Raíces y antenas

¡Amor! Chaqhatau el segundo aguinaldo

domingo, 25 de diciembre de 2016 · 00:00
En la coyuntura actual, nada provoca más polémica que el pago o suspensión del segundo aguinaldo (2A). En realidad se ha convertido en un dilema que atraviesa miles de corazones ciudadanos y toca las fibras más frías del Leviatán criollo. Para comenzar la saga del 2A, permítanme una breve recapitulación y evaluación integral de esta medida, rescatando frases de amor que, según mis amigos del Facebook, habrían inspirado este cañonazo de marmaja.  El título de esta columna me lo sugirió Miguel Ángel Cárdenas.  

 El 2A pretende ser una política pública distributiva (pero sólo aspira, como veremos adelante) que se implementa toda vez que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) -es decir, la riqueza generada por toda la economía boliviana en un año- es igual o sobrepasa el 4,5%.
 
 Cabe recordar que este es un parámetro artificial porque es un promedio de lo que pasa en varios sectores, que en algunos casos crecen por encima de este valor y, en otros, por debajo. 

  Veamos este problema con los datos de crecimiento económico desagregados del 2015. Este año, el crecimiento promedio fue de 4,85%, y los sectores que podrían pagar el 2D, sin mosquearse, serían agricultura, que creció al 5,12%; la manufactura, que pasó raspando con un crecimiento 4,58%, pero dentro de este sector, quienes ciertamente pidieron pita  fueron los sectores de textiles (1,77%) y madera (2,94%), por ejemplo. La minería y la industria de hidrocarburos decrecieron en -1,38% el año pasado y, ciertamente, se endeudaron para pagar el 2A. 

  A otro sector que le fue regular fue al comercio, que creció al 4,35%. La construcción (5,36%), los servicios financieros (9,25%%) y, sobre todo, a los servicios de la administración pública (9,37%) les fue de maravilla. Los datos proviene del INE, por si acaso, no de la odiada suegra del FMI. Siguiendo la regla del Gobierno es fácil identificar a quienes pudieron y a quienes no pagar el 2A. Pero ésta es una aritmética política falluta porque cree que un neorrevolucionario podría meter su cabeza en un horno y sus pies en hielo y decir que en promedio se encuentra bien. 

  En el mundo económico esta lógica es equivocada y está matando a muchas empresas que se ven obligadas a cerrar o correr a los brazos de la informalidad. O como dice Enrique Alpire: "Crezca o no la economía, tú tendrás tu 2D”. En la política y el amor oficialista no se aplican las odiosas leyes de la matemática. 

  Esto último nos da pie para recordar que el 2A es obligatorio sólo para el sector formal de la economía. Cabe recordar que tan sólo el 20% de la población económicamente activa de Bolivia está en este sector, el resto de los trabajadores sobrevive en el reino de la informalidad, donde muchos ni siquiera reciben el primer aguinaldo. La distribución de renta propiciada por el proceso de cambio es para unos pocos y no es sostenible, en cuanto la mano invisible se encarga de las grandes mayorías. 

  Según Mario Camacho, se trata de un bono ciego, yo ampliaría: se trata de  una política pública ciega, de un ojo y medio que se convierte en un gran incentivo para que los empresarios, asfixiados por los costos laborales,  se refugien, total o parcialmente, en la economía paralela o simplemente cierren las puertas. Es populismo de corto plazo que mata el empleo productivo de largo alcance y que confirma que en Bolivia la informalidad es la fase superior del capitalismo de camarilla y bajo el patrocinio de los camaradas contemporáneos de Mao. Sólo el comercio de baratijas nos hará libres y desempleados o, como dice Carlos Terrazas E.: "Mi amor, me dieron mi 2D y mi carta de despido”.

 Para que no digan que soy un malagradecido que reclama del 2A, pero le encanta gastarlo, debo declarar que creo en el pago de incentivos en sistemas que comparten riqueza, pero éstos deben estar conectados a la productividad de los factores de producción. Si la productividad media de los trabajadores aumenta en la empresa o la economía, no hay la menor duda que esto debería ser remunerado. O como dice el Sebas Peredo: "Amor, me cumples y tendrás tu 2A”.

 Ciertamente, más allá de las inconsistencias del 2A, también éste coloca dilemas profundos y difíciles para el Gobierno. Tal vez eso explique el retraso de la entrega de las cifras de crecimiento del PIB y la molestia con el dato presentado por el FMI, que dice que el producto, en el 2016, sólo crecerá al 3,7%. Pero antes que usted quiera cortarse la venas con hojas de lechuga y decirle a su media naranja: "Amor, este año sólo hay sopa y no segundo” (Claudia Campanini), debo tranquilizarlo y decirle que esa no es la información que usa el Gobierno para pagar el 2A. Primero, deben ser datos del INE y, segundo, los periodos no son comparables. Los malditos del FMI estiman la variable en cuestión de enero a diciembre, en cuanto el Gobierno mide el PIB de septiembre del 2015 a agosto del 2016.    
 
 Pero volvamos a los dilemas del Gobierno. Pagar el 2A, en el keynesianismo de guitarreada que impera en el país, sería reactivar la demanda interna nacional. No importa si mucha de esa plata se va fuera del Bolivia, porque  al hacerlo mueve el comercio. Además, cae al pelo para enfrentar el shock de ingresos negativos que vive la economía boliviana debido a la reducción de los precios de las materias primas. Pero, por otro lado, hay dos problemas: 1) el déficit comercial se ahonda (importaciones mayores que exportaciones) y 2) las arcas públicas están vacías, el déficit público ya es de 6% del PIB. Pagar el 2D en el sector estatal es comprometer las finanzas públicas. 

 Ahora, también existe otro dilema de señal política: no pagar el segundo aguinaldo sería una prueba más de que la economía boliviana está en crisis y se daría razón a la camada de opinadores, opositores y otras hierbas malas; por lo tanto, tal vez sería mejor pagar el 2A endeudándose para seguir inflando la burbuja de consumo y dando la sensación de riqueza sin desarrollo. "Amor, me casqué el segundo aguinaldo”, pero quién cuenta algo tan burgués como la plata cuando se está haciendo la revolución.
 
Gonzalo Chávez A. es economista.  

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