Sociología vagabunda

Tres libros

Recorro las páginas con especial interés, están tan bien escritas que la lectura fluye con facilidad y me veo reflejado en múltiples episodios, dice Suárez.
domingo, 8 de mayo de 2016 · 00:00
Hugo José Suárez
Sociólogo
 
Llegaron a mi escritorio, por pura coincidencia, tres publicaciones que reflejan mi estado de ánimo intelectual. Bien se dice que somos lo que comemos y también lo que leemos.

Danilo Martuccelli me envía Lima y sus arenas, poderes sociales jerarquías culturales, publicado por Cauces Editores, en Perú en 2015. Es un libro largamente anunciado y deseado. Hace tiempo que me comentó que estaba revisando literatura sobre la transformación que vivió Lima en los últimos años poniendo particular atención en los procesos culturales, y por fin ahora llega a mis manos su trabajo editado.
 
El autor parte constatando que existe un consenso en la importancia del cambio en aquella sociedad, pero lo que no queda claro es el sentido del cambio. Sugiere una clave de interpretación multidimensional que dé cuenta de cómo los limeños viven "tres grandes procesos de cambio”: "un proyecto reglamentador de la vida nacional (...), una revolución en la sociabilidad de raigambre popular que progresivamente se volvió mayoritaria y, finalmente, la afirmación de un individualismo metonímico específico y generalizado”. Lo curioso es que este cambio se da "fuera del sistema político, desde la sociedad y la cultura, por intermedio de individuos”. "El corazón del cambio, anuncia el autor, fue social y cultural” (p. 15).
 
El libro aparece en el momento en que estoy investigando el proceso de transformación que vivió La Paz -ciudad por múltiples razones prima hermana de Lima- en la era de Evo Morales. Precisamente hace unos meses, organicé un coloquio titulado "¿Qué cambió en el proceso de cambio en Bolivia?” -próximamente aparecerá un volumen que recoja aquella discusión colectiva- y Danilo fue el conferencista invitado. Mi tesis es que la última década la ciudad vivió una compleja -y paradójica- articulación de la inercia civilizatoria urbana en su etapa posneoliberal, con un proceso de multiculturalidad, rotación de élites y democratización del espacio público, que se la vive y explica no desde la política y la economía sino fundamentalmente desde la cultura, la sociedad y el ciudadano. Por supuesto que el libro de Danilo me viene como anillo al dedo.
 
Además, Martuccelli representa lo mejor de la sociología francesa que conocí en mis años de formación doctoral. Tiene una agudeza y originalidad teórica notable, una capacidad de vinculación con problemas empíricos que lo llevan a transitar tanto por América Latina como por Europa con envidiable conocimiento. Desde aquel tiempo hasta ahora, Danilo ha sido uno de mis grandes maestros y disfruto enormemente platicar cada que el destino nos junta -si nos va bien, cada tres años...-.
 
El segundo libro -juro, me llega el mismo día que el anterior, grato guiño del azar- me lo regala Raúl Trejo Delarbre, colega investigador del Instituto de Sociales de la UNAM. A pesar de que hace ocho años que compartimos un espacio en esta institución, que nos cruzamos regularmente en los pasillos y coincidimos en comisiones académicas, no había tenido el gusto de poder intercambiar más tranquilamente con él. Así que unas semanas atrás nos fuimos a tomar un café. Fue un agradable descubrimiento. Se trata de un académico que conjuga tanto su interés científico sobre los medios de comunicación -que los estudia con la rigurosidad respectiva hace varias décadas-, con su actividad periodística sostenida que también viene de larga data. 
 
Su libro, Alegato por la deliberación pública (Editorial Cal y arena, México, 2015) es un diagnóstico realista -y por tanto nada optimista- de la práctica de la discusión argumentativa en el espacio público que, siendo capital para la democracia, en este tiempo parece más bien estar en estrepitosa decadencia. Habla de los medios y la política de la devaluación de la opinión, de las imposiciones del mercado, de la búsqueda de aplausos, del intelectual mediático. 
 
Recorro las páginas con especial interés, están tan bien escritas que la lectura fluye con facilidad y me veo reflejado en  múltiples episodios. Resulta que hace unas semanas llegó el papa Francisco a México y yo pasé de ser un académico relativamente huraño con los medios, a ser insistentemente requerido por las cámaras y micrófonos. Mi vida cotidiana se alteró, tuve que aprender rápidamente los códigos mediáticos, salir en la televisión, batallar por poner una idea en ámbitos donde lo que importa es el "cómo” y no el "qué”. Todo eso que lo sentí en carne propia, Trejo lo retrata con minuciosa claridad. Casi sentí que estuviera relatando mi experiencia.
 
Y para terminar de disfrutar el libro, el capítulo final es un homenaje al periodista Miguel Ángel Granados Chapa, fallecido en  2011, a quien yo escuchaba diariamente en su programa matinal en Radio UNAM. Sentí su partida sin haberlo conocido. Era un extraordinario ejemplo de cómo hacer periodismo de calidad y seriedad, eso que tanta falta hace en México y que el libro de Raúl denuncia claramente. Por último, hace un tiempo que vengo escuchando por el programa Primer Movimiento (otra vez, en Radio UNAM, de hecho a la hora en que Granados Chapa emitía el suyo) a Benito Taibo. Unos días atrás, en la Feria del Palacio de Minería, compré su libro Desde mi muro (Planeta, México, 2015) y tuve la sorpresa de encontrármelo en el stand del Grupo Editorial Planeta. Fue extraño, muy agradable. Le pedí que me lo firmara y lo invité a que presente mi texto Un sociólogo vagabundo en Nueva York en la UNAM. 
 
Devoré las letras de Taibo en un fin de semana y me sentí identificado. Su escritura, su sencillez, su sinceridad hacen que uno sienta que está platicando con Benito en una reunión familiar. Conocí a su padre, a su hermana, sus recuerdos, sus fantasmas. Es un libro transparente donde el autor se deja ver, expone y se expone. Sus historias son la recopilación de sus "entradas” de su muro en Facebook, un tránsito por su vida cotidiana sin miramientos. Mientras lo leía, pensé intensamente en mi experimento similar llamado Sueño ligero que edité en 2012 (Editorial Gente Común, La Paz). Un espacio para contar lo que a uno le sucede, tan similar a cualquiera pero a la vez vital, tan extraordinario y banal. Y sobre todo, tan entretenido. Leí a Benito como viendo un espejo, como dialogando con alguien a quien conociera desde la infancia.
 
Los tres libros aparecen en mi vida fortuita y representan tres de mis facetas: la sociología pura y dura forjada por la academia francesa, el puente -muy mexicano- entre la intención de participar en medios y continuar con la academia, y la intención de contar la vida cotidiana en historias breves. Claro está: somos lo que leemos, y leemos lo que somos.

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