Terrorismo

Bruselas: ¿cómo se combate un método?

Agudizadas las contradicciones, piensan los salafistas que los árabes ultrajados en las ciudades europeas se enrolarán en el ejército terrorista de IS.
domingo, 27 de marzo de 2016 · 00:00
Carlos Decker Molina
periodista
 
 La historia es lo que es: encarcelar de por vida a Galileo sólo por decir que la Tierra no era el centro del universo, porque en ella había nacido el hijo de Dios, es un ejemplo brutal de la sinrazón religiosa, es la misma iniquidad con la que explican sus actos los salafistas de IS (Estado Islámico en sus siglas en inglés).

Mis colegas árabe/suecos me ayudaron a leer Dabiq, una costosa y bien presentada revista de los salafistas, allí se puede  encontrar algunas de las explicaciones de la iniquidad de hace días.
 
Los salafistas tienen dos estrategias, una a corto y otra a largo plazo. La más cercana es la "venganza”. Los ataques en Bruselas se explican porque en esa ciudad cayó Salah Abdeslam uno de los jefes de una célula importante y autor del atentado en París. 
 
Además, en el pasado, Bruselas fue el corazón de los cruzados,  era la ciudad de al-Mamlaka al-Salibiya desde donde partían los cruzados contra el islam. 
 
Para los terroristas de IS, la simbología es muy importante (ojo por ojo, diente por diente), así se explica el ataque terrorista contra el avión ruso de pasajeros, fue una respuesta a la intervención de Putin en la guerra de Siria.  
 
El ataque a centros donde conviven, comparten y se divierten los miembros de la sociedad multicultural de Europa, el ejemplo es el ataque en París (otros en las playas y ciudades de países africanos y del Magreb) es producir la separación entre los buenos y malos musulmanes. Los buenos no pueden mezclarse con los impuros.
 
Finalmente, la estrategia más importante se basa en la experiencia aplicada por Abu Musab al-Zarkawi en Iraq. Los aliados árabes de EEUU (chiitas) fueron el objetivo principal de los atentados, lo que produjo la radicalización de las dos principales ramas del islam sobre todo la de los sunitas que aparecían como defensores de la "soberanía nacional”.
 
En tanto que los ataques en territorio europeo son para provocar la desconfianza, la ofensa, la suspicacia y finalmente la violencia estatal contra la población árabe en las ciudades y países afectados (aquí encaja, como anillo al dedo, el pensamiento de los  neonazis, ultraconservadores y la derecha fascista europea: "hay que echar a todos los musulmanes. No piensan como nosotros”).
 
Agudizadas las contradicciones, piensan los salafistas que los árabes ultrajados en las ciudades europeas se enrolarán en el ejército terrorista de IS.  Creen que es   una manera de engrosar sus filas y seguir su lucha en busca del paraíso musulmán, habida cuenta de que hay, no importa qué  tímidos esfuerzos para lograr la paz en Siria.  
 
Si la guerra del  Oriente Medio se traslada a las ciudades europeas se producirán dos efectos inmediatos: La victoria en las urnas europeas de partidos de la ultraderecha (todos los países sin excepción, incluidos los socialdemócratas nórdicos, acusan el mismo fenómeno).   
 
Y, el segundo efecto será el comienzo del fin de la sociedad democrática y abierta. 
 
Es una situación extremadamente peligrosa, difícil de entender y analizar porque tiene otras variables "menos importantes” en el plano periodístico, pero, que en el futuro puede doblegar países sin necesidad de enfrentar ejércitos. 
 
Hoy no hay turistas en Egipto, tampoco en Turquía, mucho menos en Libia. Muy tímida presencia extranjera en las playas de Túnez. Es una sangría económica terrible, que produce la desocupación cada vez mayor de miles de trabajadores; esos cesantes árabes son vistos con ojos de serpiente por los salafistas.
 
La guerra contra el terrorismo no tuvo el éxito esperado por sus gestores (Bush, Blair, Aznar). Los herederos de esos gestores no pueden usar la bomba atómica que no permite cambiar la historia sino acabarla. 
 
La solución tiene y debe ser política tanto de cara al interior de cada país como de cara al exterior. 
 
Los países árabes hasta ahora tranquilos espectadores, con la excepción de Jordania, deben ser convocados a la mesa de debate sobre el futuro, no sólo europeo sino el propio.  
 
Europa y el mundo democrático están en una grave disyuntiva. Será un largo proceso porque el enemigo no es una nación, tampoco una religión; es un método, un fanático desprecio a la vida y un culto a la muerte. ¿Cómo se combate un método?

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