Al inicio de un nuevo año

Reflexiones sobre el clima

domingo, 03 de enero de 2016 · 00:00
Gerd Willy Mielke,
miembro honorario de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), La Paz;
socio fundador de la Asociación Sucrense de Ecología (ASE), Sucre.

 

"Siempre parece imposible hasta que está hecho”.    Esta frase de Nelson Mandela nos señala algo que tiene relevancia con lo recién acontecido. En situaciones críticas los seres humanos somos capaces de movilizar energías e ideas innovadoras a niveles inesperados. Cierto es que en la XXI Conferencia sobre Cambio Climático en París, Francia, en su preludio abundaron todavía los críticos y escépticos. La memoria de la fallida conferencia climática de Copenhague del año 2009 estaba aún fresca. Además, ¿qué se había de esperar de un mundo plagado de sucesos alarmantes como las guerras en Siria,  la ola de refugiados y migrantes en Europa, los atentados terroristas en París y otros lugares, la contaminación atmosférica sin precedentes en Bejing, China, y en Nueva Delhi, India, la degradación socio ambiental en muchas urbes del planeta?
 
Por ende, las pretensiones para la Conferencia sobre Cambio Climático de París, llevada a cabo durante dos semanas, estaban destinadas a dar señales claras y prometedoras para solucionar, hasta donde sea posible, la crisis climática. En eso coincidieron políticos y ambientalistas; consecuentemente, los preparativos para esta conferencia fueron gigantescos. 
 
Fue una invalorable contribución en ese contexto, el acuerdo inesperado de las G7 (EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Inglaterra e Italia) en su reunión en junio del año pasado en Elmau/Alemania, bajo el liderazgo de Angela Merkel. Estos países occidentales, económicamente más poderosos, anunciaron nada menos que el compromiso de salir a mediano plazo de la economía basada en energías de combustibles fósiles, además de limitar el calentamiento global a 2° C máximo en comparación con temperaturas pre-industriales. 
 
París entonces fue el lugar preciso, en una época precisa, con condiciones precisas.    150 jefes de Estado arribaron, 20.000 delegados de 200 países se congregaron en la monumental conferencia sobre el clima en la capital francesa. Además, 15.000 manifestantes se reunieron  para hacer valer sus ideas y reivindicaciones.  
 
Todos mostraron su preocupación y buscaron salidas comunes a la muy evidente crisis climática mundial y los frecuentes desastres meteorológicos en muchas partes del planeta, con la intención de impulsar nuevos modelos de cooperación y desarrollo para la humanidad. Sobre todo estaba en la agenda el uso de fuentes de energías limpias para reducir substancialmente la contaminación con las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
 
Los franceses aceptaron el reto en esta cumbre y hicieron una gran labor diplomática. El mismo presidente francés, Francoise Hollande, nombró a su canciller Laurent Fabius para que presida la conferencia. 
 
Al final de las dos semanas,  el sábado 12 de diciembre de 2015, Fabius  podía anunciar el histórico acuerdo universal y vinculante. El diplomático dio el muy esperado martillazo de consenso en la testera y declaró: "Es un martillo pequeño, pero hace mucho para la humanidad”, y la sala magna del recinto de París-Le Bourget estalló en calurosos aplausos que no querían cesar. 
 
Es un acuerdo internacional de gran envergadura, sin precedentes en la historia de la humanidad, hasta me atrevo decir, casi milagroso,  tomando en cuenta la  multitud de diferentes intereses económicos e idiosincrasias nacionales en cuanto a la compleja temática del clima. "Es una victoria para todo el planeta y las generaciones futuras”, reflexionó John Kerry, el ministro de asuntos exteriores de EEUU en sus palabras finales.
 
Emergen entonces nuevas esperanzas que los seres humanos finalmente estén aptos para captar la crisis ecológica y la amenaza climática y para actuar decididamente. Es tarde, pero esperemos que no sea demasiado tarde.
 
El lema que  nosotros en campañas ecológicas del proyecto Ecomuseo del Instituto Cultural Boliviano-Alemán  de Sucre aplicamos (Paz entre nosotros y con el Medio Ambiente), alcanza así más poder de penetración a nivel local.     Y así, se cuenta ahora con más respaldo para cualquier evento ecológico, dirigido hacia una reducción de contaminaciones a nivel mundial.
 
Con la inesperada constructiva participación de China, parece que se ha tomado la palabra "crisis” en su sentido doble, que en chino significa: tanto peligro como oportunidad.
 
El documento, acordado por 195 países y en calidad de compromisos vinculantes indica que la temperatura global, que está en constante aumento, no debe llegar a más de 2° C en relación con niveles pre-industriales  y que se quede en lo posible en una alza de sólo 1,5° C. 
 
Esto constituye  un golpe para las economías extractivistas, consumistas que se basan en combustibles fósiles prácticamente en todo el mundo. El convenio climático puede entrar en vigor cuando por lo menos 55 países, que causan el total de 55% de las emisiones de gases contaminantes a nivel global, lo hayan ratificado. 
 
La adopción final del acuerdo climático está previsto para el 22 de abril de 2016, Día Internacional de la Madre Tierra. 
 
A partir de 2020 los países más desarrollados aportarán la suma de 100.000 millones de dólares americanos anualmente a los países necesitados, una cifra que aún es objeto de revisiones. Por supuesto debe de haber un fomento de  transferencia de tecnologías limpias de punta para que globalmente haya una adopción de energías renovables como ser energía solar, eólica (de viento), hídrica, geotérmica, de biogas y otras. Así, las emisiones de los gases de efecto invernadero pueden ser disminuidas hasta llegar a un estado de neutralidad climática a partir del año 2050. 
 
El papel de la delegación boliviana, con su jefe, el ministro de Planificación y Desarrollo, René Orellana, fue constructivo, con sugerencias bolivianas que se identifican en el documento final, como ser el reconocimiento de las prácticas y tecnologías indígenas ambientalmente favorables, y la propuesta de no atenerse a los mecanismos mercantilistas de carbono sino lanzar un enfoque de gestión ambiental integral no orientado en mercados. Sin embargo, la iniciativa de crear un llamado Tribunal Internacional de Justicia Climática (TIJC), lamentablemente fue rechazada.
 
En resumen, vale la pena hacer hincapié en lo siguiente: a pesar de todo lo catastrófico y terrible  que está pasando en nuestra casa común, la Tierra, de lo que nos percatamos diariamente a través de las noticias internacionales, hay que seguir adelante serenamente sin perder las esperanzas en un futuro mejor. 
 
Y como dijo Martin Luther: "Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía plantaría un manzanito”.

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