Medioambiente

Fervor patriótico en llamas

Estamos ante un caso crítico de uso negligente de recursos públicos que al parecer no sabe distinguir las prioridades, ni considerar seriamente las emergencias con una mirada de largo plazo en los tiempos del cambio climático.
domingo, 28 de agosto de 2016 · 00:00
Elizabeth Peredo Beltrán  psicóloga social
 
Un voraz incendio ha devorado el Parque Tunari calcinando 5.000 hectáreas de bosque en pocos días. No es la primera vez que hay incendios allí. Cada año un incendio destruye cientos de hectáreas y el humo castiga inclemente la atmósfera del valle que año tras año se torna más y más densa y contaminada. Este fenómeno tiende a agudizarse por una simple razón: la sequía que acompaña las elevadas temperaturas que trae consigo el cambio climático (fenómeno subestimado por las autoridades y los políticos). 

Este año hay 52.056 focos de calor en Bolivia, especialmente en Beni y Santa Cruz, según los reportes de la ABT (Autoridad de Bosques y Tierra)  http://abt.gob.bo/images/stories/FocosCalor/2016/08-17/Boletin_16_17_08_2016.pdf 

Hace poco se lamentó un nuevo incendio de consideración en la localidad de El Puente en la provincia Guarayos (Santa Cruz) y otras localidades que amenazan con convertirse en incontrolables, mientras que la humareda ha inundado ya Ascención de Guarayos, afectando a la población con una atmósfera irrespirable e insalubre.

Los incendios en todo el mundo se han hecho muy frecuentes por el cambio climático, las causas circunstanciales pueden ser las mismas, una chispa, un fuego de chaqueo, un accidente o un crimen de pirómanos, pero su efecto es cada vez más devastador porque hay más calor y más sequía y el pasto seco se convierte en combustible eficaz para voraces incendios. Según el National Geographic, cada año se producen alrededor de 100.000 incendios forestales en el mundo, que terminan devastando entre 1,6 y 2 millones de hectáreas de bosque. El cambio climático es una de las explicaciones de su exacerbación y en su base están las formas en que las sociedades "producen su bienestar” dando fin con los bosques, quemando pastizales para limpiar terreno, desertificando o produciendo energía, bienes y alimentos con el fuego, preparando tierras agrícolas para la producción. 

Las sequías están afectando no sólo los bosques, sino tierras cultivables en todo el mundo, con una pérdida de 12 millones de hectáreas anuales, es decir, 33.000 hectáreas diarias, según el informe de expertos de la Convención de las Naciones Unidas contra la Desertificación. Y si a esto sumamos los incendios que consumen los bosques, las pérdidas son alarmantemente insostenibles. http://www.ipsnews.net/2016/08/arable-land-lost-at-unprecedented-rate-33000-hectares-a-day/

Hubieron incendios enormes en las últimas décadas producto de este fenómeno, los de California en 2007 que desplazaron a un millón de habitantes y destruyeron 1.500 hogares; los de Australia en 2009 en que murieron 173 personas y muchas ciudades quedaron devastadas; el de Rusia en 2010, donde se quemaron unos 2,3 millones de hectáreas a consecuencia de más de 32.000 incendios y costaron más de 15.000 millones de dólares en daños dejando a miles de personas sin hogar. 

Hace poco en 2016, un pueblo entero en Canadá ha casi desaparecido por el fuego: se trata de Fort Mc Murray donde 88.000 personas han debido dejar sus casas convertidas en cenizas. Era un rico y próspero pueblo construido gracias al boom petrolero por estar cerca de una zona de arenas bituminosas cuya explotación se hace a cielo abierto y que ha abusado del uso de energía, el dinero y una gran cantidad de agua, destruyendo parte de los bosques de la zona y consumiéndose la humedad de los mismos. Expertos "aseguran que la sequía y un invierno más templado que lo normal dieron las condiciones ‘perfectas’ para que (el fuego) se extendiera rápidamente y Fort Mc Murray ardiera sin control.”
 
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/05/160506_canada_incendio_polemico_fort_mcmurray_arenas_bituminosas_men 

En este mes de agosto un voraz incendio en California ha obligado a 82.000 personas a evacuar de sus hogares. Mientras Canadá y EEUU se vanaglorian de su éxito gracias a la explotación de petróleo y gas, y los políticos se congratulan de haber resuelto el desafío del cambio climático en Paris COP 21,  la devastación que producen estos sistemas de explotación y consumo va destruyendo los bosques, agudizando las sequías y hace vulnerables a comunidades y ciudades enteras.

El fuego que consumió parte del Parque Tunari ha coincidido con la celebración de la fundación de la patria. Las autoridades, el Presidente y el Vicepresidente participaban de fervorosos homenajes reiterando su amor por Bolivia y celebrando el crecimiento económico del que supuestamente debemos sentirnos todos orgullosos, mientras que en el valle cientos de voluntarios de la sociedad civil junto al   personal de la unidad de gestión de riesgos (Sar-FAB) y los bomberos intentaban apagar el fuego del Tunari a plan de baldes y precarias cadenas humanas. Ni un simple helicóptero y menos una flota de aviones cisterna estaban disponibles para aplacar el fuego y durante más de cinco días la población del valle de Cochabamba estuvo respirando un aire contaminado por el humo del incendio. Las llamadas de auxilio no fueron atendidas inmediatamente y aunque las autoridades locales se trasladaron al lugar probablemente con la mejor intención, lo que faltaba eran los equipos, la capacidad de respuesta inmediata, los protocolos de reacción ante los incendios, la institucionalidad y el presupuesto necesarios para responder a semejante desafío. La FAO, junto a muchas otras entidades, han recomendado ya hace años "un enfoque más integrado para combatir los incendios, que comprenda no sólo su extinción, sino también prevención, control de quemas, alerta temprana y preparación y todo esto requiere de una mayor inversión”.
 
http://www.fao.org/news/story/es/item/89063/icode/ 

¿Cómo es posible que un Estado que está dispuesto a invertir 6.000 millones de dólares en una cuestionada mega represa en la Amazonía, que ha decidido invertir 300 millones de dólares en una central de investigación nuclear que supuestamente preparará a la Bolivia del futuro para la energía nuclear "ecológica” (no hay energía nuclear ecológica), que invierte algo como 36 millones de dólares en un edificio para la burocracia estatal y al menos 7 millones de dólares para el Museo de Evo Morales en Orinoca, no tenga dinero para dotar de equipos adecuados y una estructura institucional pertinente para enfrentar los focos de calor y los incendios en tiempos de cambio climático? 

El fervor patriótico ha enfrentado una prueba de fuego y ha fallado, nos hemos convertido en una nación que sabe cantar himnos y hacer actos cívicos masivos por la patria con autoridades que enfatizan su júbilo antiimperialista, pero que no tiene la capacidad de responder a este tipo de emergencias que se incrementarán a medida que las temperaturas sigan subiendo en el planeta, crisis causada en gran parte precisamente por los imperios del poder del dinero y del consumismo fosilizado. La respuesta, como siempre, la acabó dando la gente de a pie con su solidaridad, su capacidad de organización para trasladarse a apagar el fuego !con baldes! El incendio que amenazaba a El Puente en Guarayos intentó ser apagado con !turriles! Acciones desde abajo que -a pesar de la evidente falta de recursos- contrasta con la capacidad de respuesta de los políticos. Es decir que estamos ante un caso crítico de uso negligente de recursos públicos que al parecer no sabe distinguir las prioridades, ni considerar seriamente las emergencias con una mirada de largo plazo en los tiempos del cambio climático.

Los primeros hombres que accedieron al fuego en la civilización humana hace 1.600.000 años no sabían cómo encenderlo, sólo lo trasladaban de un lado a otro manteniéndolo vivo para poder sobrevivir ellos mismos. Hoy pareciera que no sabemos cómo apagar los incendios que provocamos. Sólo queda recuperar el sentido común; no del que hablan algunos políticos para dotarse de un lenguaje pseudo revolucionario y pseudo democrático, sino del que busca poner en práctica la gente cuando sale de sus casas, de su comodidad, de su espacio seguro para expresar su solidaridad e intentar apagar el fuego que no provocaron.

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