Nicaragua

La violación de una geografía

domingo, 14 de agosto de 2016 · 00:00
Carlos Decker-Molina periodista

 

En mis años de enviado especial, me tocó visitar Nicaragua, en más de una ocasión. 

A mi generación, aquella que quiso conquistar el cielo y llegar al paraíso a balazos, la revolución sandinista nos fascinaba. Tal vez porque era la prueba de su giro al reformismo, oculto en el discurso antiimperialista, los uniformes verde oliva y las consignas. Era distinta, era una revolución "no de puños cerrados sino de manos abiertas”, además se atrevieron a convocar a elecciones y, ganaron contra el señor Cruz y su alianza. Escribí un folleto testimonial en base a entrevistas a todos los líderes del espectro político, que compitió electoralmente contra los sandinistas.

Reescribieron la constitución y, pensando que iban a gobernar como el PRI de México, establecieron siete años de gobierno para la siguiente elección. 

Testifiqué la histórica elección de 1990. El comandante Tomás Borge nos concedió una entrevista a mí y al enviado de Página 12, mi colega Walter Goobar. Todavía la veo a Bianca Jager (sobrina de Tomás) que nos saludó y nos condujo al salón. Allí apareció Borge, poeta y guerrero y al rato dijo: "Ningún partido de oposición puede ganar a los sandinistas”. Goobar y yo, a pesar de intuir la respuesta, preguntamos a coro: ¿por qué? 
Borge era un artista, hizo una pausa, bebió un sorbo de café, hizo bailar uno de sus dedos en los aires del salón invadido por el sol tropical y dijo: "No puede ganar un partido reaccionario, de hacerlo dejaría de creer en las leyes del desarrollo político”.

A los dos días de la entrevista, "las leyes del desarrollo político”, le dieron el triunfo a la viuda de Chamorro, "una alianza reaccionaria”. 

Intentamos un nuevo encuentro, pero el comandante Borge estaba ocupado en otros menesteres.
Cuando Daniel Ortega reconoció la derrota del frente Sandinista, el principal observador internacional, el ex presidente estadounidense, Jimmy Carter dijo: "Ayer un guerrillero, hoy un estadista”

Luego, salieron a  luz los trapos sucios y la culminación fue la "piñata”, es decir, la repartija de bienes entre la muchachada sandinista. Pero dos años antes de la derrota salió a luz otra historia.

Zoilamérica, una jovencita, abrió la boca para denunciar a su padrastro de abuso y acoso sexual. "Es una mitómana” dijo la madre y defendió al marido. La denuncia quedó como nota al margen de la historia, porque se combatía en el frente hondureño, por ahí entraban "los contra” y las elecciones eran otra preocupación. "Espera compañero, se solidificará la arquitectura revolucionaria del sandinismo, a través del expediente liberal de las elecciones”. Pero, perdieron.

A la madre de Zoilamérica, la conocí en Estocolmo. Era la traductora y esposa del comandante. ¡Cómo el guerrero, iba a hablar el idioma del imperialismo! Para eso están los traductores simultáneos. 

La denuncia de Zoilamérica fue tomada en cuenta por la prensa internacional, pero se perdió en algún juzgado porque "el delito -si lo hubo dijo la magistrado- había prescrito”.

Hoy, el cuerpo de Zoilamérica, aquella adolescente manoseada, se reproduce en la cartografía de un país. Nicaragua es como si fuera la niña, manoseada, vejada y ultrajada por el mismo violador. 

Una amiga, traductora simultánea de conferencias internacionales, me dijo: "de alguna manera somos cómplices de las mentiras de los políticos”. Probablemente no siempre es así, pero en el caso de Nicaragua, la cómplice exigió su cuota de poder.  No me extraña que la madre de la vejada sea candidata a la vice presidencia. 
Es la reproducción del somocismo por los mismos medios: La trampa.

Zoilamérica, al enterarse de la candidatura de su padrastro y su madre, escribió en su twiter: "La candidatura es la extensión de la complicidad del mismo abuso que yo viví, hoy extensivo a la práctica política”

Daniel y Chayo, su mujer, ganarán las elecciones de noviembre. No hay oposición, pero sí varios partidos que son instrumentos del de Ortega. Se repite el somocismo. ¿Sandinismo? ¡No! Es simple y llanamente orteguismo. 

Sergio Ramírez, su vicepresidente en los años revolucionarios, hoy su tenaz opositor, escribió: "Es como si las elecciones de este año ya hubieran ocurrido”.

 


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