Debate

¿Qué cosita ha hecho la democracia neoliberal por nosotros? O el retorno a la Edad Media

¿Qué cosita pues han hecho los corruptos del pasado por nosotros? Nada, no nos engañemos, dice Diego Ayo.
domingo, 2 de octubre de 2016 · 00:00
 Diego Ayo politólogo

 

Cuánta razón tienen los bravos revolucionarios al sentenciar como neoliberal -una especie de canalla a sueldo- a cuanto mortal que haya laburado en el Gobierno en el periodo anterior al ascenso de Evo Morales el 2006. 

Aciertan al mostrar que nada se hizo en este oscuro periodo democrático. Es pues de aplaudir de pie el prólogo introductorio de la nueva Constitución que habla de "aquellos tiempos inmemoriales cuando todos éramos felices y correteábamos descalzos por las praderas andinas” (o algo así) hasta que llegaron los colonizadores. 

El salto histórico es indudablemente certero: de este mundo pre-colonial idílico al retorno de un indígena al poder sólo hay un manto de tinieblas. Debemos aceptar resignados esas críticas que aseveran prudentes que "no critiquen, no sean cínicos, si antes de 2005 no se hizo nada”. Sabias palabras que hoy por fin entiendo. Me he negado a hacerlo en el firme convencimiento de que algunas cositas hubo. Pero no, es mejor sincerarnos y alcanzar un acuerdo definitivo con los aguerridos masistas: se hizo poco o nada.

No es de importancia, claro que no, haber logrado "prender” la chispa impositiva con la promulgación de la Ley 843 de 1987. Esta norma sólo logró incrementar la recaudación de porcentajes menores al 3% en 1985 a aproximadamente el 15, 16 0 17%, un par de años después. Ese mísero logro sirve hoy de base al compulsivo talante recaudador del gobierno del cambio. Sin ese bastión, las duplicaciones recaudatorias de las que se jacta el Gobierno, no hubiesen tenido lugar. 

Tampoco es de ponderar la estabilización del sistema financiero que se propició con la promulgación de la Ley del Banco Central allá por los 90. En realidad, lo ponderable es la sabia distribución crediticia que hoy hace el Gobierno a un ritmo de 215 millones de dólares por mes con los recursos de las reservas internacionales que ya han decrecido en 4 mil millones de dólares. Es absurdo ponderar en demasía -¡vaya jactancia de los neoliberales!- la consolidación institucional que llegó a tener el Banco Central y que heredó el MAS para hacer un uso tan inteligente con la plata acumulada. Eso no fue nada. Lo rescatable es el quiebre del modelo fondomonetarista que propició Evo Morales retornando a prácticas usuales en nuestra historia, referidas al uso flexible del Banco. 

Y la herencia de 30 años de negociaciones para apuntalar la economía del gas de la que hoy vivimos, merece desconocerse. El entreguismo que se hizo con nuestros recursos al sub-imperio brasileño, sólo amerita la más dura condena. No conviene seguir machacando con la transnacional idea de que los acuerdos preliminares se dieron ya desde finales de los 70, la firma se selló a principios de los 90, el gasoducto se construyó a mediados de esta década y la Ley de Hidrocarburos se aprobó en 2005 sin el apoyo del MAS. 

No, lo valedero fue y es la nacionalización que, aunque sólo responde por 17 de cada 100 dólares que le entra al país por concepto de los hidrocarburos, merece llevarse todo el reconocimiento. Una vez más pues resulta acertada la opinión revolucionaria.

La eliminación de la deuda del Banco Mundial, BID y FMI que se gestó del 2000 en adelante y que supuso iniciar el mandato de Evo (en su primer gobierno) casi sin deber nada a nadie, y que hoy sirve para que el Gobierno se endeude a mansalva (y/o pretenda hacerlo), tampoco merece ponderación alguna. Es al hermano Evo que por su carisma terminaron por perdonar la deuda que se montaron a lo bestia los neoliberales, para uso abusivo y corrupto.

A su vez el despegue de la política social del gobierno de Evo, a través del Bonosol es una falacia. Es cierto que los bonos se replicaron por todo el continente y que los más conocidos como el Juancito Pinto ya fueron diseñados y aplicados desde hace más de una década y media por partidos escasamente progresistas como el PRI en México. Su éxito llevó a que la ola de gobiernos progresistas replicara estas iniciativas del Consenso de Washington ya sobre una base sólida, aumentándolos exponencialmente. El mérito, nuevo acierto revolucionario, no estuvo de ningún modo en ese macabro pasado sino en la genialidad hipersensible de esta nueva izquierda.

Por eso, cabe decir con total firmeza -aparte de establecer un sólido sistema financiero, un eficaz régimen impositivo, un bastión institucional para la consolidación de la política social de bonos, un continuismo destacable en la política hidrocarburífera, una prudente aplicación de medidas anti-deuda, además de una democracia de elecciones ininterrumpidas- ¿qué cosita pues han hecho los corruptos del pasado por nosotros? Nada, no nos engañemos. Lo mismo sucedió con los ineptos romanos, a decir de sus sucesores a lo largo de la Edad Media (cuento narrado por Slavoj Zizek): "…aparte del alcantarillado, la medicina, la educación, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras, el sistema de agua potable y la sanidad pública, ¿qué cosita han hecho pues los romanos por nosotros?”

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