Opinión

Toda política exterior necesita una brújula

Guevara afirma que no es ninguna novedad que los ideólogos de cualquier plumaje piensen que esquilmar a sus países en nombre de la derecha o de la izquierda, es algo sagrado.
domingo, 21 de agosto de 2016 · 00:00

Walter Guevara Anaya

 No es por falta de evidencia empírica que se puede presumir que el presidente Evo Morales puede llegar a pensar que los Estados Unidos están tratando de aplastar a la República Popular China mediante el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (ATCE) con el objetivo de obstaculizar su re-re-re-elección. A esos extremos caricaturescos lleva la ideología cuando está al servicio de intereses personales. 

Ese es un error en el cual no han persistido los sagaces y muy astutos hermanos Castro que gobiernan la República de Cuba. Ellos se han tragado sus pretensiones de liderazgo ideológico mundial para restablecer relaciones diplomáticas, comerciales y políticas con los Estados Unidos de América en beneficio de todos los cubanos. Esta inteligente decisión política y diplomática ha dejado fuera de juego a sus aliados menos flexibles, entre los que se destacan tanto el Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia como el de Venezuela. 

El caso de Venezuela es el más patético de todos. Es uno de los países con mayores reservas probadas de petróleo en el mundo. Goza de un enorme mercado cautivo a muy poca distancia. Estados Unidos compra la mayor parte de su petróleo. Al Gobierno de Venezuela no le importa si el pueblo no come, si le faltan medicamentos o atención médica, si no consigue trabajo, si se siente inseguro en las calles, incluso si no encuentra papel higiénico o pañales. Esos son los sacrificios que le impone al pueblo de Venezuela simplemente por preservar la pureza ideológica del régimen.

No es ninguna novedad que los ideólogos de cualquier plumaje piensen que esquilmar a sus países en nombre de la derecha  o de la izquierda, así como lo hicieron los dictadores militares del pasado, o hasta hace poco los Gobiernos izquierdistas del Brasil y la Argentina, es algo sagrado, mientras que hacer contrataciones competitivas que favorezcan el interés nacional es un daño a la patria porque los procesos transparentes toman mucho tiempo.

Los contratos del Estado Plurinacional de Bolivia con empresas estatales chinas no se constituyeron mediante procesos competitivos abiertos y transparentes tal como lo exigen las leyes y los intereses del país. Fueron consagrados con agua bendita ideológica. El que la ideología sea altamente rentable para algunos miembros y allegados del Estado Plurinacional de Bolivia se minimiza desde el poder como algo anecdótico, pasajero y secundario. Para algunos aprovechadores muy bien protegidos los escándalos pasan pero lo ganado queda. 
Según la visión estrechamente ideológica de las actuales autoridades bolivianas, cuatro países traidores de la unidad anti-imperialista latinoamericana (Chile, Colombia, Perú y México) fundaron la Alianza del Pacífico exclusivamente para servir a los intereses de los Estados Unidos de América. De acuerdo a esa misma visión, Bolivia debería privilegiar la pertenencia a organismos de tendencia anti-imperialista como son el ALBA, UNASUR y CELAC, los que no tienen un efecto integrador palpable a pesar de su alto perfil ideológico.  Los actuales responsables de la política exterior boliviana consideran que los numerosos países de la Cuenca del Pacífico que buscan integrar sus economías mediante el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (ATCE) no tienen otro objetivo que aplastar al principal aliado económico del Estado Plurinacional de Bolivia, que es el gobierno ultra comunista en su fachada externa, pero ultra capitalista en los hechos, de la República Popular China. 

Según nuestras actuales autoridades el objetivo principal de esta alianza no es promover los intereses comerciales de sus países ni maximizar la complementación de sus economías, sino venderse al imperialismo. No se dan cuenta del grado de dependencia al que están sometiendo a su país mediante un tejido de préstamos y contratos con la República Popular China. Una política libre de complejos ideológicos permite insertar al país en todos los circuitos internacionales de los cuales puede sacar ventaja sin volverse dependiente de ninguno de ellos.

Para cualquier gobierno mínimamente serio y responsable, los principios permanentes de la política exterior boliviana deberían ser tres: 

1) maximizar las ventajas de la posición geográfica de Bolivia en el centro de América del Sur, tomando la iniciativa de coordinar los variados mecanismos de integración a los que pertenece o debería pertenecer Bolivia, como ser los que agrupan las cuencas amazónica, andina y río platense, ventajas que sólo Bolivia tiene en la región, sin excluir a ninguno por razones ideológicas; 

2) mejorar las condiciones de acceso y tránsito de nuestras mercaderías de exportación e importación por los puertos marítimos tanto del Océano Pacífico como del Atlántico (Arica, Iquique, Ilo, Mollendo, Puerto Aguirre y cualquier otro que se pueda habilitar);

3) mantener relaciones políticas y comerciales ventajosas para Bolivia con las grandes potencias del norte (Estados Unidos y Canadá), del este (Unión Europea y Gran Bretaña) y del oeste (China, Japón y Corea del Sur), sin que sus cambiantes ideologías y gobiernos afecten en lo más mínimo los intereses bolivianos. 

Estos tres principios elementales de geopolítica y diplomacia no dependen de ideologías pasajeras de izquierda, centro o derecha, ni tampoco del oportunismo político ideológico de derechistas, izquierdistas o centristas. Por el contrario, conforman la base sólida que nos permite defender los intereses permanentes del país, como son: 

1) el acceso a un puerto útil y soberano sobre el Océano Pacífico así como a otros puertos convenientes

2) el aprovechamiento económico y comercial de diferentes sistemas de integración a los que pertenece Bolivia debido a su posición geográfica central, en particular los de la Alianza del Pacífico y del Mercosur por ser los que en la actualidad están cobrando mayor prestancia

3) la neutralidad ideológica que, como a Suiza, le permitiría a una Bolivia libre de complejos ideológicos mantener relaciones comerciales, económicas y diplomáticas favorables con todas las potencias del mundo.

 

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