Economía

Pleno empleo en Bolivia. ¿En serio?

Ni el Estado ni la academia ni los organismos internacionales quieren focalizar el debate social en la “dignidad” del empleo, dice el autor.
domingo, 21 de agosto de 2016 · 00:00

Enrique Velazco Reckling


Confieso que todavía no estoy seguro si Armando Méndez dice "en serio” o con un tono de ironía, que Bolivia no tiene un problema de desempleo; el problema sería que gran parte de los trabajadores -el 70%- está en el mundo informal donde no aplican las "ideales leyes sociales” que sólo benefician al 30% de "trabajadores aristocráticos” que tienen trabajo formal ("Bolivia es un país de pleno empleo”, Página Siete, Inversiones, 31.07.16).

Ironía o no, la conclusión de Armando tiene contradicciones. Para el INE una persona cuenta como ocupada si trabaja por lo menos una hora a la semana en la producción de bienes y servicios; pero no reconoce la categoría de informal: "la informalidad o empleo informal -aclara el INE-, no es un concepto que el INE utiliza, porque estas ‘categorías’ se asocian a personas que desarrollan actividades económicas ilegales, no deseables o improductivas”. 

Es decir, para el INE la tasa de desempleo se refiere a personas que se desenvuelven en la "formalidad”. Pero, efectivamente, muchos especialistas muestran que incluso más del 70% de la PEA trabaja sin el beneficio de las leyes sociales, aunque no necesariamente en actividades que sean ilegales, indeseables y/o improductivas:
 entonces, ¿el desempleo que mide el INE se refiere sólo al 30% "formal” de la PEA? Si no es así, ¿cómo define el INE la formalidad o informalidad? ¿cómo mide la legalidad, la "deseabilidad” o el umbral de productividad de las actividades laborales? 

Estas consideraciones resaltan, una vez más, que nos falta mucho de precisiones al analizar el empleo. Para empezar, no tenemos una definición de "empleo”; usamos como sinónimos "trabajo”, actividad productiva de bienes o servicios que puede ser remunerada o no; "ocupación”, que es cualquier actividad para usar el tiempo de la persona; y "empleo”, entendido como trabajo remunerado que a su vez puede comprender el empleo asalariado formal, el informal, el auto-empleo por elección (formal o informal), o el cuenta-propismo forzado. Esta última "categoría” es la más dura expresión de la auto-explotación laboral a la que están obligadas las personas por la incapacidad estructural de nuestra economía para crear puestos de trabajo y oportunidades de empleo digno. 

El empleo digno ha sido definido en 2001 por Inaset como alternativa a la idea del trabajo decente de la OIT, que se refiere esencialmente al trabajo (asalariado o no) en relación de dependencia. El empleo digno, además de las características que la OIT incorpora, resalta que el trabajo debe ser justo y equitativamente remunerado -al margen de que se realice en condición de dependencia o de autoempleo-, que debe contribuir a la realización emocional y personal, y que debe incluir entre las responsabilidades del Estado, el asegurar que las personas no sean forzadas al cuenta-propismo como medio de supervivencia. 

Desde 2003, se ha ido popularizando el uso del adjetivo "digno” (junto a trabajo o empleo) hasta incorporarse en la Constitución Política del Estado y en la Ley Marco de Autonomías. Lamentablemente  es muy evidente que la gran mayoría de la gente no comprende ni ha internalizado su significado. En general, por el uso parcial e impreciso de los conceptos, hay un abanico de "calidades y dignidades” asociadas a los "empleos”, pero que no son los aspectos que se analizan y consideran centralmente al momento de medir, discutir o corregir el comportamiento del (des)empleo.

Por ejemplo, con el criterio del INE, en el ámbito rural existe el pleno empleo, a pesar que el ingreso promedio del pequeño productor rural no pasa de   5.000 bolivianos anuales, que no tiene ningún tipo de seguridad social (ni de corto y menos de largo plazo) y que al estar al margen de las normas laborales y sociales, está totalmente desprotegido. 

Volviendo a la nota de Armando, supongamos por un momento que todo el PIB es generado sólo por los "trabajadores aristócratas”; el promedio de su ingreso laboral sería la parte del PIB que se destina a las remuneraciones dividida entre "la PEA formal”. El PIB en 2014 fue de 228 mil millones de bolivianos, de los que 60.000 millones de bolivianos se destinaron a remunerar a los empleados; la PEA son unos seis millones de personas, y 1,8 millones (el 30%) serían formales. Dividiendo 60.000 M/1,8 M resulta que, en promedio, cada "trabajador aristócrata” recibiría  33.300 bolivianos  anuales (incluye salarios y otras remuneraciones: aportes patronales, doble aguinaldo, etc.), que se traducen en 15 mensualidades de   2.200 bolivianos (unos 320 dólares).

¡2.200 bolivianos mensuales para un "trabajador aristócrata”!: ¿Será éste el ingreso de un empleo que asegure una vida digna? ¿Cómo será entonces la vida de los "informales”?

La realidad, lamentablemente, es que ni el Estado ni la academia ni los organismos internacionales quieren focalizar el debate social en la "dignidad” del empleo, ni en el rol central que el empleo tiene como factor determinante de la magnitud y de la calidad del crecimiento económico y del desarrollo social. Mientras no adoptemos -pero bien "en serio”- conceptos comunes sobre el empleo, no tiene sentido hablar de desempleo; pero seguiremos desperdiciando recursos en ampulosos proyectos y programas centrados en temas como emprendedurismo, empleabilidad, desempleo juvenil, desempleo femenino, bolsas de empleo, etc. que, por muy llamativos que sean, no dejan de ser sólo síntomas.

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