Diálogo con Armando Loaiza

“En política exterior no cabe el emocionalismo ni el voluntarismo”

El autor recupera una entrevista realizada al recientemente fallecido excanciller Armando Loaiza, en la que éste comenta su opinión sobre la demanda de Bolivia ante La Haya.
domingo, 31 de enero de 2016 · 00:00
Henry Oporto

Sociólogo

A mediados de 2013, sostuve una charla con el excanciller Armando Loaiza  sobre la decisión del gobierno de Evo Morales de plantear una demanda contra Chile ante la Corte de La Haya. Aquí resumo aspectos salientes de ese diálogo, que son una muestra de su pensamiento patriótico, lúcido y sereno; todo un legado para los bolivianos. Es mi forma de rendir homenaje a su memoria.
 
¿Cuál es el aporte de Evo Morales a la política marítima?
El primer contacto de Evo Morales con un Gobierno de Chile  se efectuó el día 22 de enero de 2006, durante su asunción al mando del país. Fue allí que el presidente Ricardo Lagos le reseñó sus conversaciones con cinco presidentes anteriores, y también los avances en la búsqueda de una solución a la cuestión marítima. Le dijo que no se había podido llegar a un acuerdo, pero que le dejaba un conjunto de documentos y de acercamientos propicios.

Evo se encuentra, entonces, con una agenda de más de 30 puntos, conocida como el "diálogo sin exclusiones”, negociada por varios presidentes que le precedieron; y en que incluía el tema del mar. Me parece excesivo que Morales se atribuya el mérito de haber incorporado el tema marítimo en la agenda bilateral.  

¿Es certero y oportuno acudir a La Haya?

Al acudir a una instancia jurisdiccional, nuestro gobierno ha decidido utilizar uno de los medios para la resolución pacífica de controversias, y eso es legítimo. Pero debemos ser conscientes de que, al dar este paso,  Bolivia entrega a un tercero, en este caso la Corte de La Haya, la definición de una cuestión tan delicada y sensible para los bolivianos, una tercera instancia sobre la cual no tenemos la capacidad de influir y por lo que tenemos que limitarnos a esperar su decisión.

¿Qué viabilidad tiene la demanda en La Haya?

Unas políticas exteriores vecinales sin un norte estratégico provocan distanciamientos y una inútil crispación. Incoar un proceso en la CIJ es tarea muy delicada y de alta responsabilidad. Hay casos precedentes que debemos tomar en cuenta. Las autoridades peruanas y chilenas han sido muy pragmáticas, pues han sabido encarar sus vínculos por cuerda separada: el conflicto territorial a través del juicio en La Haya, a la vez de desarrollar una vasta agenda económica y comercial bilateral. De este modo, han abierto una nueva era de cooperación y amistad, que puede cerrar el capítulo de discrepancia histórica originado en la Guerra del Pacífico. Para Bolivia, interponer la demanda en La Haya  no debe cerrar el diálogo bilateral y la necesidad de trabajar en una agenda rica y diversa, para resolver los problemas pendientes y generar un clima de entendimiento y de confianza, tan necesario para facilitar la negociación sobre la cuestión marítima.

Lo que puede lograrse en La Haya es abrir una negociación con Chile

Yo veo que muchos en el país no lo tienen claro. De ahí que puedan despertarse otras expectativas. Al ir a La Haya,  nuestro Gobierno ha optado por el camino de la negociación, y aceptando la validez del Tratado de 1904.

Ciertamente un segmento de intelectuales y políticos bolivianos neo-revisionistas pueden haber quedado desairados. Bolivia busca tener un título legal que legitime su posición ante la comunidad internacional y tenga más fuerza moral y jurídica para sentarse con Chile en una negociación conducente a una salida soberana en el Pacífico.

¿Tiene Bolivia una propuesta viable para lograr esa salida soberana?

Las propuestas sobre el tema marítimo están sobre la mesa y todos más o menos conducen al mismo punto: un corredor al norte de Arica, para lo cual se requiere de un acuerdo tripartito. El Gobierno tiene que recoger las propuestas precedentes; quizás adecuarlas y remozarlas, pero sobre todo hallar la forma de que sean aceptadas por los dos vecinos. Me temo, además, que estamos forzados a aceptar una compensación territorial, de lo contrario difícilmente será viable un arreglo. Nuestro Gobierno tiene que estar preparado para hacer una propuesta concreta, que dé paso a una auténtica negociación. No puede ser que se limite a pedirle a Chile que sea quien haga la propuesta. Lastimosamente entre el 2006 y 2011 no se pudo formular esa propuesta, de modo que no hemos pasado de los deseos.

¿Priorizar la cuestión de la soberanía o buscar cómo gravitar y sentar presencia en el Pacífico?
Si Chile se aviene a proponer o aceptar una fórmula similar a la que se negoció a comienzos de este siglo, con un puerto en Patillos y una zona económica exclusiva, donde Bolivia adquiere amplias facultades de gestión, eso sería una solución gradual, una estrategia gradualista, que tal vez tenga la ventaja de permitir avanzar con realismo en una solución progresiva. Pero sin nos ponemos inflexibles y concluimos que no se puede hacer más que lo que manda la Constitución, entonces volvemos al "todo o nada”, y que hasta aquí ha sido "nada”.  Ciertamente la actual Constitución supone una atadura. Pero también se puede reformar la Constitución.

¿Qué puede ocurrir si la demanda en La Haya no prospera?

Es lo delicado de llevar este tema a un tribunal internacional. En 1919 Bolivia sufrió un duro revés en la Liga de las Naciones, a donde acudimos con gran idealismo y de la mano de personalidades como Franz Tamayo, Demetrio Canelas y Bautista Saavedra. Y, sin embargo, el pedido boliviano de modificar el Tratado de 104 fue rechazado. Ese contraste para Bolivia supuso cerca de 30 años en que la cuestión marítima estuvo prácticamente archivada, y no fue sino hasta 1950 que se pudo volver a colocar el tema marítimo en la agenda con Chile. Desde luego estamos en otros tiempos. Hoy la dinámica internacional es intensa  y muchas cosas han cambiado en la esfera internacional.  

Pero si esa historia de fracasos se repite, ¿qué podría hacer el gobierno de Evo Morales?

Los gobiernos pasan, aunque duren, son instancias, momentos históricos, lo vemos por nuestra historia. Bolivia nunca va a renunciar a la reintegración marítima, y por el único camino en que hoy es posible: un arreglo pacífico negociado con Chile, y también con Perú. El Gobierno ha llegado a la conclusión de que política y diplomáticamente es inviable una revisión del Tratado de 1904. Lo que cabe esperar es que sea consecuente con la línea de la negociación. Sería inconveniente actuar emocionalmente. Y en eso también nos sirve la lección de la historia. Bolivia nunca debió concurrir a la Guerra del Chaco; ese conflicto pudo resolverse diplomáticamente, y nos hubiera evitado la hecatombe que fue. En política internacional hay que evitar las actitudes emocionalistas.

¿Una negociación amigable, podrá tener acogida en Chile?

Mi experiencia diplomática, y mi conocimiento de la sociedad chilena  me llevan pensar que  hay un sector de la inteligencia chilena que entiende la necesidad de buscar una reparación histórica; y que creo yo que está preparado para buscar un arreglo con Bolivia. Quiero creer que ocurre lo mismo en el Perú. También hay otros protagonistas como Estados Unidos, que por décadas jugó un rol de mediación y muchas veces en apoyo de la causa boliviana.

También hay que considerar el papel de la Unión Europea, y desde luego el Brasil, por lo que significa en el región y en el mundo. Todo depende de lo que hagamos nosotros y de la sagacidad y consistencia que tengamos para abrir un espacio de negociación bilateral, secundado por la comunidad internacional.

Entrevista publicada en el libro: La demanda boliviana ante La Haya, Fundación Pazos Kanki, 2013

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