Impuestos

Jaque neoliberal al Gobierno

Ahora que menguan los ingresos gasíferos, el Gobierno está abocado a “apretar las clavijas” del sistema tributario, señala Roca.
domingo, 14 de febrero de 2016 · 00:00
Miguel Antonio Roca  

Cuentapropista boliviano

El reciente problema de impuestos que tiene enguerrillado al transporte pesado frente al Gobierno, ha puesto de manifiesto que el sistema tributario boliviano está haciendo aguas.  

Mal acostumbrado a gobernar con las arcas llenas por los ingresos del gas, el gobierno del MAS no ha necesitado reflexionar sobre el sistema tributario que heredó de los que llama "gobiernos neoliberales”. No obstante, ahora que menguan los ingresos gasíferos, el Gobierno está abocado a "apretar las clavijas” del sistema tributario existente, el cual fue concebido hace casi 30 años para evitar el retorno de la hiperinflación y sostener el equilibrio fiscal, sacrosanto objetivo del más recalcitrante neoliberalismo que se impuso por encima del empleo, la salud, la educación, la producción, la justicia social o cualquier otro objetivo nacional.

Con intuición económica y sentido de la realidad, el sector del transporte ha propuesto eliminar el IVA, el IUE y el IT para convertirlos en un impuesto único al transporte. Es comprensible la negativa del Gobierno a la creación de un régimen especial para los transportistas, pero es menester recordar que en el pasado reciente se han suscitado protestas similares protagonizadas por los mineros, los agricultores, los constructores, los gremialistas y los microempresarios, para nombrar solo algunos. Cada una de esas protestas ha señalado motivos puntuales por los que el sistema tributario es inaplicable e injusto para su sector, motivando la exigencia de un régimen especial con alguna forma de "pago único”.

Es cierto que a nadie le gusta pagar tributos y que el Estado debe imponer dicho pago por la vía coercitiva (de ahí la palabra "impuesto”)  pero la teoría fiscal moderna señala que un sistema tributario debe cuando menos ser justo, eficiente, transparente, sencillo de administrar y flexible ante los fenómenos económicos, condiciones que nuestro actual sistema tributario está muy lejos de cumplir. Para empezar, el "impuesto al valor agregado” (IVA) es un invento alemán que se estrenó en 1964 en Francia. En las décadas siguientes se expandió con gran éxito a la mayoría de los países de Europa occidental, cuyas economías se caracterizan justamente por agregar valor en el proceso productivo. Es decir, el sistema del IVA fue concebido para el sector secundario (transformación de materias primas) y terciario (servicios) de la economía, que en países como Alemania y Francia representan más del 95% de su PIB, representando su sector primario menos del 2%. Lo revolucionario del IVA fue comenzar a cobrar un impuesto a la diferencia entre el ingreso y el gasto; es decir, al valor agregado en el proceso. En contraste, las cifras oficiales el INE para   2014 reflejan que la actividad extractiva primaria en Bolivia (agricultura, minería, explotación forestal, etc.) representa el 30% del PIB, en tanto el sector secundario tan solo el 18%. El restante 52% corresponde al sector terciario en el que  destacan su aporte la construcción, el comercio, transporte, servicios financieros y la administración pública. Lo anterior nos revela que en la mayor parte de la actividad productiva boliviana, no se cumple la teoría fundamental del IVA, puesto que la Pachamama no emite factura a los productores del sector primario y éstos a su vez -por lógica- se resisten a emitir factura por sus ventas al sector secundario y terciario, pues la carga impositiva resulta muy fuerte al no contar con el crédito fiscal de la Pachamama. El resultado es que dichos sectores se enfrentan al problema generalizado de no poder descontar sus gastos para efectos de liquidación del IVA y del IUE. A partir de este problema fundamental de diseño, la administración tributaria ha ido inventando parches ingeniosos pero poco eficaces como la "auto-facturación” para el sector minero o la retención del IT e IUE para regularizar el gasto no facturado. El hecho es que tenemos un sistema tributario que por diseño no es aplicable a la mayor parte de la actividad económica boliviana. Como bien lo han dicho los dirigentes del transporte en sus declaraciones a la prensa, nuestro sistema tributario "fue impuesto por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional” y al parecer el país lo aceptó más por ignorancia y flojera que por sumisión.

Otro gran despropósito de nuestro disfuncional sistema tributario basado en el IVA es pretender que todos los agentes económicos lleven una contabilidad formal y detallada para registrar el débito y el crédito IVA. Para ello es necesario tiempo, formación, equipos de computación y gastos, elementos con los que normalmente no cuenta un transportista, una vendedora del mercado, un artesano, un peluquero o el dueño de un taller de mecánica. Estudios diversos establecen que en Bolivia la micro y pequeña empresa son responsables de más del 90% de la generación de empleo, lo que significa que nuestro sistema tributario "Made in Europe”, excluye a la gran mayoría de los agentes económicos. En un país como el nuestro, en el que la mayoría de los bolivianos somos "cuentapropistas”, pues nos ganamos la vida trabajando por cuenta propia -como el pequeño empresario, el profesional, el transportista, el carpintero o la dulcera de la esquina-,  la tributación basada en el IVA es casi impracticable. Por lo tanto, si tenemos un sistema tributario que por diseño excluye a la mayor parte de la actividad económica de Bolivia y a la mayor parte de sus agentes económicos, no nos extrañemos que el universo tributario sea muy pequeño y que la recaudación fiscal sea insuficiente. Tampoco nos sorprendamos de que muchos sectores económicos, como el de los transportistas, protesten de la peor manera contra dicho sistema.

Se podría escribir muchas páginas dando cuenta de los sinsentidos y falencias de nuestro disfuncional sistema tributario. No obstante, los transportistas, al igual que otros sectores, han señalado el camino a seguir de una manera lúcida e intuitiva, propia de quien sufre a diario un gran problema: eliminar el IVA, el IT y el IUE para sustituirlos por un impuesto único. Sería bueno añadir que dicho impuesto único sea gravado sobre los ingresos brutos y que se tenga también un mecanismo que grave progresivamente las utilidades de las empresas y las rentas de las personas, y que además sea de aplicación  general, no solo sectorial. Es un tema muy complejo pero, sea como fuere, es imperativo contar con un sistema tributario "Made in Bolivia” para los bolivianos, que no nos quedemos con un resabio "neoliberal” (en el sentido oficialista) importado a mediados de la década de los años 80 por el Banco Mundial.

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