Análisis

La punta del iceberg

La demanda boliviana es la expresión directa de una coyuntura inédita en la historia boliviana encabezada por el presidente Morales.
domingo, 19 de junio de 2016 · 00:00
Héctor Arce Zaconeta
Procurador general del Estado
 
Un  iceberg es una masa gigante de hielo desprendido de un glaciar o de una costa congelada que flota a la deriva en el mar; su principal característica es que sólo una pequeña parte es visible, ocultado bajo el agua más del 90% de su masa. Debido a estas características cotidianamente usamos la frase "esto sólo es la punta del iceberg”, para identificar algo que es más grande y profundo de lo que se ve.
 
Con esta metáfora en mente, el Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra de Chile publicó en agosto de 2015 el libro La Punta del Iceberg: La aspiración marítima boliviana y sus implicancias en la seguridad y defensa de Chile, coordinado por Pablo León, Cristian Faundes y Marjorie Gallardo. Obra que en la opinión de su prologuista José Rodríguez Elizondo realiza un "zoom a Bolivia, que (…) privilegia un conocimiento integral y sin prejuicios ideológicos, en busca de claves más profundas”.  Justamente este análisis de las claves profundas y multidimensionales de la demanda boliviana ante la Corte Internacional de Justicia, debe ser ponderado positivamente, ya que es el producto de un ejercicio de honestidad intelectual que muestra que la demanda marítima boliviana es lo fenoménico, lo mediato, lo superficial pero que al zambullir nuestras cabezas en la aguas gélidas de la realidad, podremos ver las causas medulares de su actual éxito. Entonces,  ¿cuáles son las causas profundas del éxito de la demanda marítima boliviana? Hagamos una breve síntesis de esta obra.
 
En primer lugar, los autores reconocen que "la llegada al poder en Bolivia de Evo Morales y la creación del proyecto del Estado plurinacional ha marcado un antes y un después en la historia de Bolivia”; en consecuencia,  se rompe con el Estado colonial, excluyente y débil, habiéndose creado en estos últimos 10 años un "proyecto integrador (…) que pretende hacer partícipe a quienes han sido tradicionalmente excluidos”.
 
Asimismo, se destaca que el proyecto refundacional boliviano posee elementos clave como ser: la inclusión política, social y económica que genera un sentido de pertenencia colectiva, la refundación político-institucional y la noción de reivindicación social e histórica. Fuerzas centrífugas que generaron el "fortalecimiento de la institucionalidad democrática como condicionante clave”.
 
Sobre la situación económica se señala que "Actualmente Bolivia se encuentra en el ciclo de crecimiento económico más estable y sostenido en los últimos 50 años (…) el PIB de Bolivia ha crecido en 360%”, lo que ha generado inversión pública récord, procesos de inclusión social, creación de una economía plural basada en la nacionalización y la industrialización que permite al Estado generar políticas de redistribución de la riqueza en los sectores más deprimidos. 
 
Como consecuencia de lo anterior y en el aspecto social, se destaca que en el año 2012 Bolivia deja de ser el país con mayor pobreza extrema de la región a través de  la entrega de bonos sociales y la transferencia de recursos a los gobiernos autonómicos para mejorar las condiciones de salud, educación, caminos, etc. Lo que sumado a la refundación del Estado ha permitido que los sectores "campesinos, indígenas y obras adquieran mayor poder, pasado de ser los grandes excluidos de la historia boliviana a ser partícipes activos de sistema político”. 
 
Adicionalmente se pondera que la nueva Bolivia también ha realizado un giro de 180 grados en su política de Defensa y Relaciones Exteriores. Sobre lo primero, Bolivia por su vocación pacifista y a pesar de no contar con grandes  recursos económicos   decidió "desviar el foco de los medios militares al desarrollo” por lo que bajo esta lógica "el empeño por obtener la salida soberana al Pacífico está centrado en el instrumento diplomático”. En lo referido a las Relaciones Exteriores, resalta el giro de posición en el eje de prioridades de nuestras relaciones, reemplazando a Estados Unidos por China y otros socios relevantes y creando una relación virtuosa de interdependencias con Brasil y Argentina. Ponderando además que la incorporación del paradigma de la "Diplomacia de los Pueblos”, es decir la incorporación de los Movimientos Sociales y Pueblos Indígenas como actores de influencia en las relaciones exteriores de Bolivia, permitió que la propia ciudadanía chilena apoye la causa boliviana (como sucedió en 2006 y 2014 en el Estadio Nacional y el Teatro Caupolicán), generando a su vez un efecto global que refleja el apoyo de organizaciones internacionales y de grandes personalidades incluidas entre ellas la máxima autoridad moral de la humanidad,  el papa Francisco. 
 
En este sentido, la demanda marítima boliviana puede considerarse como la punta del Iceberg, que en sus cimientos más profundos puede ser explicada por una serie de tendencias positivas que permitieron su inédito posicionamiento. Las cuatro tendencias medulares son: a) el proceso de reivindicación social, b) la descolonización de nuestras relaciones sociales, económicas e internacionales, c) la refundación de un nuevo Estado inclusivo y plurinacional y d) la consolidación de la identidad boliviana, que por primera vez en nuestra historia nacional es motivo de orgullo. Tendencias que forman un anillo nuclear que genera un motor potenciador de nuestra cohesión social, estabilidad política y social, visión pacífica de defensa y visibiliza nuestra causa al mundo entero. En palabras de sus autores "En la medida que esto se advierta, será posible tener más claridad respecto de los temas de fondo que subyacen a la denominada reivindicación marítima”.  
 
Todo lo anterior nos permite señalar con certeza que la demanda boliviana es la expresión directa de una coyuntura inédita en la historia boliviana encabezada por el presidente Morales, expresión que es la cuarta fase de la estrategia histórica de Bolivia por retornar con soberanía al mar, descrita por Rodríguez Elizondo. En cuya primera fase (1879-1904) Bolivia pierde el control de su costa por una invasión y lucha por recuperarla. En la segunda fase (1904-1929) dada la imposición del Tratado de 1904, Bolivia focaliza su atención en obtener Arica dada su situación de indefinición hasta 1929. En la tercera fase (1929 a 2012), Bolivia busca superar su situación de encierro forzoso, logrando obtener promesas jurídicamente vinculantes. Todo lo que permite que la clara visión e incuestionable liderazgo del presidente Morales, inaugure una nueva fase definitoria en abril de 2013 al presentar nuestra demanda ante la Corte Internacional de Justicia; oponiendo una visión pacifista al tradicional estilo militar disuasivo chileno y logrando divulgar al mundo entero nuestra causa frente al encapsulamiento bilateral al que Chile buscaba confinar a nuestro país. 
 
Para el amable lector, resultará curioso que sea la propia Academia de Guerra de Chile la que  tenga el valor y honestidad intelectual de revelar las causas medulares y esenciales del éxito de nuestra demanda; causas que incluso han sido reconocidas por el mismísimo canciller chileno Heraldo Muñoz para quien: "Bolivia no es lo que era en el pasado, pues ha tenido estabilidad de gobierno y representatividad democrática durante una década”.
 
Sin embargo, lo que resulta aun más paradójico es que los cándidos, oportunistas y rancios sectores políticos y académicos bolivianos de oposición no pueda tener un acto similar de grandeza intelectual para reconocer que el éxito de la demanda marítima no se puede explicar sino a través del momento histórico, social y económico que hoy vivimos, de la genialidad de un Presidente que comandó un Equipo nacional e internacional brillante y de un Pueblo que tuvo y siempre tendrá una fe indeclinable en volver al mar.

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