Análisis

Súbditos sí, ciudadanos no

Morales, García, sus acólitos y demás: súbditos, que no ciudadanos, sostiene Mac Lean.
domingo, 14 de febrero de 2016 · 00:00
Juan Cristóbal Mac

Lean E. escritor

Que eso es lo que quieren Morales, García, sus acólitos y demás súbditos, que no ciudadanos. García además, y como se recuerda, fue muy explícito: que aquí nadie esté pensando por su cuenta. El Gobierno no es ningún café ni sede de debates. Librepensadores ni pensar. Lo que tenían que hacer o "pensar” simpatizantes o masistas, es lo que se proclama, o se dice desde arriba o ya "pensó” la cúpula. En ese mundo, de tan perentorias reglas de sometimiento intelectual, los ciudadanos, la ciudadanía, simplemente no caben. Es que ya en sí misma dicha ciudadanía entraña su buena parte de libertad crítica. Y, a mayor libertad e inteligencia, el ciudadano, el que pretende ejercer su ciudadanía, tanto más examinará y evaluará las ideas o los hechos que se le ponen al frente. No remasticará a ciegas ningún eslogan ni consigna.

Los súbditos, en cambio, eso es justamente lo que harán: remasticar callados cualquier pienso intelectual que se les administre. Sorprende, en todo caso y tanto como las inolvidables palabras de García, el hecho de que ningún masista, ningún miembro del Gobierno, haya reaccionado airado ante semejante dislate disciplinario. Ninguno hizo saber públicamente su desacuerdo, ninguno renunció ostentosamente, en defensa de su honor intelectual. Todos con la cabeza gacha: no vaya a ser que pierdan la pega en el corral. Además, con el honor no se saca ninguna plata.

Y si en tantas cosas pareciera el MAS como un díscolo hijo natural del MNR, esto nunca es más claro que en el pongueaje político, practicado ayer por aquel partido, indigenista a sus horas, y hoy por Evo cuando sea que le cante. Pongueaje político se llama, simplemente, a subir pongos a camiones y acarrearlos a concentraciones, hacerles vitorear lo necesario y donde convenga. Es una práctica llevada a su apoteosis con los hermanos cocaleros, esos súbditos-pongos ideales. Como se sabe, cuando se les ordena asistir a concentraciones, es obligatorio que lo hagan. Según la necesidad que haya de mostrar masas marchando, ovacionando, se dispone entonces clavarles multas en caso de inasistencia, multas que pueden ser de 200 bolivianos, como cuando hubo ensordecedores bombos y platillos por una mera resolución, vagamente simbólica de la ONU sobre el estatuto de la coca. O de 400 bolivianos, como cuando, tirando por la ventana unos 6 millones de bolivianos (¡) arrancados a las arcas del Estado, Evo organizó un patético festival internacional de improperios, todo a raíz de un simple desliz en el abigarrado tráfico aéreo del Viejo Continente. Pero esas fueron sólo unas más de las múltiples pachangas, a las que con modos de nuevo rico se dedica con fervor.

Y si bien la tajante conminatoria de García a que se sometan y dejen de pensar sus partidarios iba dirigida en principio sólo a ellos, a sus "cuadros”, en el fondo se escuchaba un mensaje subyacente, veladamente amenazador y de preferencia para todos: súbditos sí, ciudadanos no. En el inminente referendo que se viene, cada cuál podrá elegir cómo quiere ser considerado.

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