El sobaco de la víbora

Tras un bono que no marcha

domingo, 1 de mayo de 2016 · 00:00
Machi Mirón

A lo largo del tiempo pude ver que la mirada de nuestra sociedad –salvo alguna excepción– nunca consideró la necesidad de encarar la recuperación e inserción social de personas con discapacidad física o mental;  al contrario, los esfuerzos siempre apuntaron a su marginación social.                                          

No es extraño que al interior de algunas familias se opte por mantener al hijo con discapacidad en el interior de la casa a manera de protegerlo del rechazo, cargado de prejuicio de su entorno. Nunca supe que el Estado encarara un proceso que permita la inserción social de esas personas.   

Recuerdo que hace algunos años, una funcionaria de la Universidad de San Simón de Cochabamba se negó a expedir el título de bachiller de un joven que había cumplido con todos los requisitos para obtenerlo. ¿Las razones? Aquel muchacho era invidente.                      

Pero el trabajo de inserción de este sector implica un proceso arduo y conlleva incluso reformas en el campo educativo que apunten a crear un régimen con la formación de maestros especializados además de, claro está, una campaña colectiva que elimine el prejuicio social.                    

Justo es subrayar que en los últimos años hemos visto algunos esfuerzos de algún sector conformado en esencia por padres de niños especiales, esencialmente con síndrome de Down, que no sólo han obtenido grandes resultados, también transforman ciertos conceptos sobre el tema.                        

Pero ello no es suficiente pues –si bien en este sector hay quienes cuentan con capacidad para insertarse en los campos laborales– debemos recordar que también los hay quienes sufren una incapacidad aguda cuya dependencia es permanente por lo que sí, requieren de una asistencia del Estado.                                                                                    

Por ello, el pedido de un bono que realiza ese sector se justifica plenamente, más aún si tomamos en cuenta que gran parte de ellos ni siquiera cuentan con recursos para cubrir la medicación requerida. Por ello somos muchos los que  apoyamos a quienes, hace más de un mes, iniciaron una marcha.                  

Pero el Supremo gobierno no da marcha atrás y don Evo vuelve a mostrar su incapacidad para escuchar a quienes piden les llegue unas gotas del auge que, dicen, goza el Estado, aunque sus ministros aseguran que si eso sucediera nuestra sagrada economía se iría abajo de manera irreversible.

No dicen, sin embargo, que el bono que beneficiaría a poco más de 41.000 personas sólo representa el 0,1% del Presupuesto General, monto que podría cubrirse con parte del millón de bolivianos diarios que eroga el Ministerio de Comunicación para publicidad gubernamental. Y otros gastos insulsos.

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