Análisis

La muerte de Illanes es responsabilidad exclusiva de los cooperativistas mineros

El autor examina desde el ámbito penal la trágica muerte del viceministro Illanes en manos de cooperativistas mineros.
domingo, 16 de octubre de 2016 · 00:00
Gustavo Camacho abogado

 

Para analizar un hecho delictivo, el trabajo debe tener un contenido penal y criminológico, en el ámbito penal se define la responsabilidad que tienen los autores y la posibilidad de que éstos sean pasibles a una sanción, en el ámbito criminológico se consideran otros factores que puedan haber influido en el desencadenamiento del hecho, los mismos que no son necesariamente punibles. 

Consta como antecedente de este caso, que en el mes de agosto ante la posible modificación de la Ley de Cooperativas Mineras en la que se admite la sindicalización de sus miembros y trabajadores, surge el conflicto con movilizaciones, bloqueo de transportes y enfrentamiento con la Policía, atacando a los funcionarios de la institución del orden con palos, piedras e inclusive con dinamita, siendo respondida esta afrenta con los medios que la ley faculta a la Policía Boliviana. 

El estudio de las asociaciones criminales ha considerado como una de las más llamativas, por su forma de criminalidad, a la "muchedumbre criminal” que, a diferencia de una banda criminal, sin estar organizada para el delito, puede desencadenar los crímenes más horrendos producto de una serie de factores que han sido estudiados por el doctrinario Escipión Sighele, estudios que son bastante  ilustrativos para explicar el caso del asesinato Dr. Rodolfo Illanes. 

Los antecedentes conocidos refieren que el Dr. Illanes se habría presentado en la localidad de Panduro  sin que exista un instructivo u orden escrita de autoridad alguna a quien se le pueda atribuir este apersonamiento. En estas circunstancias el Dr. Illanes fue secuestrado, calificándose este hecho con este tipo penal porque para su liberación se exigía el cumplimiento de peticiones favorables al sector en conflicto, tales como la liberación de 10 detenidos preventivos imputados por  causar lesiones a miembros de la Policía Boliviana. 

Este hecho fue calificado de "retención” por los cooperativistas mineros y esta declaración es una admisión del hecho delictivo, porque nunca fue negada, simplemente se modificó su denominación, la misma víctima declaró que su libertad dependía del cumplimiento de exigencias del sector cooperativista minero como ser el repliegue de las fuerzas del orden. Esta declaración fue realizada rodeado de cooperativistas mineros que también aseguraban que al Dr. Illanes sólo se le habían propinado "algunos golpes”, pero que estaba en buenas condiciones, lo que delata una conciencia de que el maltrato y la vejación del Dr. Illanes era un acto reñido con nuestra ley.
 
Sin embargo, ya se había actuado en contra de la integridad de la víctima que denotaba incluso un sangrado nasal visible. La violencia contra él se había desencadenado. 

Las conversaciones telefónicas filmadas demuestran que una parte de la dirigencia del sector estaba presente en el hecho y otra estaba en permanente contacto, lo que se traduce en conocimiento exacto de los acontecimientos, lo que ninguna filmación muestra es un acto de disuasión o de disminución de los actos violentos. 

Las exigencias telefónicas, las manifestaciones de la víctima cesan hasta que se conoce el desenlace fatal que es la muerte del Dr. Rodolfo Illanes tras una tortura comprobada por los médicos forenses.

Las muchedumbres delincuentes (o masas criminales) actúan sin previa organización, se integran de modo heterogéneo, son altamente sugestionables y los individuos particulares obran impulsados por la imitación, operando con una consciencia colectiva manipulada (pero no por ello menos responsable), en la falsa creencia de que su accionar es legítimo (como justicieros o vengadores), promoviendo los impulsos perversos y antisociales. En la muchedumbre delincuente se produce un proceso de sugestión de miembro a miembro, por el que la idea del delito termina por triunfar. De aquí que los partícipes, según Escipión Sighele, ya que han sido inducidos a cometer el delito (conociendo las posibles consecuencias de su actuar y aceptando los probables resultados lesivos), deben ser temidos por su accionar descontrolado y altamente sugestionado por la ira, falta de autocontrol, desinhibidos en sus reacciones. En consecuencia, temerarios. 

Para el criminólogo Florián, la "temibilidad” individual corresponde ser considerada como una agravante en el comportamiento criminal de los conductores, lo que los diferencia de los conducidos. 

Quienes lideran, enardecen los ánimos y operan demagógicamente como cabecillas de estas masas criminales, deben ser considerados y tratados como agentes altamente peligrosos al momento de intervenir una multitud delincuente. 

Por su parte, el autor Mariano Jiménez Huerta encuentra un fondo de inferioridad en la psicología de las masas: quienes actúan por tendencia y simpatías más que por lógica y análisis, con predominio de la vida afectiva sobre el razonamiento, de aquí su impulsividad, sugestividad y domesticidad. 

En el simplismo psicológico con tendencia a lo malo y cruel en las masas, predomina lo mecánico y lo intuitivo de las funciones mentales y así la asociación de ideas prevalece sobre el razonamiento. En el mismo entendimiento de psicología criminal, si la masa criminal no sabe con claridad qué es lo que quiere; o si sabe exactamente qué es lo que odia, niega y está dispuesta a destruir, su poder y capacidad constructiva es nulo, y el poder y la capacidad destructiva son excesivamente peligrosos.

Aunque puede distinguirse entre la minoría directora (quienes lideran) y la masa dirigida (quienes obedecen), la primera domina a la segunda, pues le es útil para alcanzar sus objetivos de "falsos paladines”; siendo, como afirma Aristóteles, que "en la democracia, las guerras y revoluciones son casi siempre obra de los demagogos”.

Son entonces los "falsos conductores” los inspiradores de los crímenes de la masa, pues al presentarse a ella como arquetipo del revolucionario integral le predican el exterminio y la violencia, gratos a los instintos primarios de la masa (E. Ferri).

El fatal desenlace era previsible para quienes dirigían esa muchedumbre. Ellos sabían que la violencia ejercida contra el doctor Ángel Illanes fácilmente podía desembocar en su deceso, resultado que nunca quiso ser evitado. Es así que los dirigentes involucrados tuvieron doble participación criminal, fueron instigadores y autores; en su conducta se devela el dolo directo y el dolo eventual, lo que se traduce en desear un resultado y buscarlo; prever el resultado y aceptarlo. 

Este elemento subjetivo (dolo) es sustancial para la calificación del hecho como asesinato, previsto en el artículo 252 incisos 2) y 3) del Código Penal Boliviano, sin perjuicio de la presencia de otros actos delictivos como el secuestro, amenazas y coacción. 

Existe ausencia de conducta penal de miembros de la Policía y al respecto se expresa así: frente a la masa criminal se encuentran las fuerzas del orden, la Policía Boliviana, cuya responsabilidad también debe ser sometida al mismo análisis. 

La teoría del dominio del hecho del tratadista alemán Hans Welzel, defendida por  grandes tratadistas como Maurach (1995), Gallas (1968), Roxi’n (1998), Weber (1935), Jescheck (1981) y Gimbernat (1966), entre otros, es sin duda la más aceptada por los tribunales de justicia del Estado Plurinacional (A.S. N° 231 de 4 de julio de 2006, A.S. Nº 200007- Sala Penal -2- 379, A.S. N° 307 de 25 de agosto de 2006, A.S. N° 436 de 20 de octubre de 2006), entre otras. Por dominio del hecho –afirma el tratadista Roxin-, debe entenderse la voluntad y poder de disposición sobre el curso del suceso típico. Este requisito, a pesar de basarse en el dolo, es de naturaleza objetiva: lo decisivo no es la simple voluntad del dominio del hecho, sino el voluntario moldeado del hecho. 

Según el filósofo del Derecho Penal Günther Jakobs, en su "Tratado de Derecho Penal”, de acuerdo a esta teoría se puede calificar como autor a la persona que sabe el qué, cómo y cuándo se va a realizar el delito; contribuye objetivamente al hecho (dominio funcional del hecho); y en el caso en que intervengan varias personas, quienes hayan acordado previamente la realización del hecho delictivo (plan delictivo). El dominio del hecho puede consistir en: a) Dominio de la acción inmediata o de propia mano y; b) Dominio funcional del hecho o coautoría. El mismo autor señala: "Aún más delicada sería la situación en la coautoría; todo coautor hace posible, con su contribución o inacción, el injusto de los otros”.

En los delitos de omisión (incumplimiento de deberes) uno de los elementos que debe tomarse en cuenta, según el profesor K. Roxin,  es la posibilidad de dar al suceso el giro decisivo. Es decir, el agente tiene la posibilidad de impedir el resultado. En otras palabras, no importa si el sujeto, interviniendo activamente, pudo haber impedido el resultado, sino a la inversa: si el que permaneciere inactivo ha detenido el suceso que se venía desarrollando o lo ha modificado decisivamente.

El escenario de los hechos no otorgaba a la Policía Boliviana posibilidad de adoptar acciones diferentes a las que adoptó porque la víctima se encontraba en todo momento rodeada por la masa criminal, no en un lugar diferente que habría posibilitado una intervención policial. El repliegue total e inmediato tampoco favorecía a la víctima sino que la sumergía en mayor indefensión y representaba mayor peligro a la población del lugar. El día de la muerte del viceministro Illanes, los patrones de comportamiento que habían seguido los mineros cooperativistas movilizados variaron totalmente. Puesto que a los funcionarios policiales que habían retenido, golpeado y hasta torturado, horas o días más tarde los liberaron. Tratándose de una autoridad gubernamental, era lógico pensar que el mismo patrón de comportamiento se repetiría; sin embargo, le quitaron la vida sin dar oportunidad de diálogo, acercamiento, rescate o negociación alguna. 

No existe un nexo de causalidad que pueda vincular la muerte de la autoridad con las acciones o decisiones que tomó la Policía, puesto que frente a una muchedumbre criminal desbordante de ira y deseos de venganza, lo único que podía hacerse es proteger a otros ciudadanos de un peligro mayor.

 

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