilla (alquiler de habitaciones, venta de comida, de souvenirs, etc.), y quizá por eso se muestran muy agradecidos con el presidente Morales, sin considerar que esa efímera bonanza no soluciona las carencias de siempre. Tal vez porque los bolivianos somos muy impresionables, nos deslumbramos con la forma y nos olvidamos del fondo. Una canchita de fútbol, por ejemplo, es motivo de fiesta, más todavía si el acto de entrega cuenta con la presencia de don Evo y se transmite en directo por televisión.

Al respecto –argumentando contra el límite de 15 minutos para la transmisión de entrega de obras determinado por el TSE–, el mismo Presidente dijo que, cuando va a alguna comunidad, la gente se alegra porque sabe que se va a transmitir por televisión y aprovechan para hacer conocer su cultura. Pero luego de la celebración televisada, ¿qué queda? ¿Mejora la educación, la salud o la seguridad en la comunidad? ¿Las cámaras logran el ansiado desarrollo? Asimismo, en Uyuni, el dinero que sus habitantes ganaron con el paso del rally seguramente aliviará algunas urgencias, pero los problemas de fondo no desaparecerán. Claro que, gracias a la "magia” de la televisión, lo que se vio en vivo –y se seguirá viendo en diferido– es la algarabía de la población recibiendo a los pilotos, quienes, incluso con lágrimas en los ojos, agradecían a don Evo por haber traído el Dakar a Bolivia. Poco se dijo y se dirá sobre los costos ambientales u otros asuntos "menos fotogénicos” que las cámaras prefieren no enfocar.

No se trata de satanizar el Dakar, pues, en mi opinión, la iniciativa gubernamental de incluir territorio boliviano en su recorrido es positiva. Sin embargo, invertir en este evento debería ser la punta de lanza de una estrategia nacional para impulsar la industria turística, además que debería incidir en el desarrollo efectivo de las ciudades, pueblos y comunidades que el rally atraviesa. De lo contrario, solo se consigue generar beneficios coyunturales, inmediatos  y la inversión se diluye en cuestión de meses.

Obviamente, al gobierno le interesa obtener réditos políticos con el Dakar, lo cual no está mal si los resultados trascienden el ámbito televisivo (propagandístico), es decir, el tiempo, el espacio y el objetivo de la mera transmisión. Pero, si solo se busca explotar la emoción del momento y la sensibilidad de la gente, el evento cae dentro de la lógica imperial romana del "pan y circo”.

Y fuera de la incoherencia (señalada por Agustín Echalar) que implica que un gobierno de izquierda financie una competencia elitista, organizada por una empresa capitalista para disfrute de deportistas adinerados, me parece que el presidente Morales se equivoca cuando, justificando la inversión, intenta idealizar el Dakar. "Para mí, el deporte no es un negocio”, declaró en una entrevista concedida al periódico La Razón, "(...) con Dakar realmente estamos unidos, nos ha unido. Como siempre digo, el deporte nos hace olvidar la pobreza a los pobres, la riqueza a los ricos”. Esa percepción de la realidad es, al menos, cándida –si no sesgada–, pues los pobres nunca olvidan su situación, les es imposible olvidarla, porque el hambre impide cualquier amnesia.

O quizá la declaración de don Evo devela el trasfondo de la cuestión: el Dakar sirve para distraer a la ciudadanía de los problemas reales. Desde el oficialismo (y la prensa), el evento fue denominado "la fiesta del Dakar”, expresión que resulta pertinente, ya que el concepto de "fiesta”, básicamente, remite a la suspensión temporal de la realidad cotidiana. Y, festivos como somos, durante los tres días que el rally pasó por aquí, hemos vivido la fantasía de pertenecer (o siquiera importarle) al primer mundo.

Dentro de la misma lógica, hace unos años, el gobierno apresuró la entrega de computadoras a alumnos de secundaria, pese a que las unidades educativas no contaban con la infraestructura adecuada, ni los maestros con la capacitación correspondiente. Morales y García Linera viajaron por todo el país para entregar en persona las Quipus, eventos festivos que fueron televisados y retransmitidos hasta el cansancio. Por un momento, vivimos la fantasía de un sistema educativo moderno, de una transformación tecnológica. Pero, pasada la fiesta, la realidad nos demostró que nada había cambiado.

Sobran ejemplos de iniciativas, proyectos, obras o leyes que motivaron festejo (televisado), pero que, tras la euforia, se estancaron en un chaqui crónico. Y para curar el chaqui, el gobierno organiza, y transmite en vivo, nuevas fiestas cada día; estrategia distractiva que, debido a la limitación impuesta por el TSE, el MAS no podrá emplear en la recta final de su campaña por el Sí.

A menos que el TCP determine lo contrario, la resaca nos enfrentará con la realidad objetiva y, así, acudiremos a las urnas para participar en lo que, seguramente, la prensa denominará "fiesta democrática”, cuyo chaqui tal vez será el más duro de la última década.

Sobre la última encuesta de Página Siete

Si usted es de los que necesita estar bien informado, puede acceder a la encuesta electoral completa de Página Siete, suscribiéndose a la aplicación PaginaSietePro que puede descargar de App Store o Google Play

 


   

61
1

Comentarios