Comentario

Elogio de las fronteras

Carlos Decker Molina comenta Elogio de la frontera, un ensayo muy “personal” que considera “un aporte a una etapa europea carente de ideas”.
domingo, 3 de julio de 2016 · 00:00
Carlos Decker-Molina
periodista boliviano. Reside en Suecia

 

Cuando lo vi, me di cuenta que habían transcurrido 25 años de aquella dedicatoria que estampó en su libro Los Imperios contra Europa, en ocasión de nuestro encuentro en Estocolmo. 

Somos de la llamada en Suecia "generación de los 40”, la que usufructuó de la sociedad de bienestar, no por favorecer al modelo sino por ascender en la escalera social, es decir para beneficiarse abandonando el carácter colectivo por un personalismo feliz. 

Sus defensores dicen que no hay mejor clase media que la que ha sido engendrada en sociedades socialdemócratas. "Es una clase media con ideas sobre la solidaridad, el medio ambiente, la xenofobia y la cultura”.

Regis Debray tiene una cierta aproximación a esos pensadores. Alguna vez lo escuché decir: "Toda sociedad tiene una religión civil. La francesa era la república. Era la máquina de integración, se rompió y lo hicieron todas sus piezas a la vez: el ejército, el sindicato, la escuela que eran los elementos que transmitían una cultura patriótica. El Estado de Derecho no puede vivir sin valores comunes. La ley como tal no es un valor, sino un eslabón más entre los valores trascendentes”. 

Su nuevo libro, Elogio de las fronteras, no analiza la desmembración social, ni los procesos fallidos de integración o asimilación en su país, habla de las fronteras, pero si se ha leído su última producción, su preocupación actual es la universalización de ciertos valores económicos. "Si una gran empresa tecnológica me globaliza, me convierte en un mero cliente o consumidor, algo dentro de mí se rebela porque no sólo soy eso, soy también mi identidad, mi lengua, mi territorio, no soy el no man’s land ansiado por las grandes corporaciones”.

A juicio de Regis, el ciudadano está atado por modelos de identificación que ahora ya no existen. De ahí que surjan inconscientes religiosos o étnicos que le han tomado ventaja a la identidad que surge del concepto y sentimiento de ciudadanía republicana. 

"Si todo desaparece, lo que al individuo le salva del vacío es la identidad religiosa y étnica” y ese vacío produce el vértigo de la sublevación anárquica, sin fin ni objeto, entre el juego y la rabia como expresión de una frustración.
Me habría gustado decirle que escucharlo defender las fronteras resulta incómodo, cuando él, como muchos de nuestra generación, fue un internacionalista. Además, esta es la época de sans frontières, debido a la globalización. La dicotomía pareciera estar entre universalismo y nacionalismo.

En su discurso habló de la ambivalencia de la frontera, es decir, se puede mal utilizar, pero "la frontera supone también una defensa del débil frente al fuerte, reconocen la soberanía de un pueblo frente a una soberanía imperial o capitalista”

Dijo que una frontera no es un muro, sino un pasaje regulado, que permite ir y volver, es el reconocimiento mutuo de una soberanía. "La frontera es la civilización, la igualdad. Si yo soy débil y mi vecino es fuerte, una frontera reconoce nuestra igualdad de derechos y consagra el respeto mutuo”.

"Propongo que seamos patriotas que no es lo mismo que tribales. Me reclamo patriota –eso sí republicano– toda vez que quiero edificar una nación, pero, no sobre la base étnica, tampoco una comunidad de sangre, sino sobre una comunidad de derechos y de leyes, una nación cívica”.

En 2006 enviado por el entonces presidente Jacques Chirac, Regis Debray estuvo en el Oriente Próximo con la misión de escribir un informe sobre la coexistencia etnorreligiosa, fue entonces que un palestino le explicó lo mucho que necesitaba su pueblo de una frontera. 

El internacionalista tardó un poco en comprobar que sí había un muro, era por ausencia de frontera, que incluso se convierte en un factor de paz y en un instrumento en la lucha contra las desigualdades. Ese el comienzo de su ensayo que presentó en la última noche de la Feria del Libro de Madrid.

Conserva un fondo marxista, "las capas más antiguas suelen ser las más sólidas”. Digamos que el marxismo es necesario, pero no suficiente. "Mi referencia a este respecto es Walter Benjamín, quien pretendía reconciliar el marxismo económico y la tradición cultural. Benjamín, Pasolini, Orwell, entre otros, eran los hombres que no escupían sobre el pasado y que sintieron como suyo el deber de asumir cierta tradición, pero quedando del lado de los más débiles”.

Aclaró que su defensa de la frontera no implica estar al lado de los nacionalistas que tienen la concepción de la frontera como si fuera un muro. "Mi frontera es puerta y puente”.

Quedaron muchas preguntas en el tintero, no se trataba de una conferencia, era la presentación de un libro. 
Elogio de la frontera es un ensayo muy personal, pero es un aporte a una etapa europea carente de ideas.

 

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