Economía

Innovación agropecuaria: el largo camino por recorrer

Se trata, pues, de invertir en la creación y mejoramiento del “ecosistema de la innovación” y darle tiempo a que se desarrolle.
domingo, 6 de noviembre de 2016 · 00:00
Gonzalo Flores sociólogo
 
 El año 2000, Perú exportaba sólo 600 millones de dólares en productos agropecuarios. Hoy exporta más de 5.100 millones y se ha convertido en el primer productor mundial de espárragos y arándanos. Por cada dólar invertido en sanidad agropecuaria, Perú obtiene un retorno de 30 en exportaciones y de 101 en el valor bruto agropecuario. En Chile no se producía salmón hasta fines de la década de los años 70. Hoy Chile es el segundo exportador de salmón del mundo y esta actividad ha excedido los 3.600 millones de dólares. 

¿Por qué en esos países las exportaciones crecen y dinamizan el sector agropecuario mientas en Bolivia no? La respuesta es que en ellos hay innovación. La innovación consiste en modificar partes o la totalidad de un proceso de producción, transformación o mercadeo, sobre la base de un nuevo conocimiento. Bolivia no se distingue por su carácter innovador; de hecho, ocupa el puesto 104 del Índice Global de Innovación.

El fracaso estatal 

En Bolivia la única entidad relacionada directamente con la innovación es el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), que integra a varias entidades pre-existentes. Según las normas, es la única instancia de investigación acreditada en actividades de intercambio científico y tecnológico; debe impulsar políticas nacionales, departamentales, municipales y locales en el ámbito de la innovación agropecuaria y forestal. Regula y ejecuta la investigación, extensión, asistencia técnica, transferencia de tecnología, gestión de recursos genéticos y servicios de certificación de  semillas. 

A su vez, el Sistema Nacional de Investigación Agropecuaria y Forestal (SNIAF) es "un conjunto de actores e instituciones públicas y privadas… que de manera coordinada promueven la investigación, extensión, transferencia de tecnología, asistencia técnica y semillas con la finalidad de promover el desarrollo agropecuario y forestal”. En la práctica el SNIAF no funciona y es sólo un paraguas de los consejos departamentales de innovación, cuyos miembros generalmente son la oficina local del INIAF, el Servicio de Agricultura y Ganadería de la Gobernación, la universidad y algunas ONG locales. 

Los logros del INIAF en investigación son magros y en innovación, ausentes. Al respecto:
-Fue equivocado definir al INIAF como la única institución acreditada en actividades de intercambio científico y tecnológico. El pésimo uso del concepto resalta a la vista, pero tiene el efecto de suponer que la única entidad que puede hacer investigación es el INIAF. 

-Igualmente erróneo es haber decidido que el INIAF impulsará políticas de innovación agropecuaria y forestal en los ámbitos nacional, departamental, municipal y local, cuando en la práctica la investigación agrícola no es nacional, departamental o local, sino que se investigan cultivos, especies, variedades y sistemas. 

-Los objetivos confunden y las funciones reflejan su imprecisión. El INIAF tiene que realizar investigaciones en forma directa y coordinar la investigación con terceros, pero también debe "regular” las investigaciones de otros. No tiene metas sustantivas respecto al incremento de la productividad de ningún producto.

- El Directorio del INIAF se restringe a entidades públicas, es decir que el Gobierno se habla a sí mismo. La integración de otros actores habría permitido incorporar otras visiones del desarrollo agropecuario y una mejor supervisión social.

- Los "Centros de Innovación” son simplemente designaciones adicionales a entidades que ya existían antes de la dictación de estos decretos, principalmente el Centro Nacional de Producción de Semillas de Hortalizas y el Centro de Toralapa. 

-Los decretos que rigen al INIAF yerran al decidir que sus actividades se concentrarán en rubros "estratégicos” (trigo, quinua, papa, maíz, caña de azúcar, hortalizas, bosques, arroz, ganadería).
 
Que algunos de esos rubros sean importantes para el abastecimiento de alimentos no quiere decir que lo sean desde un punto de vista económico. 

-El INIAF no está obligado a cumplir ningún estándar de gestión de calidad, lo que va de la mano con la excesiva rotación del personal, reestructuraciones, cambio de planes, poca claridad en las prioridades.

-Existe la creencia equivocada de que los agricultores poseen todos los conocimientos necesarios para hacer una buena agricultura, lo que estaría expresado en los "saberes ancestrales”. Creen también que empujar a los pequeños productores a hacer negocios es contaminarlos con el espíritu del mercado y el capitalismo.

El problema no es la falta de fondos

Dos programas del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural: "Promueve Bolivia” (que facilita y promueve las exportaciones) y "ProBolivia” (que distribuye la información necesaria para realizar la apertura de PyMES y para conformar empresas exportadoras), que podrían ser parte de los esfuerzos a favor de la innovación, en realidad carecen de toda conexión con la innovación, con el INIAF ni con el sistema financiero formal para canalizar fondos hacia los innovadores potenciales.

Curiosamente, el gasto público en investigación e innovación ha aumentado en los últimos años. El INIAF, el Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) y el Centro de Investigación y Desarrollo Acuícola (CIDAB) recibieron sólo 88 .000  dólares en 2005, pero en 2015 recibieron 28 millones. Gran parte de estos fondos fueron al INIAF y se debieron a un crédito del Banco Mundial y otras fuentes. Se sospecha que estas entidades emplean buena parte del dinero no en investigar o innovar sino en una burocracia parasitaria y en acciones dispersas y costosas y sólo para pocos agricultores y comunidades rurales.

Oportunidades hay, pero se insiste con los aptapis 

Éstas incluyen el retorno a un sistema mejorado de concesiones forestales, la creación de un amplio programa de plantaciones forestales, la masificación del riego, la fertilización y el uso de semilla certificada; la creación de amplias zonas de agricultura ecológica, la renovación de la fruticultura y horticultura, la agricultura de precisión, la producción primaria para nichos específicos de mercado; la especialización de las ganaderías, la diversificación de productos cárnicos y producción de aves, el mejoramiento de las capacidades de procesamiento, la introducción de nuevos métodos de mercadeo, la generalización de la trazabilidad y la custodia, la exportación hacia nichos especializados.

Una cuestión clave para la innovación es lo que se conoce como el "ecosistema de la innovación”; es decir investigadores, emprendedores, facilitadores de capital, sistemas de formación de empresas y de registro de la propiedad intelectual; ayuda para pruebas de mercado, para exportar, premios, etc. Se trata, pues, de invertir en la creación y mejoramiento del "ecosistema de la innovación” y darle tiempo a que se desarrolle.

Es probable, sin embargo, que bajo el actual Gobierno no se pueda desarrollar un ecosistema favorable. Y ello porque se necesitan  ciertas condiciones que incluyen: derechos de propiedad plenos sobre la tierra; usar las capacidades no estatales; descentralizar; colocar los fondos mediante concursos transparentes; involucrar a los productores (de todo tipo); asumir un enfoque de cadenas de valor; conectar las propuestas de innovación con las posibilidades de financiamiento; contribuir a la formación de clusters; un órgano directivo superior no político, calificado, neutral y confiable; pasar del subsidio a los bienes privados de los agricultores mejor colocados en las corporaciones que sostienen al Gobierno al financiamiento de bienes públicos (servicios generales de apoyo a la agricultura).  Chile y Perú cumplieron con estas condiciones.
 
Bolivia no.

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