Opinión

Momento de inflexión

domingo, 29 de mayo de 2016 · 00:00
No creo que vivamos una situación de crisis, pero sí creo que vivimos un momento de inflexión. Conviene comentar la afirmación de Evo Morales, ya una decisión, de que se va a un segundo referendo. Un momento de este tipo denota una situación previa a la crisis. Denota una situación de doble escenario prospectivo: o se terminan de joder las cosas o se les ofrece una solución. Teniendo en cuenta estos dos posibles caminos, es necesario partir de la constatación de que vivimos al borde de un conjunto de crisis.

Uno, la crisis política: el Gobierno ha perdido el 21 de febrero en el referendo y eso ha desatado iras, temores y otra serie de sensaciones políticas que han terminado por polarizar el país. El pedido del "segundo tiempo” del presidente Morales genera un mal clima en un bando y un clima prometedor en el otro. Los dos bandos no se han sacado la mugre, pero lo podrían hacer. El Gobierno provoca y abusa. El encierro abusivo de Eduardo León lo evidencia. 
 
Eso desgasta al país, nuevamente envuelto en una dinámica de pelea. Una pelea que el Gobierno ya no está dispuesto a volver a perder. Por eso es que se endurece y golpea. Y aunque la reacción no es (aún) compacta desde los bandos opositores, e incluso es tímida (a causa de un muy comprensible temor), no es despreciable y con seguridad que irá creciendo, en perfecta armonía al incremento de la fuerza empleada desde un Gobierno que contraataca.
 
Dos, la crisis económica: ya el año pasado dejaron de fluir en nuestra economía 4.000 millones de dólares. Hoy los precios de los minerales, la soya y el gas han disminuido en porcentajes que van del 100 al 500%. Eso significa desempleo. Eso significa descontento social. No es ésta una aseveración catastrofista ni que pretenda generar temores infundados. No, en realidad es la comprobación de que se avecina (o ya está en curso) una aguda crisis. La analiza con asombrosa objetividad  Gabriel Loza, quien fuera aliado del presidente Morales y presidente del Banco Central. En su reflexión, tras cuatro años de merma en los precios de los minerales, tres años en la reducción del precio de la soya, y tres años de reducción en el precio del gas, se vislumbra una crisis posiblemente peor que la de 1929. En aquella época los precios del estaño cayeron en un 30%. Hoy el precio del gas ha caído en un 36%.
 
Tres, una crisis moral: más allá de que el hijo, en palabras de Carlos Valverde, "no existió”, lo cierto es que más de una autoridad del Gobierno afirmó lo contrario. Esa ambigüedad sumada al posible tráfico de influencias y sumado al conjunto de casos de corrupción que se ventilan rutinariamente, es un caldo de cultivo para el descontento. Es fundamental que se entienda que al margen del hijo, se requiere transparentar los contratos públicos, consensuar la masiva llegada de capitales transnacionales chinos, arrimados a nuestros recursos naturales, con enorme capacidad de extorsión ("les doy el crédito pero me dan el monopolio en la explotación de…”), informar sobre nuestras reservas gasíferas y hasta cuándo nos van a alcanzar (teniendo en cuenta que los diversos planes para atraer a empresas exploradoras y explotadoras no ha surtido efecto y la producción sigue parada), entre otros temas, que por su condición clandestina  generan susceptibilidad. 
 
En la mirada social se ha instalado el bicho de la desconfianza: "son igual que los de antes”, "son más corruptos”…. Más allá de que esto sea o no verdad, es evidente que se ha creado una situación de declive moral muy intensa. La cereza sobre la torta ha sido, además, su absoluta indolencia con los discapacitados.
 
Lamentable.
 
Cuatro, una crisis intelectual: ha tomado el mando del MAS, seguramente la facción menos intelectual, con menos ideas y más agresiva existente. La que repite con puntualidad pavloniana que "el imperio está detrás de todo esto”, "el cártel de la mentira coordina todo desde Washington”, y razonamientos de este estilo, que no sólo son anacrónicos sino son miserables para comprender lo que realmente sucede. A estos talentosos les hablas de nanotecnología y te contestan que "ésa es una nueva ciencia de la biopolítica para mercantilizar el cuerpo”; les hablas de "ciudades inteligentes” y te contestan que "ésa es una ciencia para lograr una ampliación geopolítica del capital”, y así sucesivamente. ¿Esta facción quiere a Eduardo León en la cárcel? Seguro que sí, pero sobre todo quiere dejar en claro que no puede ni debe haber ningún abogado que ose oponerse a ellos. En este ambiente sólo florece la más recalcitrante estupidez, además del odio y el espíritu de venganza. ¿Ideas? Cero, cero y cero.
 
Finalmente, quizás la más preocupante, una crisis psicológica: la autoestima de algunos de los gobernantes de turno ha sido dañada con la derrota del 21F. No admiten que ellos, predestinados a gobernar este país por sus infinitas cualidades, hayan recibido un No. Los narcisos no lo admiten. "No, no fue a mí el NO, fue a la corrupción inventada por el imperio y los medios mentirosos”. Recuerdo que Gadafi, ex presidente libio, afirmaba "esa gente que está en contra mía  es infiltrada, si a mí el pueblo me ama, no son tan malagradecidos”. Grave, pues este sentimiento incuba la proliferación de los seguidores mesiánicos: "sin él, estamos perdidos”. Se creen cruzados. Creen que son parte de una guerra contra el imperio y ellos son los enviados divinos. Los únicos capaces no sólo de defender este proceso sino de entenderlo. Jodido: la política convertida en religión.
 
Ahí estamos. Esta inflexión, o nos lleva al diálogo y a soluciones pactadas o es evidente que nos esperan días difíciles.

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