Sociología vagabunda

V for Vendetta

Suárez sostiene que Alan Moore, el autor de V For Vendetta, nos invita a la reflexión y a la revuelta con la pluma y la imaginación como instrumentos.
domingo, 17 de julio de 2016 · 00:00
Hugo José Suárez Sociólogo

 

Tengo muchas razones para sentir una atracción desbordante por Alan Moore (1953), el autor de V For Vendetta. Se trata de un escritor de origen inglés que radica cerca de Londres. Huraño y esquivo, de pelo largo que se confunde con su barba, no disfruta de la vida pública, la fama y mucho menos de los medios, a quienes considera responsables de promover la estupidez, y los evita con sistemática insistencia. 

No ve televisión ni usa internet. Vive en su natal Northampton, desde donde ha construido, hace más de tres décadas, personajes atractivos e intensos, como lo es el propio Moore y su forma de vida. 

A partir de 1981, Alan Moore y David Lloyd empezaron a publicar episodios de lo que posteriormente sería el libro V for Vendetta en la revista inglesa Warrior. Era un contexto muy particular en su país y en el mundo, Margaret Thatcher había ganado las elecciones con el Partido Conservador en el Reino Unido, Ronald Reagan lo hacía con los republicanos en Estados Unidos y empezaba la era más rimbombante del neoliberalismo.
 Se abría un tiempo de homogeneidad intelectual y articulación de las políticas públicas dictadas desde Washington con resonancia en todo el planeta. Fue la década de oro del pensamiento único cuando se veía la disidencia e incluso la esperanza  como equivocada necedad.

La historieta –futurista, situada en 1997, a tres lustros de su tiempo de aparición- cuenta cómo el personaje principal que se hace llamar V, inicia una sublevación contra un gobierno fascista que se instala en el Reino Unido luego de una destructiva guerra nuclear. 

El régimen, que por supuesto aniquila toda minoría (empezando por grupos étnicos, raciales o de diversa orientación sexual) y erradica cualquier opción cultural o política ajena, opera con base en un estratégico sistema propagandístico que controla todos los mensajes y territorios, muy semejante a lo imaginado por Orwell en su obra 1984. 

Su éxito se refleja en la poca reacción de la población; en un episodio, los responsables de la comunicación del gobierno afirman que, luego de las explosiones provocadas contra edificios públicos, el responsable no podría ser alguien común, pues "la gente normal nunca consideraría la posibilidad de volar el parlamento” (Morre, Alan y Lloyd, David, V for Vendetta, Ed. DC Comics, Nueva York, 2005, p. 23). 

Se trata de un sentido común uniforme y homogéneo profundamente instalado, en cuyo horizonte de posibilidad no contempla la diferencia. En un contrapunto, cuando V dialoga con Evey, una guapa y joven mujer que lo acompaña, le dice que no debe aceptar la pasividad que le han querido imponer "no eres realmente tú, no es lo que hay dentro de ti”. 

La rebelión de V tiene importante impacto, llama a no aceptar que las autoridades tomen el poder que le pertenece a la gente. Impulsor del anarquismo, propone la libertad y la autogestión, lo que sólo puede llegar luego de rebelarse contra el autoritarismo. 

Una de las particularidades de V es que nunca enseña el rostro. Trae una máscara blanca, sonrisa fija y forzada, bigote y barbilla negra y fina, pómulos pronunciados y rosados, pelo lacio y oscuro que le llega a los hombros. Usa botas, sombrero y capa negra. Pero como sucede con el Subcomandante Marcos, su voz resuena más allá de la figura. Su imagen se convirtió en un ícono de los movimientos sociales europeos a principios de la década del 2010. 

Miles de rostros en distintas partes del mundo se cubrieron con la máscara de V, hermanando a todos los indignados con un sistema económico empobrecedor. A treinta años de su creación como historieta, V se hacía cuerpo, pasaba a la historia, a la manifestación callejera, volvía a protestar más allá de las páginas del libro. 

En una entrevista en el 2011, Moore nuevamente levantaba su voz criticando a los administradores del poder y de la economía "rapaces en su avaricia y ambición”. El sistema político tampoco tiene mucho qué ofrecer, los partidos se acercan tanto que parecen ser lo mismo: "democracia significa que la gente gobierne. No  que los elegidos por la gente gobiernen”. 

El creador de V apelaba a la acción directa: "No votes por alguien que dice que va a hacer algo, porque lo más probable es que no lo haga. Si quieres que pase algo en el siglo XXI, hazlo tú mismo”, y proponía una crítica profunda al mundo actual y a los gobiernos que quieren imponer una agenda: "Es difícil ver una salida a menos que todos estemos preparados para someternos a una austeridad increíble mientras que los banqueros y ejecutivos siguen cobrando bonos y primas exagerados sin ser penados por los robos a la gente (...). Diría que esto ya no es capitalismo. El capitalismo, brutal como es, al menos implica los principios de ‘sobrevive el más fuerte’ y ‘libre mercado para todos’. Es completamente injusto, pero esto que tenemos ahora ni siquiera es capitalismo; este sistema ha hecho que los bancos aparentemente reciban los mismos privilegios que las monarquías del siglo XVI, cuando éstas funcionaban por encima del Parlamento (...). Debemos decapitar al sistema económico, a la moneda [para tener] un mundo sin moneda ni gobiernos” (Proceso, 26/12/2011).

Moore nos invita a la reflexión y a la revuelta con la pluma y la imaginación como instrumentos.

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