Brasil y Dilma, ¿qué está en juego con el impeachment?

Es la segunda vez en que se da un juicio político en Brasil. El primero tuvo lugar a principios de los 90 y fue por un escándalo de corrupción. El actual proceso contra Rousseff es más político que judicial, sostiene la investigadora Fernanda Wanderley.
domingo, 24 de abril de 2016 · 00:00
Pablo Peralta Miranda
periodista
 
Primer titular: "Lula da Silva deja Brasil en la cima del liderazgo mundial”. Segundo titular: "Diputados de Brasil aprueban juicio político contra Rousseff”.
 
El primer encabezado fue difundido en diciembre de 2010. El segundo, este mes. Ambos retratan la travesía que experimentó la política en Brasil. 
 
Cuando Lula dejaba el poder, lo hacía como uno de los 25 líderes  más influyentes del planeta, según la revista estadounidense Time. Entonces fue destacado por medios como  El País, de España, y Le Monde, los que lo eligieron como la personalidad del año 2009.
 
Dilma, su sucesora, llegó a ser considerada por Forbes, en 2012,  como la mujer  latinoamericana más poderosa del mundo. Sin embargo, hoy con ese poder en crisis  está siendo conducida por el Congreso de su país a un "proceso de impeachment”. ¿Qué pasó? 
 
"El proceso de impeachment de la presidenta Dilma Rousseff es más político que judicial”, explica la investigadora Fernanda Wanderley.  
 
Esta especialista considera que el juicio político está relacionado a dos crisis simultáneas: 1) la  política, desencadenada por los casos de corrupción en Petrobrás, entre otros;  y 2) la  económica, desencadenada por la caída de los precios internacionales de los recursos naturales, la mala gestión económica y la crisis fiscal que se reflejan en la subida del desempleo, el cierre de empresas, en el derrumbe de los sistemas de salud y educación.

Collor de Mello, precedente 
 
El juicio político contra Rousseff  tiene un antecedente en Brasil. A principios de los años 90, el expresidente Fernando Collor de Mello fue sometido a ese procedimiento  debido a un escándalo de corrupción.
 
"En Brasil se han dado dos procesos en los últimos 30 años. Hace 20 años,  con Collor de Mello, cuando se procede a este proceso de cesación y el presidente Collor de Mello, un día antes de que  la Cámara de Senadores lo cese, renunció”, explica Gonzalo Montenegro, exembajador de Bolivia en Brasil. 
 
Montenegro  recuerda que entonces  hubo una  sucesión lógica y el vicepresidente Itamar Franco asumió el cargo. "Luego vinieron  las elecciones normales y continuó  el proceso democrático”.
 
No obstante, pese a la renuncia de Collor de Mello, el Senado siguió adelante con el proceso de impeachment  y al final fue declarado culpable. El expresidente perdió todos sus derechos políticos por ocho años.

El proceso y legitimidad  
 
El 17 de abril, tras dos días de debate, la Cámara de Diputados del Congreso de Brasil aprobó la solicitud de juicio político contra Rousseff, con más de 342 votos a favor de la medida. Ahora, el proceso está en manos del Senado y deja a la Presidenta al borde de la destitución. La Jefe de Estado es acusada de violar normas fiscales y "maquillar” el déficit presupuestario que vive en la actualidad  Brasil,  según los cables de noticias.   

Sin embargo, en el  juicio contra Dilma la legitimidad del proceso está cuestionada. Un reciente reportaje de la BBC de Londres estableció que "en el Congreso de Brasil, que se apresta a definir si la presidenta Dilma Rousseff debe ser destituida, buena parte de los 594 miembros registran cargos y condenas contra ellos mismos en los tribunales, incluso por lavado de dinero o tortura”.
 
Ese medio de comunicación estableció que  "esas manchas alcanzan a 59% de los congresistas”, según datos de la ONG  Transparencia Brasil. 
 
Al respecto,  Wanderley considera que "desde el punto de vista de la legitimidad de este proceso, existen serios cuestionamientos”. La investigadora agrega que "el principal se refiere a que el Congreso, que tiene la potestad para determinar el alejamiento de la Presidenta, está compuesto por más de la mitad de diputados y senadores involucrados en los actos de corrupción”.
 
Hay quienes calificaron el juicio político contra Dilma  como un "golpe de Estado”. El presidente Evo Morales fue una de las voces que se pronunciaron en defensa de la mandataria.  "Expresar toda mi solidaridad con la compañera Cristina, Lula y Dilma, que defienden la democracia, las transformaciones pacíficas de los países vecinos”, dijo el Jefe de Estado  a principios de este mes. 
 
Una pregunta que sale a relucir es ¿qué está en juego ahora?   "Lo que está en juego en este juicio es la democracia brasileña. La crisis política no comienza y termina con el Partido de los Trabajadores. Pese a que es el responsable principal, todos los partidos políticos están involucrados”, responde Wanderley. 
 
Esta especialista, al igual que   Montenegro, centra su análisis en  el asunto de fondo. "La cuestión más importante es si Brasil saldrá de esta crisis con una reforma profunda de su sistema político y de su institucionalidad democrática o si la salida de la presidenta Dilma Rousseff servirá para la manutención del status quo del sistema político”, considera la investigadora Wanderley.

"Lo que a mí más me preocupa es el post Dilma Rousseff”, expresa Montenegro. Agrega que de acuerdo a la Constitución de ese país,  quien le sucedería a Dilma, si   es destituida  es  el vicepresidente Michel Tamer, sobre quien  pesan numerosos  cuestionamientos; en la  línea de sucesión queda el presidente del Senado, que también tiene bajos niveles de aprobación, según el diplomático.
 
"Entonces, es un proceso bastante complicado. Yo quiero pensar en positivo, porque nos interesa como bolivianos que sea un proceso de catarsis política y que Brasil, su democracia y su economía  salgan fortificados”, afirma Montenegro.

La justicia y los avances
 
El tema también abre dos puntos de análisis respecto a las instituciones y medidas sociales. Por un lado  está el aspecto referente a la independencia que está mostrando la justicia de Brasil; y, el  otro,   la esfera de los avances en materia social. 
 
Sobre el primer tema, el exembador en Brasil, Montenegro, considera  "qué valioso es el comportamiento del Poder Judicial. Un Poder Judicial  independiente, que sigue el juicio. El famoso abogado Sergio Moro  es un joven de 40  años, que es el que lidera estas investigaciones de corrupción”.
 
"Creo que es una demostración de que hay una nueva generación en Brasil que quiere ver un país desarrollado, una sexta potencia mundial que tiene que entrar por las vías de institucionalización, del control de la corrupción, de una legislación anticorrupción”, agrega Montenegro. 
 
Sobre el segundo aspecto, la investigadora Wanderley afirma: "También preocupa el giro a una agenda conservadora que ponga en jaque los avances logrados en materia de derechos laborales, de la agenda de igualdad de género, de los derechos de la comunidad LGBT y de la inclusión social. Se ha visto el domingo a un Congreso  muy conservador, con discursos religiosos y retrógrados que marca el rumbo que tomará el nuevo gobierno que asumirá con la salida de la presidenta Dilma”.
 
Punto de Vista
Pablo Stefanoni
Periodista 
 
"Considero que hay dos tipos de ingenuidad” 

Hay dos tipos de ingenuidad. La que cree que todo es conspiración (cualquier conflicto, desde una marcha barrial hasta un paro policial, es manejado desde una mente imperial omnisciente) y la que cree que nada es conspiración o que las conspiraciones no importan. 
 
Brasil es un ejemplo de conspiración eficaz sobre la base de una movilización social con varias dimensiones, gran parte de ella contra el gobierno (gobierno que no me parece ninguna panacea popular). 
 
Básicamente el impeachment parece una conspiración de derechistas y oportunistas. Como señaló el Secretario General de la OEA, Brasil no es un régimen parlamentario para que baste una mayoría para echar al presidente; el impeachment es un juicio, aunque la palabra juicio junto a político no pueda juzgarse de manera puramente juridicista (como insisten quienes dicen "pero si el parlamento tiene la atribución”). 
 
En este caso, se trata de  un golpe/conspiración reaccionario/a. La sesión fue una farsa absoluta, política y estéticamente; una vergüenza para la democracia. La jueza venezolana también tenía atribuciones para condenar a López en Venezuela y muchos consideramos que no fue un juicio justo. Lamentablemente, muchos "demócratas” que cada día señalan las deficiencias republicanas de los gobiernos "populistas” (muchas veces con razón) se olvidan de su vara cuando forzar las instituciones los beneficia... es un republicanismo à la carte... #golpeEsGolpe? aunque sea con apellidos, blando, institucional, etc... (Tomado de Facebook)

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete. 

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día. 

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

Comentarios