EPSAS: crónica de un colapso anunciado

domingo, 20 de noviembre de 2016 · 00:00
Henry Oporto

Nadie debe sorprenderse del colapso de EPSAS. Estaba cantado que sucedería. Aunque suene petulante decirlo, este des-

enlace lo advertimos en su día. Bolivia vive una crisis de política pública que reduce drásticamente la capacidad de prestación de los servicios públicos. 

La carencia y la mala calidad del servicio de agua  tiene que ver con la carencia de fuentes de agua; esto es indudable. Pero ante todo con las malas decisiones de política gubernamental. Y desde luego con las circunstancias políticas que condicionan tales decisiones. 

La llamada "Guerra del Agua”, del año 2000, no fue tanto un conflicto social por el servicio como sí, en cambio, el embate de fuerzas antisistémicas contra el Estado y el sistema político, que se transformaría en un proceso incontenible de desestabilización del sistema institucional, hasta acabar con dos gobiernos democráticos. 

La "guerra” de la Coordinadora del Agua en Cochabamba tuvo su coletazo en el conflicto de El Alto, que terminó con el despido de Aguas del Illamani, a despecho de los muchos resultados exitosos que podían entonces exhibirse de aquella primera experiencia de participación privada en la gestión del servicio de agua.

Lo cierto es que esos conflictos desencadenaron conductas colectivas suicidas. De hecho, pocos sucumbieron a la tentación politiquera de usar la cuestión del agua como arma política para combatir al adversario. Fueron los propios partidos y grupos gobernantes quienes obstruyeron y socavaron la implantación de un sistema regulatorio independiente, eficaz y creíble, como era necesario para proteger a los usuarios, defender los intereses del Estado y ejercitar una fiscalización adecuada de las empresas operadoras. 

Pero es también la relación perversa entre Agua y Poder, lo que explica las desventuras de las fórmulas populistas y demagógicas ensayadas en el último tiempo. Ahí está el rotundo fracaso de las "empresas sociales” de agua, pretendidamente autogestionarias, participativas y con control social, pero que en realidad no son otra cosa que botín político. Tanto así que ahora languidecen por graves ineficiencias, ineptitud funcionaria, corrupción, incapacidad absoluta de hacer inversiones en la ampliación y mejora de los servicios. Desde ya, Semapa en Cochabamba  y EPSAS en La Paz y El Alto, exhiben los peores indicadores de rendimiento entre las operadoras del sector en las ciudades del país. 

Los peores presagios se cumplen, desgraciadamente. El desabastecimiento que sufre estos días la población paceña no deja dudas del estado calamitoso del servicio de agua y saneamiento en la región metropolitana. Por si fuera poco, EPSAS arrastra pesadas deudas tributarias y financieras; está prácticamente quebrada. Desde la "nacionalización” de Aguas del Tunari el servicio de agua es una bomba de tiempo, que quizá no sea ya posible 
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* Henry Oporto es sociólogo.

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