Debate

Los que nos representan, nos sustituyen

Sé que si soy inhabilitada lo seré porque soy incómoda, lo fui mediáticamente porque soy capaz de despertar ilusiones hasta en las muertas, dice María Galindo.
domingo, 24 de abril de 2016 · 00:00
María Galindo
miembro de Mujeres Creando
 
Estoy en el "palacio de la revolución”, bautizado como palacio porque el imaginario del Estado monárquico -tan propio de una mentalidad colonial- en Bolivia no ha sido superado. He venido ya varias veces a la comisión mixta encargada de recibir, cernir, depurar, manosear, las listas de los y las postulantes al Defensor del Pueblo. La oficina de atención es cómoda, aunque pequeña. Hay cuatro escritorios todos con pantallas planas, alfombra y hasta estufa. Cuelga de la pared, en el mes de abril, un almanaque producido por la embajada de los repudiados EEUU donde figura una gran foto de Álvaro García Linera, quien,  en su impecable terno gris, posa con unas estudiantes de colegio en el simulacro de estar sembrando un árbol. La sala contigua es la del presidente de la comisión ocasionalmente utilizada. Esa sala  es grande y lujosa, con televisión incluida. Varios sillones donde repantigarse y un escritorio donde visiblemente no se ha desplegado trabajo alguno. Todo ese conjunto habla por sí mismo; ¿necesitan estos honorables gastar millones en otro edificio de lujo además de todos estos que ostentan? Lo que es inobjetable es  que la mano de obra real son los técnicos, subtécnicos y demás trabajadores de la comisión. Una de ellas ha tenido la osadía de poner un florero con las ilusiones que le regalé el día de mi postulación. Son gente joven, amable y muy temerosa, todo se lo preguntan al jefe y ¡cómo no¡ Si en el Ministerio de la Presidencia el que está preso es el chofer, cómo no tener miedo... Yo, mientras les pregunto cosas, les entiendo por eso nuestra relación es tensa pero amistosa. 

En esta postulación a partir de la apertura de sobres todo es turbio, mientras escribo estas líneas no sé si estoy inhabilitada; aunque se han encargado desde la comisión de colocarme esa etiqueta en el primer segundo.
 
Estoy de hecho en la comisión exigiendo presentar la subsanación a un documento como lo están haciendo muchos. Me encuentro con un viejo amigo de la época de la dirigencia estudiantil, Liborio Uño, otro iluso como yo, pero muy cercano al MAS a quien no solo le reciben de inmediato la subsanación, sino que incluso la comisión le ha llamado para que rectifique la entrega de su libreta militar. Increíble, pero cierto. 
 
Sé que si soy inhabilitada lo seré porque soy incómoda, lo fui mediáticamente porque soy capaz de despertar ilusiones hasta en las muertas, porque mi postulación ha generado lo que los masistas matan todos los días: expectativa social. Si me inhabilitan en esta primera fase presentaré de inmediato una Acción de cumplimiento de la Constitución a cuya audiencia planeo convocar al enojo popular, a la rabia y la rebeldía popular frente a todo este manoseo. Si no llegara a ser depurada en esta fase lo seré en la siguiente, pase lo que pase. Me he presentado consciente de ello;  en esta postulación soy  una suerte de termómetro de medición del manoseo en la elección de la cartera del Estado más importante en lo que a derechos humanos se refiere. 
 
Vine cargada de ilusiones que se van marchitando con el trajín de los días y que no tengo tiempo de reponer. Soy la única que ha presentado un plan de trabajo, lo sé porque tengo gente que me quiere hasta bien adentro y que me pasa los chismes no tanto como acto conspirativo, sino para ponerle llajua y divertimento a la vida.
Mi plan de trabajo es simplemente urgente, es simplemente claro y creativo aunque lo tiren al basurero es necesario y eso no lo pueden tapar con un dedo. 
 
Hay que crear una plataforma estatal de familiares de víctimas de feminicidio porque en Bolivia hay una masacre a la libertad de las mujeres. Desde la promulgación de la ley hasta la fecha se han matado a 302 mujeres de las cifras oficiales, sin contar con aquellas que no llegan a ser ni siquiera una cifra. Del total de los 36 casos ya registrados este primer semestre del año, hay solo dos con sentencia aunque muchos fueron en flagrancia. Se trata del impacto de la impunidad que el Estado garantiza. Estoy en la postulación para imprimir mi huella  con la sangre de esas mujeres cuyo terror me circula por el cuerpo. Quiero dejar claro que ese es un problema de Estado, que ese es un problema de derechos humanos y no un crimen de particulares donde el Estado no tiene nada que ver. 
 
Urgentemente hay que frenar el terrorismo tributario del Estado que no da derecho a la defensa y que nos estrangula cada día con multas, clausuras y cobros que nos niegan el derecho a la defensa y la subsistencia.
Nuestros exiliados y exiliadas tienen que dejar de ser parias, tienen que tener un país que les respalde allí donde les lleva la vida a buscar la subsistencia.
 
Caer en la cárcel en Bolivia no puede seguir siendo caer en las manos de la mafia policial.
 
No puede ser que los orfanatos sean centros para negociar a los niños y niñas y para sembrar en sus cuerpos violencia y abuso. No puede ser, no puede ser.
 
No puede ser que ser hombre en Bolivia quiera decir en el siglo XXI, aprender a matar al prójimo, no puede ser que quiera decir dejarse maltratar y abusar por generales, coroneles y sargentos. La libreta militar es clasista y racista porque un García Linera puede comprar la excepción como lo hizo el senador Murillo ambos de la misma estirpe de clase, mientras los Mamanis y los Aymas sí van al servicio simplemente porque son indios.
 
No puede ser que las transexuales, por serlo, dejen automáticamente de ser bolivianas y que el debate y la promulgación de la ley de identidad de género que es inofensiva, esté postergada indefinidamente porque a los obispos les ofende y a los políticos no les interesa. 
 
No quiero ser defensora del pueblo para oponerme al MAS porque estoy harta, completamente harta del juego oposición Gobierno, estoy por fuera del cuadrilátero de los cálculos de poder, hay una sociedad más allá del Estado, que carga con el Estado. Es allí donde hay que actuar.
 
Pero, bueno, no sé por qué les digo todo esto, si en realidad no llegaré quizás ni a la segunda fase. La angurria de poder se va devorando todo y no tengo ninguna posibilidad sino la de gritar, la de untarme de sangre, la de cargar ilusiones que se marchitan y se desgajan a mi paso. Nos están asfixiando hasta por las más inofensivas esquinas. Le tienen miedo a la sola idea de que haya un defensor del pueblo y están montando un teatro para que haya uno sin haberlo.

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