Cumbres judiciales de la chistera

Es altamente sintomático que de la agenda hubiera sido excluido el primer problema histórico de la justicia en Bolivia, que es la “independencia judicial”, señala Lazarte.
domingo, 29 de mayo de 2016 · 00:00
Jorge Lazarte R.
politólogo
 
1.- El derrumbe de la justicia es demasiado serio para el país (y para cualquier sociedad),  como para dejar la solución del problema en manos de los que provocaron el "desastre”, y que ahora  pretenden hacer creer con malicia  que las pautas para "revolucionar” la justicia  emergerán como por encanto de las cumbres convocadas .
 
Lo que se busca con  todo este tinglado parece estar claro.   Por un lado,  eximir de responsabilidad al gobierno que tan entusiastamente anunció el 2012 que por fin se había producido en Bolivia una "revolución de la justicia”, que estaría al servicio del "pueblo”. Por el otro, reparar algunas grietas de un edificio que se viene abajo,   para seguir  controlando  la "totalidad” del poder.   Finalmente,  como el   gobierno no tiene ninguna idea clara  de por qué la justicia está al garete ni qué hacer, optó por extraer  de la chistera de su inclinación jacobino-populista (afición  de la  que no tiene el monopolio), la idea   de organizar  "cumbres” que le  saquen las castañas del fuego sin  perder el control del Órgano  Judicial,  y deshacerse  de muchos  magistrados incompetentes y varios respondones  que  salieron de su invento de voto universal para elegirlos.
  
2.- Todas las cumbres realizadas hasta ahora han seguido un libreto, y no hay duda que la nacional hará lo mismo.  Los protagonistas seguirán siendo "sus”  organizaciones sociales cooptadas  y que pasan por "sociedad civil organizada”,  a las que arroparán decorativamente   algunas instituciones profesionales  muy corporativas y ensimismadas,  que no están en condiciones de proponer nada serio, y   algunas ONG muy contemplativas y dependientes de la cooperación internacional, que en su  momento fue parte del coro gubernamental sobre la "nueva” justicia.  También estarán presentes representantes del Órgano Judicial sobre todo para defenderse, ya que se quejaron en un primer momento no haber sido tomados en cuenta. Es decir, todo dosificado. 
 
3.- La ruta de las cumbres, la agenda, los   temas, las propuestas y las conclusiones han sido similares en las pre-cumbres, porque todo estaba ya diseñado  en la cartilla del ministerio del ramo, cuya titular cerraba cada una de ellas en conferencias de prensa  con similares conclusiones.  Lo extraordinario es que en menos de 24 horas cada pre-cumbre haya podido tratar una problemática  tan compleja y secular.   
 
El guión no podía ser más banal, como decir que en la justicia no hay modelo "perfecto”, o repetir lo que todo el mundo sabe sobre la retardación o la corrupción en la justicia, que además no necesitan de ninguna cumbre para remediarse. Lo que sí es altamente sintomático es que de la agenda hubiera sido excluido el primer problema histórico de la justicia en Bolivia, que es la "independencia judicial”, ante cuya reclamación por algunos magistrados seguramente maltratados, desde el gobierno se les hubiera   respondido  sin rubor, que "¿quieren independencia para seguir robando?”. Este  exabrupto sintoniza con lo que desde hace tiempo piensan y hacen sobre el tema desde el gobierno,  que de los arrebatos ideológicos sobre el poder han pasado a la necesidad material y vital de no abandonarlo para protegerse. Quizá por todo ello, estas pre-cumbres apenas  despertaron el interés público.    Más importó la historia rocambolesca.   
 
4.- De manera general dos deberían ser  los ejes de toda reforma seria y no calculada de la justicia en Bolivia. Sobre el primer eje, ya planteamos nuestro punto de vista respecto al modelo que debe reemplazar al actual, que es un desastre; o mejor, la pregunta es saber qué justicia se quiere, y que no basta con pedirla.  ¿Es la "justicia” medieval, la "justicia” del talión, la expeditiva, la de la charia, o es la justicia que se ajuste  a los estándares exigidos por las convenciones internacional? La justicia y sus operadores debe ser  independientes,   imparciales,   competentes  e íntegros, en correspondencia  con   el  Estado de Derecho,     que   no  un  flatus vocis,  sino una fórmula de organización y funcionamiento del Estado. Una de las derivaciones de este tipo de Estado es que esa justicia para ser "justa”  debe ser de "calidad”, y en nuestro caso confiable y creíble. 
 
El segundo eje es cómo llegar a esa justicia de calidad, y sus connotaciones de  efectividad, eficiencia,    accesibilidad y   ecuanimidad.  A partir de estos atributos  sobre  los cuales debe haber una cierta idea compartida,  hay que  dar el salto a lo  concreto, que es  encontrarles indicadores que  sean susceptibles de ser medibles  y cuantificables, que son los datos de base. Todo ello implica  un cuidadoso proceso de investigación, metodologías adecuadas que produzcan información  confiable y no presunta,  ni divagaciones sustitutivas. El propósito necesario y práctico es contar  una evaluación  cuantitativa y cualitativa del  estado de situación de la  justicia, como punto de partida seguro para identificar sus fallas y emprender un apropiado  proceso de reforma, que nos aproxime a la justicia de "calidad”.     
 
Por ello  puede decirse que   las  cumbres son improvisaciones y respuestas frívolas a un problema que sólo puede remediarse  lejos de la retórica de plazuela. 
 
5.-  Para emprender esta tarea que nunca se hizo,   el país cuenta con profesionales solventes y calificados,  no muchos, pero los tiene y que con la cooperación internacional que dispone  de altas instituciones especializadas,  que  organizados en  equipo y con recursos apropiados  puedan    consagrarse   a formular un  riguroso diagnóstico de las falencias profundas de la justicia en todos sus ámbitos, directos e indirectos, en términos de concepción, modelo, diseño y operadores,  y proponga un plan de reforma de corto, mediano y largo plazo, que comprenda  mecanismos más ágiles en los procesos judiciales, escuelas serias de formación de jueces, recursos adecuados y mejor distribuidos,  e incluya evaluación del sistema de enseñanza del derecho y  proponga   cambios  en  la educación boliviana para cambiar las pautas colectivas e individuales  de justicia existentes, que no son compatibles con el Estado de Derecho,   la democracia ni los derechos humanos, y contaminan todo el sistema de justicia.

Y conformar una institución permanente e independiente de seguimiento y evaluación de la justicia para hacerla funcional  y confiable para la sociedad. 
 
Toda este producto puede  difundirse en una suerte de  "Libro Blanco” de la justicia en Bolivia, con el propósito de ser  debatido en todo el país, y luego ser traducido en decisiones institucionales. Recursos ciertamente no faltarán, lo que falta es que el gobierno abandone la idea de que debe controlarlo todo, que es casi como pedirle que deje de ser lo que es, como lo está demostrando su negativa a aceptar los resultados del referendo del 21F, que tiene  carácter vinculante constitucional y legalmente hasta el siguiente periodo constitucional.
 
En este sentido puede decirse que el problema de la justicia es primeramente el gobierno mismo y su propensión despótica de creer que todo le está permitido.  Por este camino  no será posible  transitar  de la justicia al garete que se tiene  a la justicia "justa” que se quiere.

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