Economía

Sobre La historia monetaria de Bolivia

La Historia Monetaria de Bolivia del BCB adopta las conclusiones de los apologistas del librecomercio y detractores de la primera etapa de la feble.
domingo, 10 de abril de 2016 · 00:00
Luis Antezana Ergueta
escritor
 
En años recientes la historiografía boliviana se caracterizó por la presencia de una nueva generación de historiadores, debiendo anotarse que la mayoría de ellos son mujeres que han producido valiosos libros, ensayos, etc.  Algunos de esos libros requieren observación, como es el caso del libro recién aparecido, titulado Historia Monetaria de Bolivia,  avalado y publicado por el Banco Central de Bolivia, en el primero de los cuales se encuentra una presentación de Marcelo Zabalaga, presidente de esa entidad, en la que indica que el libro fue preparado con base en previa recopilación de documentos por un equipo de nueve personas, fuentes que sirvieron para la redacción de la obra, la misma que también contó con la asesoría de autoridades, ejecutivos y servidores públicos del BCB.

Las personas que redactaron el tomo I de esta historia son reconocidas escritoras. Ellas son Carmen Beatriz Loza, María Clara López Ballivián y  Ester Ayllón Soria. Este tomo comprende cinco capítulos que estudia la etapa pre colonial hasta 1875. El capítulo V hace referencia a la moneda feble y el libre comercio y el proteccionismo en esa etapa.
 
En cuanto a la moneda feble la versión es deficiente, lo cual es más notable por tratarse de una publicación oficial pues, además, minimiza  el significado que tuvo esa moneda durante casi cinco décadas (1830-1872). Ese capítulo no hace referencia a aspectos esenciales para el conocimiento y evaluación de la importancia de la política monetaria iniciada en 1830, como ser el origen del dinero, sus funciones como medida de valor, medio de circulación, etc. Tampoco señala la importancia de la introducción de la moneda en el sistema económico  de la sociedad incaica y el Kollasuyo (hoy Bolivia) por parte de España, economía indígena originaria que no conocía el dinero y solo existía el intercambio basado en el trueque de productos. 
 
El libro no analiza por qué la Ley Monetaria de Bolivia sancionada por la Asamblea Constituyente y promulgada por Bolívar el 17 de agosto de 1825  constituyó la prolongación de la antigua política monetaria colonial cuya aplicación causó gran malestar entre la población que había luchado para su reforma. Asimismo, no hace referencia a que el presidente Sucre prolongó la práctica de esa ley, pese a que la  Constituyente, en octubre de 1826, discutió un proyecto para reformar la Ley Monetaria de 1825.
 
Si bien el libro hace referencia a Leonardo Ozio, quien en el folleto Proyecto para el fomento de la minería en Potosí propuso cambiar la ley de la moneda -sin recibir la atención del presidente Sucre que seguía la orientación monetaria de Bolívar-, no se refiere al proyecto de ley de reforma de la ley monetaria de Bolívar, que se presentó en octubre de 1826 en la Asamblea Constituyente y que luego de amplio debate fue rechazado por la mayoría conservadora de la misma. 
 
Tampoco hace referencia al estudio económico sobre la situación del país, escrito por el economista José María de Lara, publicado bajo el pseudónimo de El Aldeano y que se difundió en 1829, en el que critica la política económica colonial aplicada durante los primeros años de la vida republicana y, a la vez, refuta el libre comercio reinante desde principios del siglo anterior. Ese estudio fue conocido por el mariscal Santa Cruz, quien al asumir la presidencia designó  al autor de ese documento, el economista José María de Lara, como ministro de Hacienda para que ponga en práctica una nueva política monetaria que se aplicó durante los siguientes 50 años. 
 
Ese economista preparó la nueva política monetaria que con el título de Decreto de Emisión de Moneda Feble, dictado y firmado por el presidente Santa Cruz y el mismo ministro de Hacienda, J. M. Lara, el 1  de octubre de 1829, entró en aplicación por medio de la Casa de Moneda de Potosí.  El decreto estableció "que en la Casa de Moneda de Potosí se labre en lo sucesivo la moneda menuda desde un tostón abajo con la ley de ocho dineros justos, sin alterar la estampa que corresponde a cada clase”, destinada a la circulación en el comercio interior del país. Paralelamente, la ceca de Potosí continuó  acuñando moneda fuerte de diez dineros para fines del comercio exterior en las proporciones necesarias que requería el país. La moneda fraccionaria de menor ley fue bautizada como "moneda feble”.
 
La política monetaria aplicada a partir de 1830 no se limitó al gobierno de Santa Cruz, sino que continuó en los de Ballivián, Belzu, Córdova, Linares y Achá, pese a que estos dos últimos hicieron esfuerzos para eliminarla.
 
Esos años se acentuó la emisión de la feble, al caso que en el gobierno de Belzu  fue la única que circulaba. Aún más, su importancia creció a nivel continental y circulaba como única moneda en el sur del Perú, el norte de Argentina e inclusive algunas regiones de Brasil, donde su influencia hizo que las poblaciones que la utilizaban deseaban anexarse a Bolivia que gozaba de gran prosperidad. Este último aspecto fue  motivo por el que mineros y comerciantes coloniales relacionados con Inglaterra y que operaban en Valparaíso y Santiago de Chile, lanzasen una campaña contra la política económica iniciada en 1830.
 
El objetivo de la política económica impulsada por el Partido Rojo  también es poco estudiado. Para desarrollar la minería colonial y eliminar la industria, la agricultura nativas, etc., se impuso por medio de la prensa y publicaciones de los mineros de origen prerrepublicano, llegándose al punto que se produjo una notable polémica sobre política monetaria por medio de folletos y periódicos. 
 
El gobierno civil de Linares fue el primero y más interesado en eliminar la feble y establecer el libre comercio de pastas, pero la  resistencia pública no le permitió avanzar, pese a que aplicó una tiranía implacable. Para entonces, los "rojos” habían ganado posiciones y enseguida de eliminar (matanza del Loreto) a los seguidores de la feble y el proteccionismo, conquistaron a Melgarejo y lo llevaron al poder para que prepare el terreno para el dominio total de la política económica de los "rojos”.
 
Melgarejo aplicó una política monetaria anticrucista y emitió moneda feble aún de más baja ley, creó un caos generalizado y ese desprestigio fue extendido a la política monetaria de Santa Cruz y Lara. Para imponer el "nuevo orden”, Melgarejo compró una maquinaria a vapor para acuñar moneda y facilitó la creación de bancos privados, autorizados para emitir papel moneda. También facultó a numerosos bancos de Argentina emitir billetes bolivianos.
 
Melgarejo fue arrojado del poder por una insurrección del pueblo de La Paz (15 de enero, 1871), pero el nuevo gobierno quedó controlado por los "rojos”. El presidente  Agustín Morales no pudo contrarrestar el poder de la oposición colonial que le hizo aprobar, entre otros, el decreto de 1 de julio de 1872 de libre exportación de plata, medidas contra la feble y el proteccionismo. Cuando Agustín Morales  reaccionó contra esa imposición e hizo clausurar el Congreso, fue asesinado. A  partir de esa ley, Bolivia dio un viraje de 180 grados.
 
Siguiendo esa escuela, esta Historia Monetaria de Bolivia del BCB adopta las conclusiones de los apologistas del librecomercio y detractores de la primera etapa de la feble; desconoce la polémica entre los economistas de entonces sobre la cuestión monetaria; se suma a las sesgadas definiciones de Casto Rojas, Benavides, Arguedas y sus seguidores consolidando  la  falsedad y el error. El libro no considera que la feble convirtió a Bolivia de Colonia en Nación y que esta cambió del contenido comunitario y feudal al democrático (capitalista). Tampoco indica que  Bolivia se convirtió en potencia económica, política y militar a nivel continental y prestigio mundial e hizo subir el crecimiento económico del país de menos cero a alrededor de 6%.
 
Se puede concluir que la política monetaria del gobierno de Santa Cruz y el proyecto de Lara no deben ser considerados a través de puntos de vista teóricos, sino evaluados por sus resultados prácticos. Sólo la práctica permite afirmar si una teoría es correcta o no. El éxito de esa política monetaria fue innegable y debería ser debidamente evaluada por una publicación oficial.

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