Matasuegra

¿ Investigación periodística?

En la lógica masista, la investigación periodística responsable se reduce a preguntarle al Gobierno si algo es verdad o mentira, así de simple.
domingo, 3 de julio de 2016 · 00:00
Willy Camacho
escritor

 

 

El 3 de febrero de este año, como todos saben, Carlos Valverde dio la "patada” del año, lo cual, en la jerga periodística, significa "madrugar” a la competencia con una primicia. Lo que el periodista cruceño reveló cambió la agenda mediática y, según el oficialismo, también cambió la intención de voto de muchas personas, determinando la victoria del No en el referendo constitucional.

A casi cinco meses de aquel hecho, Valverde anunció su decisión de terminar con el ciclo del programa  Esto es todo por hoy  –en el que había soltado la "bomba Zapata”–, argumentando que "los anunciantes se borraron, se fueron, dejaron de apoyarnos...”. Esto, sumado al inconveniente de estar fuera del país, por una especie de autoexilio que él mismo se impuso tras los giros que dio el caso.

Valverde dice que no culpa a los anunciantes, aunque cree que pudieron seguir apoyando la labor de Maggy Talavera y Susana Seleme, quienes se habían encargado de conducir el programa las últimas semanas. Quizá los anunciantes optaron por no contratar más espacios publicitarios en  Esto es todo por hoy  debido a que temen alguna represalia del Gobierno; sin embargo, me parece que en esa decisión pesó más el desmoronamiento de la credibilidad periodística de Valverde.

Recordemos que poco antes de salir del país, Valverde había declarado que tenía fuertes dudas sobre la existencia del hijo de Evo Morales y Gabriela Zapata, luego de que una jueza dictaminara la inexistencia del menor. Lo que pudo ser tomado como un acto de honestidad profesional, que mucho bien le habría hecho al periodismo boliviano, terminó siendo un burdo y confuso intento de justificación: "Señora Paco, estamos frente a un caso de un niño que existe en papeles, y aparentemente no existe en la realidad (...) Hay duda razonable como para pensar que el niño no existe físicamente; sí existe legalmente (...) Legalmente el chico existe”, dijo Valverde en su programa, respondiendo a declaraciones de la Ministra de Comunicación, quien aseguró que el asunto del supuesto hijo, desde un inicio, había sido una gran mentira.

De inmediato, varios colegas reaccionaron y condenaron a Valverde, criticando su falta de seriedad, de responsabilidad e incluso de ética. Algo más ecuánimes, otros periodistas hicieron un mea culpa y asumieron sus propias fallas en el tratamiento del caso, reconociendo que se "colgaron” de la noticia revelada por el cruceño y no investigaron a fondo para llegar a la verdad de los hechos.

Lo cierto es que Valverde se apresuró en soltar la primicia, quizá ansioso por recuperar un sitial de importancia en la televisión, o por vengarse de la cúpula masista, cuya influencia fue decisiva para sacarlo de una cadena nacional y relegarlo a un canal local con escasa audiencia. No es menos cierto que la prensa boliviana, en general, solo se dedicó a seguir el caso, convirtiéndolo en una tragicomedia por entregas, sin hacer una adecuada labor investigativa.

Pero acusar a varios medios y periodistas de conformar un "cártel de la mentira” es una exageración malintencionada, que se convierte en amedrentamiento cuando el vicepresidente García Linera pide cárcel para los responsables de la supuesta conspiración político-mediática contra Bolivia ("porque el daño no solo es a Evo, es a todos los bolivianos”, aseguró).

Los medios no mintieron, solamente difundieron la información disponible. El error de la mayoría fue quedarse en la superficie, sumarse al amarillismo –unos más, otros menos– que genera rating y vende periódicos. Un error, no un delito; e incluso lo del "error” es discutible, ya que, aunque sea mal visto, el amarillismo es un tipo de periodismo plenamente aceptado en los países donde prevalece la democracia y, por ende, la libertad de expresión. En tal sentido, estoy seguro de que muchos periodistas bolivianos aprenderán de esta experiencia, y también que muchos otros nunca renunciarán al rating fácil.

Fuera de los errores cometidos, el Gobierno haría bien en reconocer que el periodismo nacional tiene poco margen para realizar investigaciones, pues acceder a información pública es bastante difícil, por no decir imposible. Así las cosas, la prensa se resigna a reproducir declaraciones, muchas veces de terceros, como en el caso Zapata, donde la principal involucrada no puede contactarse con los medios, y el presidente Morales no acepta entrevistas para hablar sobre el tema.

Asimismo, la prensa ha reproducido las recientes declaraciones de Gabriela Zapata ante la comisión de fiscales, cumpliendo la labor de informar al público, pero ningún medio ha investigado más al respecto. Tal vez haya investigaciones en curso –ojalá–, que en un futuro cercano puedan despejar las dudas que aún quedan: ¿por qué la Defensoría de la Niñez no actuó de oficio para esclarecer las causas de la muerte del hijo de Zapata y Morales? Si el progenitor fuese un ciudadano común, con toda seguridad las autoridades considerarían sospechosa la muerte del niño, tomando en cuenta que no hay certificado de defunción ni registro clínico. ¿Por qué la Fiscalía no solicitó a la compañía telefónica el registro de llamadas del ministro Quintana para verificar si había mantenido, o no, comunicación con Zapata? En cualquier otro caso, ese sería el procedimiento lógico, especialmente si el investigado arguye haber perdido su celular. Etcétera, etcétera.

Son muchas dudas, pero ahora el Gobierno no se queja, no pide profesionalismo a la prensa, no le exige una investigación seria. Hace algunas semanas, la señora Zapata mentía, sus abogados mentían... según el oficialismo. Entonces, reproducir esas "mentiras” convertía a los medios en "mafias”, en conspiradores, porque no habían investigado los hechos para informar al pueblo la "verdad”. Hoy, la "verdad” por fin se sabe... según el oficialismo, y hay que creer ciegamente en las palabras de doña Gabriela.

Por lo tanto, en la lógica masista, la investigación periodística responsable se reduce a preguntarle al Gobierno si algo es verdad o mentira, así de simple. Si Carlos Valverde hubiera hecho esa "investigación”, seguiría emitiendo su programa, y probablemente con publicidad estatal.

 

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