El sobaco de la víbora

Para vivir en el aire

domingo, 24 de julio de 2016 · 00:00
Machi Mirón

 Ya es costumbre en el país que cada vez que se celebra algún aniversario de un departamento, es obligación de autoridades nacionales o locales  prometer alguna súper obra que beneficie a la población de dicha zona, promesas que a veces se cumplen y otras –la mayor parte– se diluyen en el olvido.                                       

El pasado 16 de julio –aniversario libertario de La Paz– no fue la excepción. El gobierno anunció la ejecución de una nueva línea del teleférico, denominada Celeste o "volando sobre El Prado”, que sería el octavo ramal de este sistema de transporte por cable, que se instalará en La Paz y El Alto.                      

Ya traté el tema cuando iniciaban la construcción de la línea Blanca, esa que cruzará a lo largo de la avenida Busch y cuya construcción no termina de complicar la vida de quienes habitan esa zona, por lo que manifesté mi asombro por la instalación de un teleférico en una zona casi plana.               

Siempre pensé que el teleférico es un sistema de transporte ideal en ciudades como la nuestra, pues permite integrar de manera práctica las zonas altas con las zonas bajas centrales, pues hace posible el traslado de la población que habita en barrios altos. Eso sucede con las líneas Roja y Amarilla.                             

Por ello, implementar este tipo de transporte en zonas llanas que, además son atendidas por varios sistemas de transporte, es algo que suena a despropósito más aún si no son zonas marginales, lo que no sucede con decenas de barrios que han emergido en los cerros que rodean la denominada "hoyada”.                                

Parece que mis conceptos apuntaban mal el tacho. Resulta que la súper obra prometida por don Evo es la línea de teleférico que unirá la curva de Holguín, en Obrajes, con el pasaje Núñez del Prado, pasando por la avenida Arce, la del Poeta, la cancha Zapata, hasta la calle Bueno, a una cuadra del Prado.        

Es más, don Evo garantizó que para la obra –que incluye la línea Plateada, que cruzará la ciudad de El Alto– destinó la pichanguita de 110 millones de dólares (¡Ututuy!). En este punto me pregunto, ¿no saldría más barato (y más práctico) instalar el tren eléctrico del que tanto se habló hace una década? 

Todo esto suena a un proceso de despilfarro económico que no se justifica en un país como el nuestro, un país donde los hospitales públicos incluso de tercer nivel  no cuentan ni siquiera con un tomógrafo, esto sin mencionar al personal médico y paramédico, siempre insuficientes.    

No dejo de preguntarme qué intenciones trae la idea de atiborrar el cielo paceño con tanto teleférico. Mi comadre Pacesita, que no es tan mal pensada, supone que sólo se quiere financiar otro monumento de un millón de dólares para obsequiarle al nuevo presidente argentino, Mauricio Macri.








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