Matasuegra

Sobre el toque de queda

domingo, 17 de abril de 2016 · 00:00
Willy Camacho
escritor
 
El presidente Evo Morales volvió a sorprender a la ciudadanía con una declaración que, en un inicio, me pareció poco afortunada. Don Evo afirmó que algunas madres le habían dicho que sería bueno instaurar el toque de queda para enfrentar el problema de la inseguridad. Específicamente, de la inseguridad de los jóvenes, quienes empiezan su "previas” muy tarde y, por ende, regresan a casa recién a las cinco de la mañana, hora en que son blanco fácil de delincuentes y pandilleros, si es que no son la misma cosa.

Digo que me pareció desafortunada en un inicio, porque, honestamente, esperaba que la ciudadanía en su conjunto se pronunciara contra un despropósito semejante: ¡instaurar el toque de queda! Sin embargo, me estoy dando cuenta de que gran parte de la gente no solo se muestra indiferente, sino que hasta apoya la idea de retomar medidas de la época dictatorial.
 
En diversos medios de comunicación se abrieron los micrófonos para que los ciudadanos expresen su opinión al respecto, y contra todo pronóstico (bueno, al menos contra el mío), se escucharon voces de apoyo al toque de queda insinuado por Morales, especialmente de señoras preocupadas por la conducta de sus hijos.
 
Comprendo que muchas madres y padres de familia vivan horas de angustia cada vez que sus hijos salen a festejar con los amigos, pero, y con todo respeto, ¿acaso no es su deber y su atribución imponer un horario de salida y llegada al hogar? ¿Si es que sus hijos los han rebasado, si ningunean su autoridad parental, consideran que eso es motivo para que todos los bolivianos suframos un recorte en nuestras libertades constitucionales?
Este asunto me hace recordar lo que hace casi tres años ocurrió en La Paz: la propuesta del entonces concejal Guillermo Mendoza de normar el horario de las fiestas de 15 años (imponiendo un límite a la finalización de éstas). En esa época también manifesté (en este mismo espacio) que, para mi sorpresa, lejos de rechazar la idea, muchas personas se pronunciaron a favor de dicha iniciativa, quizá porque, dado el clima de inseguridad general que atraviesa la sociedad, se dejaron seducir por los fines que, según Mendoza, se lograría con la medida.
 
Asimismo, en ese matasuegrazo, cual lengua de brujo, dije que no faltarían quienes lleven la iniciativa de Mendoza un poco más allá, sugiriendo que no solo se limiten las fiestas de 15 años, sino toda fiesta de adolescentes. Y fui más agorero aún: "Felices los padres, aplaudirían el ‘toque de queda’; Mendoza y compañía ganarían puntos para futuras elecciones. Y ya que la población los apoya, ¿por qué detenerse ahí? La inseguridad no afecta solo a la juventud, es un problema que no respeta edades, entonces, ¿por qué no limitar también el horario de matrimonios, prestes y cualquier otro festejo de gente adulta?”.
 
Como todos sabemos, pocos meses después, el propio alcalde Revilla aprobó una ley municipal  prohibiendo que las fiestas de adolescentes, en general, se extendiesen más allá de la medianoche. Y ahora, surge el Presidente con esta loca idea del toque de queda.
 
El matasuegrazo de hace tres años tenía un evidente tono humorístico, irónico. No obstante, yo quedé con los crespos hechos cuando la realidad me demostró que nuestras autoridades, con tal de ganar votos, son capaces de explotar la irracionalidad de  padres de familia genuinamente preocupados.
 
En este sentido, creo que no ha sido tan desafortunada la declaración del Presidente, pues comienzo a sospechar de que se trata de un gesto calculado, siempre buscando conmover y provocar las pasiones íntimas del pueblo. Pero, malpensado como soy, me parece que don Evo no está tan interesado en la seguridad de imberbes trasnochadores, como en la posibilidad de utilizar el toque de queda cuando haya presión social contra su gobierno, y mejor aún, con apoyo ciudadano.
 
Y llama la atención que no haya habido, hasta ahora, pronunciamiento fuertes contra estas declaraciones. Los artistas, por ejemplo, ¿por qué no se manifiestan? No solo porque se trata de una amenaza contra los derechos de todos, sino también porque, de concretarse esta locura, ellos serían los primeros perjudicados (el toque de queda limitaría horario de actuaciones e incluso podría limitar el número de personas que pueden reunirse en un boliche).
 
El pasado fin de semana, el legendario Bruce Springsteen canceló el concierto que debía dar en Carolina del Norte (EEUU)  en protesta contra las denominadas "leyes del baño” aprobadas en ese estado. Para el veterano rockero y miles de otras personalidades y activistas, esta ley, que determina cuáles baños pueden usar las personas transgénero, "también ataca el derecho de los ciudadanos LGBT a demandar cuando sus derechos humanos son violados en sus fuentes de trabajo”.
 
En nuestro país, sin embargo, los derechos de la comunidad LGBT son pisoteados constantemente sin que ningún artista realice una protesta semejante. Sin ir tan lejos, vemos cómo los discapacitados han sido obligados a marchar hasta la sede de Gobierno, pero no hay un colectivo de artistas que le haga saber su indignación al señor Evo Morales. Claro que en época de campaña, muchos artistas aceptan dinero albiazul y aparecen apoyando candidaturas oficialistas sin ninguna vergüenza.
 
Ya no me tomo lo del toque de queda en son de broma, pues sé de lo que son capaces nuestros gobernantes, y fundamentalmente  estoy consciente de cuán indiferentes podemos ser todos ante anuncios como el realizado por el Presidente. 
 
Si a esto le sumamos la poca conciencia de los artistas nacionales, o quizá su falta de unidad a favor de intereses superiores, creo que la "jodita” de don Evo pronto podría convertirse en realidad.
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