Periodismo

¿Qué festejar el 10 de mayo?

La presidente saliente de la Asociación de Periodistas de La Paz expone tres ejes que dificultan el ejercicio de un periodismo libre en el país.
domingo, 15 de mayo de 2016 · 00:00
Lupe Cajías
periodista

 

Miguel de Cervantes y de William Shakespeare gozaron los privilegios que suponía la difusión de ideas a través del mayor multiplicador de la época, la imprenta. Murieron apenas 16 años después de la pira que quemó a Giordano Bruno, considerado el primer mártir de la libertad de prensa.

En el otro extremo del hilo del tiempo, siguen los ecos por la publicación de los  papeles de Panamá. Esa investigación reunió a decenas de periodistas en todo el mundo y refleja que ya no existen fronteras tradicionales. 
 
El pasado 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Prensa, se conocieron informes que indican que la libertad de prensa en el mundo pasa por un mal momento. Acaba de pasar el  10 de mayo, Día del Periodista boliviano, mientras el Poder Ejecutivo considera que los periodistas son sus peores enemigos.
 
Los periodistas no somos enemigos del Gobierno. Los periodistas somos periodistas. Sin embargo, en Bolivia trabajamos con miedo desde 2006. Son varias las causas para ese temor. Algunas pistas sobre esos obstáculos.

Tenencia de medios de comunicación 
 
El primer tema es el referido a la tenencia de los medios de comunicación. A diferencia de lo que sucedía anteriormente, grandes medios de comunicación han cambiado de dueños sin dar suficiente publicidad al hecho. Son los dueños enmascarados.
 
Carlos Gil, un extranjero, dueño de otras empresas y con otros intereses empresariales compró medios locales.
 
Está incluso ligado a la única empresa capitalizada no renacionalizada, la empresa de ferrocarriles, actualmente con planes de ocupar todo el sistema de interconexiones biocéanicas. El caso de ATB, cuya propiedad sigue como misterio, peor aún el de PAT y el triste susurro sobre las presiones oficiales contra los exdueños y sus hijo(s). ¿Qué hace ese forastero copando bienes bolivianos?
 
O el caso de La Época. Cuando en 2005 la adquirieron unos cubanos, el negocio fue comunicado a los columnistas. Apareció Hugo Moldiz como gestor, como director, como dueño. Después dijo que en realidad el mayor accionista es Wálter Michel; ¿qué pasó entre actos que no nos enteramos? Ahora el director es un chileno afín al Gobierno. Imposible imaginar un director de la misma nacionalidad en una edición "opositora”.  La embajada venezolana pagó la compra de una emisora en Cochabamba. ¿Qué diría el vicepresidente Álvaro García Linera si el cheque tuviese el sello de Estados Unidos? Los cambios en el espectro radial son más sigilosos, pero igualmente alarmantes.
 
Cercos económicos
 
Los dueños de medios impresos denunciaron cómo la obligación de ceder de ocho a más páginas integrales mensuales para difundir siete leyes afectaba su economía. Es el caso de la publicidad obligada, que fue condenada por la Alianza Regional de Medios. Los artes son hechos en el Ministerio de Comunicación, pero si hay errores, los paga el medio que los publicó.  También hay denuncias de publicidad estatal negada.
 
Recordemos que este asunto es considerado atentatorio a la libertad de prensa en los relatorios de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA.  Está el tema del seguro para periodistas. Hay mucha confusión en sus propios proponentes, en lo que es el beneficiario (periodistas, apoyo técnico, administrativos), quién o quiénes lo financian y dónde se depositan los aportes. La mayor carga está en los medios impresos, mientras no se sabe cómo aportarían radios como Chipiripi o radio Bartolina Sisa. ¿Quién controlaría esos recursos depositados en algún banco estatal?
 
El temor a perder el empleo influye en la autocensura. Varios dueños se ven obligados a "negociar” la intensidad de las noticias para evitarse cierres o "cercos”.

Difícil acceso a las fuentes
 
El editorialista de  La Razón comentó el pasado 10 de mayo sobre la polarización que se ha creado en el gremio y las presiones sobre la línea editorial. Editoriales de La Patria, Los Tiempos, columnistas, el desaparecido Juan León, entre muchos otros, lamentan que el ejercicio de la libertad de prensa en Bolivia se desarrolla con "la espada sobre la cabeza”.
 
La línea china, así como la rusa, han inspirado a controles a la prensa, a las ONG, a los Derechos Humanos, en los países del ALBA, como se puede ver en varios ejemplos y votaciones en organismos internacionales. La Alianza Regional de Medios condenó el uso y abuso de cadenas radiales y televisivas para obligar a los medios a transmisiones gratuitas de tres o cinco horas.
 
La detención, incluyendo "fichaje” en la Policía Nacional, como si fuese delincuente, del periodista Carlos Gisbert de El Diario por intentar aportar a esclarecer la muerte del bebé Alexander, ilustra que no es posible hacer periodismo investigativo en Bolivia. Pese al escándalo, el caso sigue irresuelto.
 
También se afectaron a columnistas como el caso de Carlos Toranzo, a quien intentaron procesar penalmente por llamar la atención sobre lo que pasaba en YPFB.   El Ministerio de la Presidencia envió un memorial al Ministerio Público para procesar a tres medios de comunicación, ANF, El Diario, Página Siete por incurrir en "odio racial”.
 
Era el caso relacionado con la frase del presidente Evo Morales "sólo por flojos podemos hambrear”, que recibió títulos en esos medios considerados errados. Los calificaron de "alevosos, cobardes, inescrupulosos, antiéticos, premeditados, maliciosos, tendenciosos, manipuladores, mentirosos”. A la fecha, no se probó ningún delito ni penal ni de imprenta.
 
El 15 de mayo de 2014, La Razón denunció que personal del Ministerio de Salud no dejó entrar a su reportera y que uno de los directores se negó a darle información. Igual se quejaba en ese mismo medio Édgar Toro, al denunciar que "el acceso a la información es casi nulo” en ministerio e instituciones estatales. La falta de acceso a las fuentes es un problema para casi todos los periodistas.
 
Tampoco es posible conseguir información en sus páginas electrónicas, como me sucedió cuando quise conocer más sobre el teleférico o sobre EMAPA.
 
Hace unos días llegaron académicos latinoamericanos para reflexionar sobre la normativa en medios de comunicación en la región. Al menos dos amigas de medios ligados al aparato estatal me advirtieron que harían la cobertura, "pero sin tocar nada sobre Venezuela”. O sea, ya no sólo no se puede informar sobre algo negativo sobre el Gobierno boliviano, sino que también está prohibido sacar notas contra el régimen de Nicolás Maduro.
 
Por ello, los periodistas bolivianos no tenemos mucho que festejar. Solamente el orgullo que nos mantiene como una trinchera nacional frente a los atropellos a los derechos humanos, incluyendo el derecho a la protesta, como padecen día a día las personas con capacidades diferentes.

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