Política

Perú en el entretiempo

En todo caso, y tal como ocurrió en las elecciones de 2006 y de 2011, los peruanos van a votar en junio por “el mal menor”, sostiene Herrera.
domingo, 17 de abril de 2016 · 00:00
Luis Herrera
Internacionalista
 
La duda no era quién iba a ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Perú. Según todas las encuestas previas, la candidata Keiko Fujimori había mantenido por meses una imperturbable y confortable intención de voto de poco más de un tercio de los sufragios. 

Lo que no estaba del todo claro era quién resultaría segundo, acompañándola así en el balotaje que tendrá lugar el día 5 de junio próximo.
 
Ahora ya sabemos que se trata de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), un tecnócrata, ex primer ministro, exfuncionario del Banco Central y del Banco Mundial, y conocido lobbysta empresarial de 77 años, que obtuvo el 21% de los sufragios. Poco más atrás, en tercer lugar, quedó la juvenil Verónika Mendoza, con 19%.
 
Keiko se enfrenta a un dilema difícil de resolver. Representar y distanciarse de su padre, al mismo tiempo.
Es innegable que el grueso de su apoyo proviene del legado político de su padre, condenado actualmente a 25 años de cárcel por corrupción y otros graves delitos contra los derechos humanos. Precisamente, su famoso apellido es lo que le asegura a Keiko el voto "duro” del fujimorismo. 
 
Prueba de ello es que Martha Chávez, viejo cuadro y abanderada oficial de ese partido el 2006, solamente obtuvo un 6% de los votos en la elección de ese año (que ganó finalmente Alan García Pérez), mientras Kenji Fujimori, hermano de Keiko, aparece hoy como el candidato al Congreso de lejos más votado del Perú (casi 530 mil votos).
 
La base electoral histórica del fujimorismo -un populismo de derecha de origen autoritario- se nutre de los objetivos logros de Alberto Fujimori, fundamentalmente en la lucha contra el terrorismo senderista y en la estabilización económica, y cuenta con segmentos de la población o grupos de interés con alta capacidad de movilización social.
 
Sin embargo, el poderoso bolsón de votos antifujimorista que asciende, según algunas encuestas, a casi el 50% de la intención de voto en el Perú -exacerbado recientemente por masivas marchas anti-Keiko- se constituye para ella en un fantasma preocupante, que claramente la obligará a intentar desmarcarse, en la percepción ciudadana, de lo menos atractivo del agobiador pasivo político-familiar que mantiene a su progenitor en la cárcel. 
 
Paradójicamente, ese aconsejable distanciamiento (que pasa por expresar una posición crecientemente crítica al gobierno de su padre, en el que ella ostentó a sus 19 años el cargo oficial de Primera Dama) tiende a también socavar una parte no menor de sus bases más tradicionales de apoyo.
 
No la va a tener fácil
 
Probablemente, sus estrategas electorales habrían preferido competir contra Verónika Mendoza en el balotaje. A sus 35 años, Mendoza representaba una opción de izquierda socialista muy clara y explícitamente definida, incluso incluyendo en su programa el convocar a una asamblea constituyente para reemplazar la que se dictó bajo el gobierno de Alberto Fujimori en 1993. 
 
Habiendo crecido meteóricamente en tres semanas desde menos del 2%, obtuvo sorpresivamente la tercera posición, con un no despreciable 19% de los votos. Una definición de segunda vuelta entre Keiko y ella habría terminado inevitablemente siendo una contienda entre modelos políticos y económicos diametralmente opuestos. 
 
Pero hay que tomar en cuenta que Perú es un país tradicionalmente conservador, que aún recuerda y rechaza las peores épocas senderistas y donde buena parte de la población mayor reprueba los cuestionables "experimentos sociales” del general Velasco Alvarado a comienzos de los 70. 
 
Así, es casi inevitable que la continuación y profundización de los agresivos insultos en contra de Mendoza (quien, ya durante la reciente campaña, y especialmente en las redes sociales, fue tildada insistentemente de "roja”, terrorista, chavista, comunista, etc.) habría tenido un impacto innegable en el resultado final, compensando significativamente el efecto del fuerte antifujimorismo ya mencionado.
 
Dados los resultados finales, ninguno de los dos contendores que van a balotaje por la Presidencia cuestiona el modelo económico vigente. En verdad, los programas de ambos tienen más semejanzas que diferencias. Así, es muy posible que el debate de propuestas sea soslayado y termine lamentablemente centrado en acusaciones y guerra sucia.
 
PPK representa la derecha más tradicional, principalmente limeña. Respaldado por las encuestas, aprovechó la reciente campaña para posicionarse como el único candidato que podría ganarle a Keiko Fujimori en la segunda vuelta (a pesar de haber llamado a votar por ella en la segunda vuelta de 2011). Si logra encauzar
funcionalmente el antifujimorismo puede efectivamente ganar, aunque aún debe conseguir el voto de la izquierda y de otros que no votaron por él en la primera vuelta. 
 
El votante antifujimorista tiene en este momento el apoyo a PPK o la anulación del voto como opciones. PPK tendrá que hacer algunas concesiones visibles que, sin cuestionar la orientación económica si sale elegido, se focalicen más en temas transversales (como el medio ambiente) y en la capacidad ostensible de sus equipos humanos, incluyendo los ministros clave que proponga. 
 
En todo caso, y tal como ocurrió en la elecciones de 2006 y de 2011, los peruanos van a votar en junio por "el mal menor”.

¿Qué se viene para el Perú?
 
En una hipotética victoria de Keiko Fujimori en segunda vuelta, su gobierno contará con el control del Ejecutivo y del Legislativo. Pero incluso si no ganara la Presidencia, el fujimorismo queda en una posición prácticamente de co-gobierno, con sus probables 66 congresistas de un total de 130. Ilustrativamente, presidentes como Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala gobernaron con un Poder Legislativo en oposición, al menos nominalmente
Los derrotados de la jornada fueron sin duda Alan García, Alejandro Toledo y Lourdes Flores, con sus respectivos partidos. Con ellos se termina quizá una generación de políticos del siglo pasado.
 
Por su parte, a través del Frente Amplio, Verónika Mendoza ha devuelto a la izquierda -tanto tiempo errática y desunida- la capacidad potencial de ser una fuerza política relevante, algo que no era desde hace mucho tiempo.
 
Tiene ahora una bancada propia de una veintena de congresistas relativamente cohesionados y motivados. Es una "nueva izquierda” cuya flamante rearticulación en el Perú parece ser más consecuencia que causa del vertiginoso ascenso de Verónika Mendoza. Y ella misma se convierte en una potencial candidata alternativa para tomar muy en cuenta para el año 2021.

Confidencial

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