Debate

La crítica ausente sobre la universidad boliviana

domingo, 22 de mayo de 2016 · 00:00
Gilber Sanabria Callisaya
 
Que la universidad boliviana ha sido criticada desde siempre es algo que ya se sabe. Que son muchísimos menos los matriculados en la carrera de Física que los matriculados en la carrera de Derecho, es algo constatable. Que la universidad no satisface las expectativas de sus estudiantes o de la sociedad boliviana en su conjunto, es algo reconocido desde hace años. Que es difícil y hasta vergonzoso señalar las limitaciones y, quizá, mezquindades del Sistema Universitario Boliviano cuando se trata de investigación, es un lugar común. Que la universidad está llena de docentes que al parecer no cumplen con lo que se esperaría de un docente es innegable.
 
Lo que no se sabe, ni se dice, ni se critica, es ¿para qué sirve la universidad? Incluso, ¿qué es, o debiera ser, la universidad?
 
Entre las misiones (o servicios) que, según algunos, debería cumplir la universidad, suelen estar: la formación de profesionales, la investigación científica  y la innovación tecnológica. Aunque estas respuestas parecen ser suficientes y evidentes por sí mismas, un análisis detallado de lo que queremos decir con ellas presenta un panorama complejo que, al parecer, ha escapado todavía de  la mirada de la opinión pública y los intelectuales de moda dentro y fuera de la universidad.
 
Si la misión de la universidad es la formación de profesionales, hemos puesto al mercado laboral como piedra de toque de la universidad. Siendo consecuentes con esto, sería necesario realizar un estudio de las habilidades profesionales o carreras más requeridas por los empleadores y reestructurar la universidad en consonancia con dichos requerimientos. Es más, es posible que se descubra que esas habilidades profesionales pueden desarrollarse en periodos más cortos de tiempo, con un consecuente ahorro de dinero. Dispongamos entonces que el tiempo de estudio en las universidades sea reducido al mínimo suficiente para formar un profesional eficiente: digamos cuatro años, o mejor aún, tres. Pero esto ya lo hacen, y desde hace años, los institutos técnicos.
 
¿Es la vocación de la universidad ser un enorme y costoso instituto técnico? ¿Sería necesaria una tesis de grado para demostrar la adquisición de esas habilidades profesionales requeridas por el mercado? ¿Qué ocurriría con carreras como Filología o Literatura? Con todo, parece que esta visión de la universidad está muy presente entre la población, por lo que generaciones enteras de jóvenes son enviados a la universidad con la creencia (errada al parecer) de que al salir obtendrán trabajo.
 
Otra cosa que se le exige a la universidad es la investigación científica. Se espera que la universidad produzca conocimiento científico en una diversidad de ámbitos. Esto explicaría que existan carreras y facultades que reflejan una determinada división disciplinar de las ciencias. Pero si la universidad es para hacer investigación, se ha puesto en segundo plano la formación de profesionales, y la universidad se convierte en un centro de investigación y generación de conocimiento científico. Buscando equilibrar las cosas, puede decirse que la universidad forma científicos mientras investiga. 
 
Pero entonces aparece un problema vocacional y laboral. ¿Hemos de dejar de preocuparnos por el futuro laboral de los estudiantes en aras de la investigación y la ciencia? ¿Dónde irán a parar los cientos o miles de científicos formados en la universidad boliviana? ¿Dónde encontraría trabajo un flamante científico especializado en la investigación de los agujeros negros? ¿Qué pasará con carreras como administración de empresas o artes?
¿Son acaso científicas? ¿Deberían serlo?
 
Finalmente, también puede exigirse a la universidad ser protagonista del anhelado desarrollo tecnológico. Éste se entiende como la solución práctica a problemas prácticos usando el conocimiento acumulado. Por lo general, la innovación tecnológica es interés de la industria, ya sea pública o privada, pues en la competencia por abaratar costos y generar utilidades, necesitan desarrollar nueva tecnología. Entonces salta a la vista una posible convivencia entre los fines de la universidad y los de la empresa privada o pública. Sin embargo, es cuestionable la afirmación de que la universidad debe tener, como principal misión, la satisfacción de las necesidades tecnológicas de la industria, sea ésta privada o pública. ¿Qué desarrollo tecnológico puede esperarse de la facultad de filosofía y letras? ¿Qué ocurriría con las carreras de Matemática o Derecho?
 
La reflexión sobre las finalidades de la universidad, su vocación o (quizá) esencia, están todavía ausentes. Se confunde con facilidad, incluso dentro de la propia universidad, el desarrollo tecnológico, la investigación pura y la formación profesional. Existen, seguramente, numerosas otras posibles respuestas al problema de qué es y para qué sirve la universidad; pero lo que sorprende es que hasta ahora el tratamiento del problema ha sido superficial y, lamentablemente, no ha alcanzado ni siquiera para hacer una real y profunda crítica a la universidad boliviana del siglo XXI.

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