Polémica

Lo que ignoramos los bolivianos

El autor comenta un artículo de la periodista chilena Viviana Lavín sobre el desconocimiento entre chilenos y bolivianos.
domingo, 11 de septiembre de 2016 · 00:00
Andrés Guzmán Escobari 
[Twitter: @andriguzman]

 

Hace unas semanas, la periodista chilena Vivian Lavín publicó en este mismo espacio un artículo titulado "Lo que ignoran los bolivianos”, referido a lo difícil que es comprender  la realidad chilena desde la perspectiva boliviana, cuando los que hablan en nombre del pueblo chileno, en nombre del "Chile profundo”, son justamente quienes están satisfechos con el sistema actual que favorece a los más poderosos.

En efecto, según la autora, el desconocimiento que tenemos los bolivianos de los chilenos y viceversa, es la semilla de la desconfianza y de la odiosidad que hemos visto resurgir en el último tiempo en los discursos y en las acciones de nuestras autoridades. Lo cual, si bien es cierto, no estaría completo si no consideramos que también influyeron las enormes discrepancias que tienen las narrativas maestras de uno y otro país respecto a la historia -especialmente respecto la Guerra del Pacífico-, y la cantidad y gravedad de asuntos pendientes que aún subsisten entre nuestros países.   

Lavín también afirma que los bolivianos desconocemos el sacrificio que hacen la mayoría de los chilenos para sobrevivir en una sociedad muy desigual, con grandes capitales controlando los recursos naturales y los medios de comunicación, con un sistema de pensiones que en lugar de asegurar una vejez digna para los contribuyentes, "alimenta a la banca y a las grandes empresas que terminan fagocitando el 50% de todo el dinero que reúnen”, y con un sistema que favorece a unas cuantas familias que se han enriquecido  en los 26 últimos años de posdictadura y en detrimento del bienestar popular. 

Si bien es innegable que en Bolivia tenemos la percepción de que los chilenos viven bien –al menos mejor que nosotros–, porque sabemos que sus indicadores de pobreza y desarrollo humano son mejores que los nuestros,  en el último tiempo, las críticas que ha hecho el presidente Evo Morales al sistema político chileno y las noticias que llegan desde Chile sobre los escándalos de corrupción y el descontento popular, han cambiado un poco esa percepción. 

Ciertamente, los fuertes cuestionamientos que ha hecho Morales al sistema neoliberal que impera al otro lado de la cordillera, donde supuestamente gobiernan partidos socialistas y comunistas, y el énfasis que ha hecho respecto a que "todo está privatizado en Chile, hasta el mar”,  han incidido fuertemente en la opinión de los bolivianos sobre el gobierno de Santiago y sobre cómo viven los chilenos, que hasta hace poco eran valorados positivamente. De igual forma, la información que se ha difundido a nivel internacional sobre los casos de corrupción que se han descubierto en Chile  y que salpican a casi toda la clase política (oficialismo y oposición), a los empresarios, militares, dirigentes deportivos y otros,  también ha tenido una incidencia directa en la apreciación que tiene el boliviano promedio sobre la sociedad chilena. Lo cual ha sido particularmente llamativo por venir de un país que paradójicamente se había hecho conocer por su transparencia institucional e identidad legalista. 

Ese cambio de percepción, si bien es reciente y se desarrolla con una buena dosis de desconocimiento, como bien apunta Lavín, también ha hecho surgir la idea de que es el momento oportuno para exigirle a Chile que cumpla sus compromisos de negociar una salida soberana al mar por un lado, y de garantizar el libre tránsito de Bolivia en su territorio y puertos del Pacífico, por el otro. A lo cual se suman los reclamos por la utilización no equitativa ni razonable de los ríos Lauca y Caquena, y por el uso gratuito e ilegal de las aguas del Silala, aunque este último caso fue judicializado por Chile.  

Esa idea de aprovechar la coyuntura, que en buena medida ha guiado las acciones de la diplomacia boliviana en el último tiempo, se fundamenta además en el hecho de que en este lado de la cordillera también hubo transformaciones importantes, pues se ha pasado de una tradicional inestabilidad política y falta de gobernabilidad, que casi siempre había caracterizado a Bolivia, a un periodo en el que se ha logrado mantener una relativa paz social y se han podido ejecutar políticas sociales y económicas de largo plazo. Lo cual, a su vez, es el resultado de las medidas de inclusión social que ha impulsado el actual Gobierno para considerar en las decisiones nacionales a importantes segmentos de la sociedad. 

Toda esta situación   representa una suerte de inversión de papeles, donde la inestabilidad política y la debilidad del Gobierno ya no son las características de Bolivia sino las de Chile, y marca un contexto inédito en la historia de las relaciones boliviano-chilenas que se ha traducido casi inevitablemente en el tensionamiento y distanciamiento que estamos viviendo actualmente, que sería tal sin los factores ya mencionados: el desconocimiento del otro, las discrepancias de las narrativas maestras y la subsistencia de varios temas pendientes.  

Este cambio de papeles,  sin embargo, ya se ha comenzado a estudiar en los ámbitos académicos de ambos países. Una muestra de ello es el libro La Punta del iceberg, la aspiración marítima boliviana y sus implicancias en la seguridad y defensa de Chile (2015), del Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra de Chile, que analiza en detalle la situación política, económica y social de Bolivia desde la perspectiva de los investigadores chilenos: Pablo León, Cristian Faundes, Marjorie Gallardo, Osvaldo Cerpa, Andrea Gaete y Carl Marowski,  con el prólogo de  José Rodríguez Elizondo. 

Por el otro lado, los investigadores bolivianos: Daniel Agramont, José Peres Cajías, Marwin Flores, Rodrigo Fernández y quien escribe, también han estado trabajando en un estudio sobre esta situación que pronto saldrá a la luz y que analiza tres aspectos clave de las relaciones boliviano-chilenas: 1) las causas de la extrema dependencia que tiene Bolivia de los puertos chilenos; 2) la aplicación histórica y presente del libre tránsito estipulado en el Tratado de 1904 y sus acuerdos complementarios; y 3) la relación que existe entre las élites económicas chilenas y el comercio marítimo boliviano. 

Por todo esto, aunque en las actuales condiciones no es posible augurar una recomposición de nuestras relaciones en el corto plazo, ni tampoco el establecimiento de la paz y la amistad que merecen nuestros pueblos, tal como afirma Lavín, es evidente que al menos en ciertos ámbitos de estudio existe la intención de construir las bases para superar esas desconfianzas y odiosidades, que por tanto tiempo nos han distanciado y nos han llevado al punto donde estamos.

 

Comentarios