Chernobyl

Nadie la ve hasta que te mata

El salto industrial a la energía nuclear o atómica, cualquiera sea el pretexto, produce miedo ambiente que no es lo mismo que medio ambiente.
domingo, 1 de mayo de 2016 · 00:00
Carlos Decker- Molina
periodista

 

Tras  30 años de la catástrofe nuclear de la central de Chernobyl, vuelven a sonar algunas voces:  "Lo ví… Estaba hinchado, inflado todo. Casi no tenía ojos (… ) ¡Leche! ¡Mucha leche! Me dijo mi conocida (...) Él no toma leche (...)Pues ahora la beberá”.

"Muchos médicos, enfermeras y especialmente las auxiliares de este hospital, al cabo de un tiempo, se pondrían enfermos; morirían.  Pero entonces nadie lo sabía”. (Svetlana Alexsievich).
 
La radiación es un asesino silencioso. Ese asesino que penetra por las fosas nasales, porque la vida exige respirar. Ese asesino que, convertido en bequerel, contamina el aire, los hongos que nos alimentan, las grosellas con las que las abuelas elaboraban mermelada.
 
Bequerel más, bequerel menos, contaminaron las carnes de reno, alce y de otros animales que son parte de la dieta de los escandinavos.
 
¡Pero, Chernobyl no está en Escandinavia!
 
No. Pero la nube radiactiva paseó a ritmo de viento. Figúrate una nube parecida, que parta de El Alto y el viento se la lleva a Beni, la encajona en la ciudad de La Paz y, de allí, a una parte del Amazonas contaminando animales y tomates, paltas y papayas, cuerpos de hombres y mujeres, pieles de niños y perros y gatos … ¿Te imaginas?
 
Silencio. Mi interlocutor sigue pensando que la energía nuclear es parte del progreso y como tal no debe ser el privilegio del primer mundo. 
 
Es una tecnología que comienza a eliminarse sola -le digo- y le doy el ejemplo de Suecia que tiene 12 reactores que van camino a cerrarse paulatinamente y no únicamente por razones de seguridad sino por razones económicas. Las empresas deben gastar mucho dinero en asegurar la limpieza de una tecnología, cada vez es más obsoleta. La reconversión industrial pasa por cambiar tecnologías viejas por otras que no produzcan miedo, temor y desconfianza.
 
Tu país (Bolivia) debe ser uno de los más asoleados del mundo. Un sol altiplánico brillante y un viento casi constante que podrían generar energía limpia. Aquí en Suecia país casi oscuro en otoño e invierno, la energía eólica y la solar comienzan a dar buenos resultados. 
 
Vuelvo a Chernobyl: "Voy a contarte cómo mi abuela se despidió de nuestra casa. Se paró frente a la puerta y le hizo una venia. Caminó con premura y rodeó la casa dando venias a paredes y ventanas. No se olvidó de despedirse de los árboles y cuando nos subieron en la movilidad se destocó”. 
 
Nunca más volvieron a ese lugar maldito.
 
Han pasado 30 años de aquella despedida y han muerto la mayoría de los vecinos de la abuela, que también está enterrada en algún lugar improvisado. La mayoría murió con cáncer de glándulas, como la tiroides, debido a la excesiva cantidad de yodo que contiene la nube radiactiva.
 
En el centro hospitalario de Bielorrusia, hasta donde llegó la nube de Chernobyl, hay 832 enfermos de cáncer, enfermedad que se masificó desde hace 30 años, aunque oficialmente no se reconoce la catástrofe de Chernobyl como la causante de esa "epidemia” mortal.
 
El accidente de Three Mile Islad en Harrisburg (EEUU) el 28 de marzo de 1979 obligó a los políticos suecos a revisar la tesitura favorable a la energía nuclear y atómica, que fue una "solución moderna” al primer embate de la crisis petrolera de 1973. 
 
La catástrofe del 26 de abril de 1986 en Chernobyl (Ucrania) fue el detonante de una nueva posición política de cara a la energía nuclear a la que se descartó de todo programa industrial. 
 
Finalmente, el terremoto y el tsunami de  Japón, el 11 de marzo de 2011, que barrió la central nuclear de Fukushima considerada la más segura del mundo, porque la construyeron sabiendo que en ese suelo se producen temblores y terremotos, terminó por convencer a los pocos amigos  que quedaban, de los peligros que implica una o más usinas nucleares.
 
El nuevo problema que enfrentarán los países, que van camino a desmantelar sus usinas nucleares, son los desechos radiactivos. ¿Qué hacer con ellos?
 
Suecia taladró kilómetros en rocas de la era primaria para "enterrar” la basura atómica en cápsulas de una arcilla especial que garantiza cero filtraciones, pero, los mismos ingenieros dicen: "¿Seguros? Nunca se sabe”.
 
Hay otros  que envían su basura nuclear a basureros abiertos en países dispuestos a poner en peligro la vida de su población.
 
El salto industrial a la energía nuclear o atómica, cualquiera sea el pretexto, produce miedo ambiente que no es lo mismo que medio ambiente.
 
"A las 10 de la mañana murió el técnico Shishenok. Fue el primero. El primer día. Luego supimos que bajo los escombros se quedó Valera Jodemchuk. No lograron sacarlo. Le pregunto: Vasili ¿qué hacer?
Vete de aquí, que esperas un niño. 
 
Pero, ¿cómo voy a dejar a mi marido?
Vete, salva al crío …
Primero te he de traer leche.
Llegó mi amiga Tania. Su marido está en la misma sala que el mío. Ha venido con su padre, que tiene coche. No subimos al coche y nos vamos a la primera aldea a comprar leche. Seis litros para que alcance. Pero la leche le provocaba vómitos terribles, perdían el sentido. Los médicos aseguraban, ‘tal vez se envenenaron con gases’. Nadie hablaba de la radiación”.
Nadie la conocía … Es silenciosa, no se la ve, tampoco se la siente hasta que atenaza el cuerpo… Han pasado 30 años y se sigue moviendo en silencio, nadie la ve … hasta que te mata.

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