Opiniones e ideas

2016, un año que concluye sin conclusiones

Los artículos que reproducimos en este número especial han sido seleccionados porque marcan hitos en la reflexión sobre los temas y episodios del año.
domingo, 25 de diciembre de 2016 · 00:00
Redacción Ideas

 

 

Este año que termina ha sido extraordinario, sin tregua ni respiro. A los eventos políticos esperados y esperables, a este año se han ido sumando otros tristemente indeseados para configurar, entre eventos, consecuencias y temas de fondo, un complejo marco para el debate nacional.  

El primer mes del año no había terminado cuando estalló la primera bomba política: el 26 de enero se informó que el vicepresidente, Álvaro García Linera, había sido habilitado como candidato sin poseer título profesional ni libreta de servicio militar. Para un hombre de su trayectoria, esas faltas no habrían mellado su prestigio político de no ser por la falsedad. En otros países, cosas como ésa provocan renuncias. No en Bolivia. 

El Vice se enredaba todavía en explicaciones cuando Carlos Valverde denunció el 3 de febrero que el presidente Morales tenía una relación afectiva con Gabriela Zapata, con quien habría tenido un hijo. Ella a la sazón trabajaba como gerente comercial de la empresa china CAMC, la que a su vez se había adjudicado millonarios contratos con el Estado por contratación directa. La existencia del hijo y la forma y volumen de las adjudicaciones de la CAMC configuraban un caso de posible tráfico de influencias. El Congreso formó una comisión para investigar.  

La señora Zapata, sus abogados y otras personas que habían tenido la desdicha de trabajar con ella fueron a dar a la cárcel y las ondas de choque del caso llegaron hasta el Ministro de la Presidencia. La investigación del Congreso no  halló evidencias de tráfico de influencias, pero eso no calmó las aguas, y fue sólo cuando el propio Gobierno y la señora Zapata decidieron hacer un mutis estratégico, que el asunto desapareció sin solución.

Pero, el caso estaba aún en sus primeros compases, cuando el 16 de febrero se dio el truculento episodio de la quema de instalaciones de la Alcaldía de El Alto, donde murieron seis personas, las primeras víctimas mortales del año. El hecho fue consecuencia directa de acciones y omisiones humanas, pero hasta la fecha, aunque se han hecho acusaciones, no hay culpables identificados.

Este fue el complicado contexto en que los bolivianos acudieron a las urnas el 21 de febrero para el referéndum en el que debían aprobar o rechazar el proyecto constitucional que permitiese al Presidente postularse a una nueva elección. En uno de los momentos más duros para Evo Morales y el MAS, el No ganó con algo más de 51%.

El 21F es un punto de bifurcación en la vida política del país: apenas empezando el primer año de su segundo mandato, el MAS quiso asegurar la continuidad del proceso, y terminó abriendo las puertas a cuestionamientos con un resultado que disminuyó la imagen de su líder indiscutible sin que la oposición haya tenido que diseñar un proyecto alternativo para derrotarlo.

Aunque Evo aceptó la derrota a medias y la atribuyó a "las mentiras del caso Zapata”, nada volvió a ser como antes. Ni bien pasado el referendo empezó una nueva batalla electoral que acabó, finalmente, con la decisión de desconocer los resultados de la consulta y asegurar que Evo Morales será  candidato en 2019.

En sus análisis de los resultados del 21F, el Gobierno atribuyó a las redes sociales un papel determinante. Si la alegación tiene fundamento o no, debe todavía confirmarse, pero a partir de entonces pasaron a ser elemento insoslayable en la política. El Gobierno amenazó con regularlas para después entrar de lleno en el juego con una cuenta Twitter del Presidente y una entidad estatal creada para fortalecer esa presencia.

Éste que acaba fue también un año de duros conflictos sociales. El primero, el de los discapacitados, empezó en Cochabamba, cuando se inició una caravana que llegó a La Paz en sillas de ruedas y muletas el 25 de abril. Una vigilia de 700 personas demandando un bono mensual de 500 bolivianos se instaló precariamente alrededor de la plaza Murillo. 

Después de casi 80 días bajo los ojos de una población consternada e incrédula por el cuadro de miseria y desprotección, la vigilia fue derrotada por el agotamiento. No hubo victoria para los "discas”, pero tampoco para el Gobierno, que mostró una frialdad inconsistente con su discurso por los pobres y obtuvo una victoria pírrica.

La consternación general no se había disipado todavía cuando otro conflicto vino a enlutar el ambiente. El 10 de agosto, cooperativistas mineros iniciaron un bloqueo de carreteras exigiendo cambios en la recientemente aprobada ley de cooperativas. El enfrentamiento con la Policía produjo la muerte de seis mineros y terminó con el macabro asesinato del viceministro Rodolfo Illanes en manos de una turba exaltada. A esas muertes siguió un peloteo de acusaciones, pero, una vez más, ningún responsable.

El impacto del linchamiento de una alta autoridad en manos de un sector con el que el MAS había tenido una proximidad política fraterna no había sido superado cuando a inicios del mes de noviembre, en medio del debate por la construcción de la represa de El Bala, estalló otra crisis: por errores de gestión de tres entidades públicas -Ministerio de Medio Ambiente y Agua; AAPS y EPSAS- y en medio de la peor sequía en cuarto de siglo, la ciudad de La Paz se vio forzada al racionamiento del agua.  Un revés para el Presidente que, encumbrado defendiendo el acceso al agua como un derecho humano en la Guerra del Agua, tuvo que pedir perdón a los paceños y advertirles que "se preparen para lo peor”.

Listos ya para dejar atrás un año horrible, se dio el más trágico de los episodios. Un avión de la empresa boliviana LaMia se estrelló cerca de Medellín, causando la muerte de 71 personas, entre ellas el equipo brasileño Chapecoense. La tragedia fue causada, hasta donde se sabe, por la negligencia del piloto de una empresa de orígenes dudosos que ha echado sombras sobre la reputación del país. Aunque el Gobierno desplegó una vez más su capacidad punitiva, no se han resuelto interrogantes elementales. 

Como no se había visto en años de democracia, el Gobierno volcó el 2016 todo su vitriolo contra la prensa independiente. Los ataques regulares contra los medios llegaron a su clímax con la acusación del ministro Quintana de que algunos medios habían conformado un "cártel de la mentira”, acusación que fue fecundada por el Vicepresidente. 

En este escenario de malas nuevas no se puede dejar de mencionar la violencia contra la mujer: una cuestión que ha producido muchas tragedias durante el año y que reaviva la conciencia de un problema intolerable al cual la sociedad no da todavía respuesta. 

Estos eventos y temas marcaron la pauta del debate nacional al que Página Siete ha contribuido en sus páginas de opinión y el suplemento Ideas. En ellas han escrito nuestros columnistas regulares y ocasionales artículos de gran factura. Lamentamos la partida de Andrés Soliz Rada, uno de nuestros más distinguidos colaboradores. 

Los artículos que reproducimos en este número especial han sido seleccionados porque marcan hitos en la reflexión sobre los temas y episodios del año. Muchos otros merecerían ser reproducidos por su calidad, pero el espacio no lo permite, a nuestro pesar. 

A todos los columnistas y colaboradores, Página Siete agradece su generosa e inteligente contribución a una de las misiones más importantes del periódico: alimentar el debate plural en busca de respuestas para el país. Cerramos expresando nuestro deseo de que el próximo año nos traiga lucidez e inspiración para continuar el análisis de los temas no resueltos en éste, y los muchos otros que el país debe debatir en democracia.

 

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