Feminismo

Dilma y Andrea

Patiño critica el pronunciamiento de un encuentro de periodistas con visión de género que destacó a Dilma Rousseff y Andrea Aramayo como símbolos.
domingo, 24 de abril de 2016 · 00:00
Jorge Patiño Sarcinelli
matemático y escritor
 
Ha sido publicada  recientemente una nota que da cuenta del 6º Encuentro Internacional de Periodistas con Visión de Género realizado en Barcelona, España. Fue un encuentro de cierta importancia que ha reunido, según reporta la nota, a "157 profesionales de la información provenientes de 27 países de cuatro continentes”.
 
Sin duda hay temas que justifican este tipo de reunión. La agenda de género, si bien ha hecho importantes avances en las últimas décadas, enfrenta todavía desafíos formidables. Como si la violencia y la desigualdad prevalecientes en todo el planeta no bastasen, las mujeres son las víctimas de historias de horror cotidianas; y la prensa debe jugar un papel en la lucha contra estas injusticias.
 
La nota no reporta sobre el contenido de los debates que bien podemos imaginar que cubrieron temas de trascendencia, pero informa sobre el pronunciamiento de apoyo a tres mujeres. La lucha por las reivindicaciones femeninas es amplia y con baluartes y mártires de innegable valor. Por ejemplo, las funcionarias del grupo Nazra, de estudios feministas en la Universidad del Cairo recientemente arrestadas, o la periodista Anabel Flores Salazar, asesinada hace pocos meses en México, que sigue siendo uno de los lugares del mundo donde más coraje se necesita para ser periodista. Al-Monitor ofrece una lista de 16 periodistas mujeres que trabajan en el
Medio Oriente, otra región donde es necesario coraje para el ejercicio de la profesión. 
 
También hay candidatas a recibir distinciones cerca de casa; por ejemplo, María Galindo, cuya candidatura a defensora del pueblo cuestioné, pero que es alguien cuyos méritos en la lucha valiente por la agenda femenina son innegables y sin parangón. (Y ya que estamos mencionando nombres dignos de recuerdo, este año se cumplen 10 años del asesinato de Anna Politkovskaya, una de las periodistas más valientes de la era moderna). 
 
Con una colección tan amplia de periodistas y mujeres que han luchado, y algunas muerto, en la lucha por las reivindicaciones feministas, la selección que hicieron las participantes del Encuentro debe haber sido muy difícil, pero los resultados de esa compleja tarea son realmente sorprendentes. 
 
En primer lugar, reporta la nota, nombraron a Dilma Rousseff, la actual presidenta de Brasil, que como se sabe enfrenta un proceso de destitución. Hay razones para defenderla y condenarla, pero los hechos que no están en discusión son  que cuando ella fue presidenta  del directorio de Petrobras pasaron debajo de sus narices miles de millones de dólares de corrupción, que la campaña que la llevó a la reelección fue financiada en parte por dineros sucios, y que cuando su mentor Lula da Silva fue acusado de recibir como regalito de una constructora un departamento, ella no tuvo mejor idea de nombrarlo ministro para protegerlo. Si hizo esas cosas por lela o por corrupta, no lo sé, pero ninguna de las dos opciones dice bien de ella. 
 
Por otro lado, no se sabe que Dilma haya hecho algo especial por la agenda del feminismo y menos por el periodismo. De hecho, la única razón aparente para ese reconocimiento del Encuentro es haber nacido con cromosomas XX, y haber militado en un partido de izquierda, al que le hizo el flaco favor de hacerlo quedar peor de lo que ya estaba. En lugar de defenderla, la izquierda debiera estar indignada porque una vez más se defraudan ilusiones.
 
La segunda mención del Encuentro ha recaído sobre Andrea Aramayo; sí, nuestra Andrea Aramayo, la muchacha que murió trágicamente hace ocho meses en circunstancias que por terrible que parezca no se terminan de aclarar. Hasta donde se sabe, ella era una buena hija, madre, funcionaria y amiga, pero no se sabe que ella hubiese hecho nada relevante por la agenda feminista; y por la periodística su único mérito es haber sido hija de una reconocida periodista cuyas amigas estaban en el Encuentro.
 
Por lo antes dicho, podría creerse que la nota que comento critica la sorprendente selección antes referida. Pues, no; en realidad, la autora reporta dichos nombramientos con mucha satisfacción. Es sin duda notable que se quiera convertir a Andrea en mártir mundial de la causa feminista, y su elección dice mucho de la dinámica propia de estos encuentros. 
 
Habría que ser muy insensible para no entender el dolor de una madre y de sus amigas ante la pérdida trágica de una hija. Es normal que ese dolor venga instintivamente con una búsqueda de un castigo para el causante de ese dolor. Es también comprensible que, conociendo como opera la justicia en este país, se tema que la justicia obre influenciada por el dinero, y que se quiera anular esa influencia con presión política y mediática. 
 
Sin embargo, aunque comprenda esos sentimientos de dolor e indignación, no entiendo ni justifico que en nombre de ellos, personas respetables se empeñen en una condena por encima incluso de límites éticos que esas mismas personas no se atreverían a violar en otras ocasiones. No es comprensible ni justificable que amparados en ese dolor se quiera tomar la justicia en las manos, como en un linchamiento.
 
El grupo de activistas se ha propuesto hacer de William Kushner una bandera de lucha. Hay decenas de feminicidios, recientes incluso, con todas las características de crueldad y alevosía que han hecho que tales crímenes merezcan los 30 años de cárcel que la ley establece para ellos. No es el caso de un confuso accidente de tránsito, donde el acusado es al parecer culpable de dirigir sin licencia y en estado de ebriedad. Si hubiese ocasionado una muerte, aunque sea involuntariamente, debería ir a la cárcel, pero no por un feminicidio fabricado. 
 
Es dudosa la actitud de algunas personas que están haciendo todo a su alcance para lograr esa tipificación, usando autopsias para alegar resultados que éstas no sustentan, negándose a entregar informes que desvirtúan su tesis, y acudiendo a las chicanas legales que nuestro sistema pone a disposición. El grupo que ha tomado como causa la condena de Kushner dice que lo hace porque Andrea simboliza una causa. Más parece una elemental sed de venganza, o lo que es sicológicamente curioso, por no perder una pelea en la que se han metido. Si inicialmente esto podía haber sido comprensible, cuando el fin buscado es la destrucción de otra vida, ya no lo es.
 
La nota reporta con "orgullo” que una compatriota periodista fue nombrada para el nuevo grupo coordinador del Encuentro. No es mala noticia, claro, pero podremos sentirnos de verdad orgullosos cuando termine su gestión con logros. Por lo dicho, hay mucho por hacer.

Confidencial

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