Economía

Más allá del PIB

Morales comenta que una definición tan simple la del PIB está plagada, en la práctica, de grandes dificultades.
domingo, 24 de julio de 2016 · 00:00
Juan Antonio Morales doctor en Economía

 

El empleo del Producto Interno Bruto (PIB) como indicador de desempeño de la economía es relativamente reciente en la historia del pensamiento económico, datando sus inicios  a principios la década de los años 40 del siglo pasado. Las instituciones de desarrollo de las Naciones Unidas le dieron un gran impulso a su uso, especialmente para comparaciones internacionales, y fueron precisando la metodología para uniformizarla entre países, la que se concretó en el Sistema de Cuentas Nacionales. En nuestra América, la CEPAL tuvo un papel fundamental en la elaboración de las cuentas nacionales y en la planificación del desarrollo basado en ellas. M. Syrkin da una excelente reseña de los orígenes del concepto de PIB en el número de Junio del Journal of Economic Literature.

En la primera lección de economía para nuestros estudiantes se les enseña que el PIB informa sobre el valor total de bienes y servicios, valorados a precios de mercado, producidos durante un periodo dado de tiempo dentro del territorio nacional. Para comparaciones internacionales se expresan los PIB de los distintos países en dólares. Como el poder de compra de un dólar no es el mismo en todos los países, hay que corregir el PIB mediante técnicas estadísticas basadas en los precios internos comparados con los precios del país del Norte. Es así que se calcula el  PIB y el PIB per cápita  (o PIB por habitante) corrigiéndolos  por paridad de compra (PIB per cápita PPC).

Una definición tan simple del PIB como la del párrafo anterior  está plagada en la práctica de grandes dificultades.
 
Para citar simplemente dos. ¿Cómo valorar a precios de mercado los servicios de la administración pública?
 
¿Cómo valorar el aporte de los servicios financieros? Sea dicho de paso la medición del aporte (o valor agregado) de los servicios financieros está siendo actualmente  objeto de un intenso debate en los países industrializados.

Más de fondo todavía está el cuestionamiento de si el PIB mide bien el bienestar de las poblaciones. El PIB es un agregado y, en principio, da una aproximación a los ingresos de la población. Queda entonces el problema de cuán bien distribuido está ese ingreso. Está también el problema de si el PIB mide correctamente los resultados del esfuerzo del trabajo combinado con el capital, o más bien contrabandea el agotamiento de los recursos naturales haciéndolos pasar por producción. El PIB peca también por defecto al  no incluir las muy significativas labores de casa no remuneradas, generalmente realizadas por las mujeres. Por último, como muchas decisiones de política económica se basan en el PIB, los gobiernos sienten la tentación de manipularlo.

El concepto y la medición del PIB  han dejado insatisfechos a muchos economistas. En la visión del economista y filósofo A.K. Sen, muchas veces citada, el desarrollo económico consiste en una expansión de las libertades y de las capacidades  de las personas. Una mayor producción, que estaría aproximada por el crecimiento del PIB, tiene sentido en la medida en que libera del hambre y atiende a otras necesidades similares. Pero es bastante obvio que no basta una mayor producción, sino que ésta debe estar también bien y eficientemente distribuida para cumplir con el presupuesto de ampliación de libertades. Algunas de las ideas de Sen han sido recogidas en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora Naciones Unidas.  

Más recientemente, los profesores M. Porter, de Harvard y S.Stern, del MIT, han propuesto un Índice de Progreso Social (IPS) para capturar el nivel de desarrollo social y dar una idea más precisa de dónde se sitúan los países en términos de desarrollo incluyente. El IPS no contiene directamente variables económicas y  se lo calcula con métodos estadísticos rigurosos, a partir de datos de distintas fuentes. No sustituye al PIB, sino que más bien lo complementa en paralelo.

  Un equipo internacional coopera en el esfuerzo. Los resultados del IPS para Bolivia para el año 2016 fueron dados a conocer el 27 de junio pasado. En lo sucesivo la compilación y el ordenamiento de la información para nuestro país estarán a cargo de nuestro compatriota el economista Juan Cristóbal Birbuet. 

Tres dimensiones generales componen el IPS: 1) necesidades humanas básicas; 2) fundamentos de bienestar; y, 3) oportunidades. Cada una de estas dimensiones se descompone en cuatro componentes. Los componentes de Necesidades humanas básicas son nutrición y atención médica básica; agua y alcantarillado; vivienda y seguridad ciudadana. Los componentes de fundamentos de bienestar son acceso a conocimientos básicos, acceso a información y comunicaciones, salud y bienestar, sostenibilidad del ecosistema. Los componentes de oportunidad son derechos de las personas, libertad personal y de elección, tolerancia e inclusión, y acceso a la educación superior.

Una característica importante del IPS es la de estar basada en resultados más bien que en insumos. Así por ejemplo los logros educativos se miden por resultados como la tasa de escolaridad y no por insumos, como el gasto en educación.

El cruce del PIB per cápita corregido por paridad de compra con el IPS da resultados sorprendentes. Costa Rica, a pesar de tener solamente un cuarto del PIB per cápita  de Italia tiene el mismo IPS. Arabia Saudita tiene un PIB per cápita muy alto, pero un IPS muy bajo.

En el IPS, nuestro país ocupa el lugar 72 entre las 133 naciones del estudio y el penúltimo lugar en América del Sur. Nuestro IPS está solamente por delante del  de Venezuela, lo que no es consuelo alguno. En todas las dimensiones del IPS ocupamos lugares bajos. En necesidades humanas básicas estamos en el puesto 82, en fundamento de bienestar estamos en el puesto 59 y en oportunidades en el 65.  

Sin embargo del bajo  posicionamiento general del país y en comparación con nuestros vecinos, Bolivia se sitúa bien en relación a países con PIB per cápita PPC similares. Está mejor que Guatemala, Angola, República del Congo, India, Nigeria y Uzbekistán. Solamente se está detrás de las Filipinas. Lo observado parece sugerir que Bolivia tiene que aumentar su PIB, pero en paralelo poner el máximo de esfuerzo, financiero y de otro tipo, en sus políticas sociales.

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