Polémica

TEC chatarra

No se capta aquello que no se quiere captar. Es más preciso indicar que lo público marcha a ritmos privados.
domingo, 14 de agosto de 2016 · 00:00
Raúl Calderón J. periodista
 
No es el denominativo de instituto de formación técnica para el reciclado. Ni creación musical, derivada del género de combinación que fuera popular a fines de la centuria anterior. Más bien, paradojas evidentes del culto a la tecnología y su parafernalia. 

Discurso y acción opuestos. cercanía al doble lenguaje. Para argumentar la imposición tecnológica. En su momento, alusión a supuesto abandono del espacio público en que se la implanta y promesa de magia revitalizadora. Beneficio, comodidad, aseo y aparente seguridad, los pretextos del mercadeo. 

Sin embargo en la práctica, lo contrario. Obras repentinas, desbordantes. Alrededor de los arbitrariamente designados centros, los perímetros de desechos metálicos, escombros de anteriores construcciones, tierra desertificada, ocupación de vías, reducción de carriles, oclusión del tránsito. Donde previamente existía panorama de vegetación y paisaje saludable, la devastación y reductos desde los cuales continuarla. El área arqueológica, histórica, conmemorativa, verde y humana, transformada en indefinido territorio de nadie y aparcamiento supra-terrenal. Van delineándose, así, fundamentos, pilares, niveles y conectores, que sin haber terminado de surgir muestran escala desmedida. A lo cual, se agrega el aislamiento del vecindario, por lo intransitable y peligroso de las rutas que hace poco eran fluidas. 

El modo de vida y desplazamiento, afectados. Toques de silbato y gritos, de cuando en cuando intentan impotentes revertir la situación. Vitalidad y traslación, a merced de la tecnología que oferta soluciones entre las nubes, pero sobre el terreno aporta al caos (no generador).

Algo de memoria pertinente. "Privado” a nombre de "público”, el laudo cuando hubo intento de contención. La defensa de los legados compartidos, fue considerada  disimulo. En el fondo existirían intereses particulares, se aseveró. A fin de disipar la fuerza de la queja, el juego de términos introdujo un elemento que no disminuye la magnitud de lo puesto en evidencia. Súmase la afirmación de que no sería visible el riesgo y daño a los legados. Y es que no se capta aquello que no se quiere captar. No fuera más preciso, indicar que lo público marcha a ritmos privados.

Innegable que en general las tecnologías modernas llegan a convertirse en chatarra, metal deteriorado. Adquieren carácter insulso, inservible. El tiempo, desuso, deterioro y la sustitución contribuyen. La presión de las modas aparentemente inexorables, se encarga. Tragedia de la modernidad, y su consumismo, al fin. 

Pero cuán complicados los artificios tecnológicos merecedores del calificativo en cuestión. Sin que intervenga la temporalidad. Y con lamentables contingencias agregadas.

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