Ensayo

Sociología del miedo y el poderoso

Mamani describe a los poderosos y sus dos expresiones más íntimas: el placer del poder y el miedo a perderlo.
domingo, 11 de septiembre de 2016 · 00:00
Pablo Mamani Ramirez  sociólogo
 
¿El placer y el odio pueden estar asociados a la sociología del miedo? Lo que llamamos la sociología del miedo y la sociología del placer están asociados en nuestro medio al poder "moderno” y colonial. En este artículo, el miedo lo trataremos por quien ejerce el poder, dado que los estudios hablan más del miedo provocado por la modernidad y los demonios de la Edad Media. Lo que nos llama la atención es cómo el miedo y el placer provocan cambios radicales de personalidad relacionados con la toma de decisiones. Una apretada agenda y toma de decisiones provoca el quebranto de la salud física y emocional de los poderosos. 

Rápidamente, es importante decir que el poder tiene dos lados trágicos para el poderoso. Uno es el placer del poder y el otro es el miedo, que luego deriva en el odio más atrabiliario. El disfrute es el hecho de ser obedecido y el miedo es el de no ser obedecido. Los poderosos disfrutan porque la gente que los rodea los trata con las mayores consideraciones y los obedecen hasta en el menor detalle. Además, se hace realidad lo que ellos/ellas quieren. Es el sentir que el mundo está a la orden de sus ideas o actos. Esto los hace especiales. Sumamente especiales, hasta divinos. El problema es que esa práctica sistemática aumenta la curiosidad y el deseo de ser obedecido cada vez más y más. Y cuando quieren más y más y las condiciones institucionales así lo constituyen, esto los lleva al deseo de lo infinito. Y paradójicamente este hecho se eleva luego exponencialmente.

Y lo infinito es un sentir permanente deseo del poder para hacer que el mundo se mueva según sus gustos y deseos de placer. Y si ello no ocurre, viene el miedo en primera instancia; y luego el odio más profundo ante la posible pérdida del privilegio real o deseable. Ahora este sentir de infinitud se convierte en un gran problema porque los lleva a un estado de ánimo llamado delirio.
 
El delirio del poder es ser único y absoluto. A esto se lo puede llamar también enfermedad del poder. Y claro, está determinada por los grandes intereses económicos y sociales que tienen que ejecutar o están a la orden de esos intereses. El poder es una realidad de acciones que en nuestro medio histórico no es sólo la capacidad de imponer legítimamente, como decía Weber, sino es el hecho de anular e inferiorizar al Otro hasta los niveles extremos.

El delirio es un estado de irrealidad. Es el hecho de extraviarse de la realidad del mundo que los rodea. Se abstraen de las relaciones sociales a la que pertenecen y esto finalmente es el sustento del ejercicio de su poder. Llegado a ese punto  ven por todos lados traidores;  la complejidad sociológica se resume en un Yo único. Y ahí está justamente el delirio de ser el Todo para sentir y estar por encima de todas las instituciones sociales. 

Prima el deseo de ser grande frente a los otros,  ser aplaudido, o halagado hasta el éxtasis de la "adoración”. Sin ese hecho estos hombres o mujeres pierden el sentido de realidad de la vida o por el otro les sube el miedo. Esa es la consumación de la enfermedad del miedo del poderoso. El poder les arrebata del mundo de hombres y mujeres de la que ellos son parte fundamental para dejar de  serlo. 

En ese sentido, el delirio tiene la capacidad de anular al ser humano y convertirlo en semi Dios.
 
¡El poder es más que el poderoso! Y a partir de ese estado, el hombre gobernante convierte a los otros hombres y mujeres en enemigos o amigos. Su visión del mundo real o físico se nubla porque sólo quieren escuchar lo que desean o lo que los asesores quieren. El entorno de su más inmediato sentir es ahora el sustento de la seguridad para decir y actuar no importa que esos mientan o igualmente sean parte del nublamiento del mundo de la realidad. 

Ahí, el enemigo trágicamente es todo lo que se mueve y el amigo es lo que no se mueve. No puede haber nada que esté fuera de control para el disfrute o el miedo. Y el amigo no es el que aconseja sino el que obedece fielmente ya sea mal o bien. O ambos.

 Junto a ello surgen otros deseos y otras realidades ligados siempre al disfrute y al miedo. Es el placer material de poseer objetos suntuosos o juntarse con hombres afamados sin mayor beneficio que tratar de engrandecer su nombre. 

Los reyes y caudillos suelen  ostentar entonces palacios lujosos frente a pueblos en miseria. Ahí está la mayor demostración de esta enfermedad del miedo. Ya no les importa la miseria de su propia gente. Y en ello se agranda el placer del sexo, dado siempre como poder o miedo. Es la disponibilidad de ese placer o el no tenerlo. Disponibilidad es cuando uno quiere. Es el deseo de poseer algo que otros no siempre pueden tener. Ahí están los grandes peligros del poder. En Bolivia los poderosos al parecer caminan por esta historia sinuosa. 

Y todo ello al final se convierte en el Poder atrabiliario. Esto no es novedad pero es una realidad de hombres o mujeres que ejercen el poder. Éste es un régimen de poder bilioso, severo, adusto, desabrido, irritable, gruñón, colérico, irascible, violento, destemplado; que tiene relación con la paranoia política. En razón de ello, ven enemigos en todos lados y cualquier crítica se considera enemiga y puede ser calificada de derecha o izquierda dependiendo del contexto y estructura de la historia del poder del momento. Lo atrabiliario es una forma de deformar la realidad porque vive un realismo de divinidades donde el líder es "un Cristo resucitado”. Esa auto-referencia divinizada les imposibilita escuchar críticas políticas y sociológicas porque les irrita volver a la realidad. En otras palabras, esto devela una gran inseguridad y miedo ante sí mismo y ante sus inter-pares.

Su paradoja consiste en que la realidad inmediatamente se revela como una gran mentira y luego tiene su referencia en su propio miedo. Y el efecto de ello, es decir de este mundo atrabiliario, es la producción de la cultura del miedo. Y con ella la gente vive un mundo de miedo como se observa en México o Brasil y otros países dados en experiencias históricas como el nazismo o los bolcheviquismos. 

Tal situación los lleva a ver lo político como venganza para convertirlo en una regla general de las relaciones de poder. Lo cual a su vez los lleva a dobleces en actos y palabras aunque con un gran aurea de discurso moral. Aquí, los "ideólogos” hablan abiertamente para acallar a la gente a nombre del deseo común. Y lo curioso de ello es que no hay intelectuales que develen esa realidad (ellos han sido silenciados) y entonces hablan y escriben los propios poderosos. Es un pequeño grupo que se siente intocable e iluminado. Y ahí el poder colonial que anula e inferioriza para producir un vacío en el Otro, para luego apropiarse de esto y ser la única y a la vez la primera de todos los hechos históricos. Pero el poder puede ser muchísimo más poderoso que ellos juntos.

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