El sobaco de la víbora

Por favor, no la dejen correr

domingo, 27 de noviembre de 2016 · 00:00
Machi Mirón

Parece que la crisis del agua es algo a lo que tendremos que acostumbrarnos. De por sí es un camino que ya recorremos casi tres semanas, aunque el panorama que contemplamos es cada vez más sombrío, pues las respuestas que recibimos de las autoridades son día a día más confusas.                                                   

Su primera medida fue destituir a las altas autoridades de EPSAS, lo que me recordó a los dirigentes de fútbol que, cuando su equipo no gana, su primera –y única– reacción es destituir al director técnico, sin contemplar si las condiciones de trabajo que le han otorgado son las mínimas recomendables.

En cuanto a EPSAS, sus nuevas autoridades, coreadas por la Ministra de Aguas, en lugar de explicar cómo encararán la crisis, se limitan a denostar contra el calentamiento global y criticar la tendencia de la gente que más allá de consumir agua razonablemente, la despilfarra.    

Ninguno de ellos aclaró por qué razón hace unos ocho meses –cuando ya se podía percibir la sequía que se venía– no se buscó alguna medida preventiva para evitar la carencia de agua que ya tocaba nuestras puertas. ¿O es que no contaban con la astucia necesaria para siquiera sospecharlo?  

Es cierto que muchos ciudadanos no tienen reparos en dilapidar el agua, hace un par de meses en Sopocachi vi –no sin terror– cómo un señor regaba el muro de su casa durante más de 15 minutos. Pero nunca supe que se hubiera impulsado una campaña educativa para un consumo metódico.            

Además está el sistema utilizado por EPSAS para enfrentar las carencias. Desde el incumplimiento de cronogramas según las cuales, luego de tres días de corte, los vecinos tendrían tres horas para proveerse de agua. Muchas zonas llevan más de diez días sin conocer tal suministro.                        

A ello se sumó la ruptura de una tubería central que dota de agua a varias zonas del sur, en la central de Obrajes y una tercera en Alto Obrajes que, pese a la insistencia de los vecinos, EPSAS –tal vez fiel a la máxima "agua que no has de beber, déjala correr”– atendió sólo dos días después.                                                  

Toda esta situación nos hace ver que están muy lejos de cumplirse los objetivos anunciados por el supremo gobierno para justificar la estatización de este servicio vital, que apuntaba a renovar y potenciar el sistema de tuberías y, sobre todo, garantizar el acceso de toda la población boliviana al mismo.      
    
Pero la carencia de agua no sólo golpea a vecinos, también a servicios como salud, educación y el área productiva, por lo que muchos se preguntan por qué el proceso de cambio –cuyo espíritu solidario impulsó el envío de toneladas de agua a otros países de la región– no lo hace hoy con la población boliviana. 

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