El sobaco de la víbora

El culebrón no terminó

domingo, 18 de septiembre de 2016 · 00:00
Machi Mirón

 A media semana, el ministro de Defensa, Reymi Ferreira, presentó en la Feria del Libro una nueva obra suya (antes ya había publicado otros libros), en el que aborda el caso Zapata, pese a que, –según muchos suponíamos– era algo que el proceso de cambio se esforzaba por olvidar.                                           

No había sido tan así, pues poco más de una semana antes la ministra de Opacidad –perdón, ¿Transparencia? Lenny Valdivia, presentó un libro de su autoría sobre el mismo caso, lo que me deja como patada de bolivarista, pues nunca imaginé que el tema hubiera fascinado tanto al gabinete ministerial.   

Cómo es óbice, la primera interrogante que surge se refiere a la rigurosidad que puede distinguir a estas obras pues, como es sabido, investigar cualquier tema es un trabajo que consume muchas horas al día y los ministros se jactan que sus obligaciones en sus ministerios les consume 35 horas diarias. 

Ergo, ¿cómo, estos dos ministros, pudieron robarle tiempo a sus deberes para realizar una labor tan ardua que significaría la base de sus obras? No mencioné la redacción, trabajo que sin duda consume muchas otras horas. Salvo, claro está, que hubieran sido apoyados por sendos equipos.    

A esto se suma la coincidencia de la presentación de ambas obras, pues todo lleva a suponer que los criterios que las marcan coinciden plenamente, lo que de por sí nos lleva a pensar en ciertos fines políticos, aunque don Evo aseguró que él no había encomendado su elaboración.                                                   

Lo cierto es que la tesis gubernamental se esfuerza en hacer suponer que los resultados del referéndum del 21 de febrero responden a la trama tejida por ciertos sectores en torno a la relación entre el Presidente y la señora Zapata, historia que consumió grandes espacios en medios de comunicación.        

No tardó demasiado para que todos definieran tal historia como una telenovela, que fue alimentada por argumentos esgrimidos por el gobierno. Fue Ferreira quien aseguró que el niño de la historia nunca había existido, aunque nadie se preocupó en aclarar por qué don Evo había reconocido su paternidad.                                  

Otras razones esgrimidas por el oficialismo aportaron a la confusión creada en torno al tema, aunque parece que hoy el objetivo apunta a hacer suponer que aquellas mentiras fueron causa de la derrota del oficialismo, ergo, si se piensa en una posible re–re–reelección, hay que lavar todas las manchas. 

Todo hace suponer que la edición de las dos investigaciones responde a este fin, por lo que no extrañaría que, en próximas semanas, otros miembros del equipo ministerial presenten sus propias investigaciones. Ya hay quien habla de un trabajo del ministro Quintana, cuyo título sería "Pero sigo siendo el Rey”.

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