Internacional

Alcalde musulmán en Londres

Es de esperar que tenga éxito en la compleja tarea de castigar a los extremistas y recompensar a los moderados tanto de su partido político como de su comunidad religiosa.
domingo, 15 de mayo de 2016 · 00:00
Julián Schvindlerman
analista político internacional
 

La elección de Sadiq Khan a la  Alcaldía de la capital de Inglaterra ha marcado un episodio singular para la historia de Londres, de Inglaterra y de los musulmanes europeos. Khan es un musulmán moderado, miembro del laborismo británico, que ha hecho una carrera política notable a la luz de sus orígenes socioeconómicos humildes, marcados por un padre colectivero y una madre costurera. 

Durante la campaña electoral surgieron denuncias de pasadas asociaciones problemáticas de Khan con referentes del islamismo global. Por ejemplo, con Duad Abdullah del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que boicoteó el Día de Recordación del Holocausto; con Azzam Tamimi, quien exaltó "la jihad contra el racismo, contra el sionismo” de los palestinos; con Ibrahim Hewitt de Interpal, incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; y con Stop Political Terror, una organización ya desaparecida que contaba entre sus patrocinadores al predicador de Al-Qaeda Anwar al-Awlaki. Khan ofreció en defensa propia un pronunciamiento que desarma por su honestidad e inquieta por su verdad: "Todos los musulmanes británicos están en contacto con extremistas en algún momento”. 
 
Su elección ocurrió luego de que fuesen expulsados de las filas laboristas la diputada musulmana Naz Shah y el exalcalde de la capital inglesa Ken Livingstone, ambos por pronunciamientos antijudíos virulentos. De hecho, desde el ascenso de Jeremy Corbyn a la cúspide del partido -él mismo un radical irredento que contagió con sus ideas extremas a buena parte de la maquinaria del laborismo a la par que atrajo como un imán a indeseados políticos- el laborismo se ha fanatizado. 
 
Sadiq Khan tendrá un desafío importante en despegarse de este radicalismo. Él no es un islamista y,  de hecho, ha condenado las expresiones racistas de sus colegas partidarios. No tiene barba, viste a la usanza occidental, su esposa no usa velo, votó a favor del matrimonio homosexual y es un europeísta. Su primer acto oficial consistió en asistir a la ceremonia de recordación del Día del Holocausto. Las credenciales son alentadoras. Pero toda Inglaterra estará muy pendiente de su manera de conducirse ante la intolerancia de los fanáticos que lo rodean.
 
Su ejemplo será estimulante y aleccionador a la vez para los propios musulmanes ingleses, especialmente aquellos todavía no integrados a la sociedad, y que anhelen hacerlo.
 
El panorama de esta integración, o falta de ella, es grave. Según una encuesta de IMC que Trevor Phillips publicara en el Sunday Times el mes último, llevada cara a cara con más de 1.000  encuestados en Inglaterra, el 39% de los musulmanes ingleses cree que la mujer debe obedecer al marido, siempre; el 31% cree que es razonable que un hombre tenga más de una esposa; el 52% cree que la homosexualidad debiera ser ilegalizada; y el 23% prefiere vivir bajo la ley religiosa islámica que ante la ley civil británica. Un tercio cree que los judíos son poderosos (contra un 9% de los cristianos que cree lo mismo), en tanto que un 4% apoya el terrorismo y un 7% respalda al ISIS. Estos dos últimos guarismos parecen pequeños pero resultan inquietantes al proporcionarlos a la población islámica del país pues sugieren que entre 100 mil y 200 mil musulmanes ingleses favorecen la causa y método del "Estado Islámico”. Con 1.400 musulmanes ingleses que han tratado o logrado unirse al ISIS en Siria, Gran Bretaña no podrá ignorar las conclusiones duras de este informe.
 
Sadiq Khan, entonces, tendrá un desafío mayúsculo de gestión. Por el bien de la integración islámica en Inglaterra y la coexistencia interreligiosa, así como por el bien de la cordura ideológica, es de esperar que tenga éxito en la compleja tarea de castigar a los extremistas y recompensar a los moderados tanto de su partido político como de su comunidad religiosa.

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