Semblanza

Andrés Soliz y la venta de gas a Brasil

Muller, exministro de Hidrocarburos en el gobierno de Jaime Paz Zamora, rememora el momento en convenció a Andrés Soliz para que apoye la venta de gas.
domingo, 11 de septiembre de 2016 · 00:00
  Herbert Müller Costas exministro de Energía e Hidrocarburos.
 
 Confieso que nunca fui un admirador de Andrés Soliz Rada, porque siempre nos  separaron visiones políticas, lo que nos llevó a transitar por caminos diferentes en la vida. Tuve la posibilidad de charlar con él en una sola oportunidad: fue para discutir y buscar la posibilidad de consensuar una política de Estado.  A los pocos días de su fallecimiento, deseo relatar uno de los entretelones de la negociación del contrato de compra-venta de gas a Brasil, porque más allá de la anécdota, es una parte de la historia de nuestro país.

Andrés Soliz Rada defendía sus puntos de vista con mucha pasión:  uno de ellos era la no venta de gas a Brasil. No estaba solo en esa posición, la prueba más clara de ello fue que ni el general  Hugo Banzer en la década de los años 70, ni el MNR con Víctor Paz Estenssoro a la cabeza del Gobierno en la década de los 80, y pese a las diferentes negociaciones y acuerdos entre Bolivia y Brasil, no lograron materializar la firma de un contrato de venta de gas.

En 1989, Jaime Paz Zamora fue nombrado Presidente Constitucional de la República;  en la primera etapa de su gobierno  logró un acuerdo con Brasil para la venta de energía eléctrica. Para ello, anunció que  se construiría una planta termoeléctrica en Puerto Suárez que demandaría aproximadamente cinco millones de metros cúbicos de gas diarios. No era mucho, pero era mejor que nada. El gran problema del proyecto era que limitaba severamente la posibilidad futura de venderle más  gas a Brasil, ya que el tamaño del ducto no lo permitiría y, hacer un ducto sobredimensionado le quitaba toda rentabilidad a la planta termoeléctrica. 

Por ello, cuando fui designado Ministro de Energía e Hidrocarburos por el presidente Paz Zamora, de inmediato me puse en contacto con mi homólogo en Brasil, con el fin de estudiar alternativas que nos permitiesen vender un volumen importante de gas.  En esa época era fundamental para Bolivia aumentar la producción de gas y, obviamente, venderlo, debido a que el gas que producimos viene asociado con líquidos y así nos evitábamos la importación de gasolina.

 Después de varias reuniones llegamos a la conclusión de que si queríamos penetrar el mercado brasileño, en ese momento no quedaba otra alternativa que desechar el proyecto de la venta de electricidad a  Brasil a través de la termoeléctrica  y, más bien, concentrarnos  en un proyecto bilateral más ambicioso que le permitiera a Bolivia exportar su gas, y a Brasil cambiar su matriz energética para producir energía más limpia.

De esta manera, se empezó a negociar el contrato de venta de gas a Brasil, con la oposición de muchos sectores en ambos países. En este país el argumento para no comprar gas era que Bolivia no era confiable; por lo tanto, se pondría en riesgo su seguridad energética. En Bolivia, los argumentos variaban:  los más fuertes estaban centrados en la preferencia de industrializar el gas, en la desconfianza sobre la capacidad de los negociadores bolivianos para lograr un precio justo o que era preferible "pájaro en mano que ciento volando”. Las diferentes corrientes insistían en concentrarse en la construcción de la termoeléctrica en la frontera.

En ese escenario, nos tocó viajar por todo el país, explicando en profundidad el proyecto, en especial, a los comités cívicos de Santa Cruz, Tarija, Chuquisaca,  y a los partidos políticos de la oposición, entre otros, sobre las ventajas de suscribir un contrato de venta de gas a Brasil y no así de venta de energía eléctrica. 

Entre 1989 y 1993, Condepa era un partido fuerte, representaba en mayor o menor medida a sectores populares. Además, ya se había iniciado el proceso eleccionario y este partido, encabezado por el compadre Carlos Palenque e Ivo Kuljis, contaba con un importante respaldo ciudadano. En consecuencia, era fundamental contar con su apoyo para hacer realidad el proyecto de venta de gas a Brasil. Su principal hombre en materia energética era Andrés Soliz Rada; si él no estaba convencido, era difícil prever que Condepa apoyara el proyecto.  

Un día llamé por teléfono a Carlos Palenque para invitarlo a una reunión para explicarle en detalle el proyecto; me respondió que él no iría nunca a mi despacho, le aclaré que yo no lo invitaba a mi despacho, sino que el propósito era reunirnos donde él quisiera y se sintiera cómodo. Después de un largo silencio, me dijo -bueno, reunámonos en la casa del partido-.
 
Quedamos en reunirnos a las dos de la tarde de un día jueves. Cuando llegamos con el ingeniero Hugo Peredo, subsecretario de Energía -quien, sin lugar a dudas, ha sido el mejor negociador  que ha tenido YPFB en su historia, estoy seguro que algún día el país le reconocerá su invalorable aporte al desarrollo de la industria hidrocarburífera de país-, nos encontramos con la plana mayor de Condepa en la puerta de sus oficinas en la avenida Ecuador.  Allí se encontraban Carlos Palenque, Ivo Kuljis, la comadre Remedios, Andrés Soliz Rada y Ricardo Paz, entre otros. 
Carlos Palenque me dijo que el portero de la oficina no aparecía;  por lo tanto, no había forma de entrar a las oficinas porque era el único que tenía la llave.  Les ofrecí entonces reunirnos en mi departamento; luego de consultas entre ellos, aceptaron.

La reunión empezó alrededor de las 15:30, a eso de las 21:00, luego de un intenso debate e intercambio de criterios, Andrés Soliz hizo una pausa y me dijo: "Ministro, quiero decirle que mañana saldrá publicado en la prensa un artículo mío en contra de la venta de gas, lamentablemente lo envié ayer. Pero quiero asegurarle que en el futuro no volveré a oponerme a este proyecto porque ahora entiendo por qué es bueno para el país” .

Cumplió con su palabra. De esa manera, Condepa levantó su oposición y finalmente  se logró, después de muchísimos años, un consenso nacional sobre la venta de gas.  

El contrato de compra-venta de gas a Brasil, suscrito en 1993, permitió atraer importantes montos de inversión extranjera en el área de exploración y explotación, con lo que se aseguró la cantidad de reservas de gas necesarias para garantizar el cumplimiento del contrato y se evitó la importación de gasolina en esa época. El IDH y la coparticipación tributaria cambiaron la vida de casi todos los municipios del país. 

Lamentablemente, ese mismo espíritu de diálogo y consenso no primó cuando se puso en el debate la construcción de una planta de compresión de gas en Chile para la producción de LNG en el gobierno de Jorge Quiroga, que hubiese hecho de Bolivia un actor más en el mercado internacional de ese hidrocarburo.

Finalmente, me permito recordarle al lector que desde el punto de vista técnico y económico, la instalación de la planta de compresión de LNG en Perú era inviable y que el precio del gas como energético es significativamente más alto que el precio del gas como materia prima para la industria petroquímica. Sin embargo, lo más importante: las políticas de Estado son imprescindibles para el crecimiento del país y éstas se logran solamente cuando se busca el diálogo sincero  para lograr los consensos. 


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