Polémica

Gracias por el debate

domingo, 18 de septiembre de 2016 · 00:00

Maricruz Ribera Jiménez

 

460 voluntarias, 8.500 niñas, 3.600 madres y padres en dos años de trabajo y más de 6.000 mujeres en la carrera 3K "Yo soy mi primer amor” son el reflejo del evidente éxito del programa que reúne cada sábado a cientos de niñas y adolescentes en La Paz, El Alto, Chulumani, Viacha, Patacamaya, Oruro, Santa Cruz, Mairana, Montero, Sucre, Potosí y Cochabamba. Ese éxito provocó el debate sobre mi físico y los contenidos del programa. El debate sobre los grafitis que se armó en redes sociales y medios, estuvo cargado de respaldo y apoyo al programa pero también de mentiras descaradas como llegar a afirmar que enseñamos automaquillaje o que el programa es financiado con recursos municipales. Pero sobre todo, hubo ignorancia acerca de lo que realmente hacemos.

Respecto a mí, sólo debo decir que no me siento una Barbie ni la mujer perfecta, soy una mujer que ha aprendido de sus errores, que se ha caído una y otra vez, que aprendió a amarse y perdonarse, superando el miedo de niña de no poder hablar frente a su curso,  la agresión recibida por desarrollarse voluptuosamente a temprana edad y convertirse en el centro de críticas injustas como las que vuelvo a escuchar 20 años después y que me recuerdan a la profesora que decía que "las rubias eran tontas”; o al debate brutal entre algunas madres sobre si tenía silicona o si me crecieron los pechos porque seguro los chicos me metían mano.
 
Agresiones que como hoy, también provenían de frases de mujeres, frases que no te matan, pero que te pueden dañar psicológicamente por años.

Se ha cuestionado de sobremanera mi paso de modelo a presentadora de televisión y de ahí a directora de un programa de empoderamiento y prevención a la violencia. ¿Qué sería de las personas si no nos reinventamos, si no crecemos y maduramos con el tiempo? Mi motivación y la de cientos de voluntarias no tiene nada que ver con contratos de modelo y televisión ni autopromoción; mi motivación, como la de Andrea Renjel que viaja cada fin de semana en flota desde Cochabamba para ser voluntaria al lugar donde estemos, son las cientos de niñas y adolescentes que asisten a nuestros talleres en busca de un mejor futuro que el de sus madres y abuelas; niñas a quienes enseñamos las cosas que una mujer debe saber para evitar que las críticas destructivas la dañen y  aquellas señales que indican cuándo un noviazgo va a terminar en violencia y así, aprendan a alejarse y no teman denunciar cuando alguien las maltrata y vulnera sus derechos. Para que aprendan a tomar decisiones correctas y no influenciadas por el qué dirán; para que tengan un plan de vida, aprendan a manejar sus frustraciones y luchen por hacer realidad sus sueños; para que aprendan a aceptar y cuidar su cuerpo tal y como es y no bajo ningún parámetro estético, como alguno del cual hace una década yo misma fui presa. 

Se nos ha calificado como un programa que  trabaja en temas de autoestima como único aporte en nuestra lucha contra la violencia, ignorando que éste es sólo uno de los 10 temas que trabajamos junto a derechos, toma de decisiones, cuidado del cuerpo, plan de vida, rol de género, manejo de emociones, prevención de violencias y trata y tráfico.

El debate también provocó preguntarnos con las voluntarias y amigos profesionales e intelectuales acerca de las críticas y, este artículo refleja esa amplia discusión que nos motivó a ratificar lo que estamos haciendo. 

La autonomía y la libertad son la base de la que muchas mujeres en el pasado han partido para enfrentar la violencia machista. Hoy nosotras usamos el diálogo y el juego como base para la reflexión crítica para que en adelante y de forma autónoma sean las mismas niñas quienes tomen decisiones sobre sus vidas y sus cuerpos. La autonomía que se activa con la autovaloración y alta autoestima son y seguirán siendo la base para cuestionar y enfrentar cualquier tipo de violencia.

No buscamos eximir a los violentos de su responsabilidad ni cargar la culpa de la violencia sobre las niñas, simplemente entendemos que la violencia contra las mujeres actúa tanto sobre el que es formado para ser violento como sobre la que es formada para someterse a prejuicios, roles y decisiones que no son suyas. Por tanto, hemos decidido trabajar con hombres también desde pequeños para evitar que en el futuro nuestra  tarea para enfrentar la violencia machista se reduzca a la denuncia y el encarcelamiento de más y más violentos y feminicidas. Esta tarea es hoy una responsabilidad del Estado y la propia sociedad, pero que debe expandirse en todos los ámbitos como las diferentes zonas y escuelas donde trabajamos, pero en especial en el ámbito de las familias y por eso trabajamos con padres y madres en talleres paralelos.

Es en estos espacios que se origina y reproduce la violencia, sin conceptos teóricos, sino con prejuicios expresados en frases comprensibles, con acciones y roles que se repiten y asignan cada día a niñas y niños, generando comportamientos violentos o afectando la autoestima de las niñas, por el solo hecho de ser mujeres, independientemente de su círculo social y económico, y de ese modo, anulando la capacidad de soñar, definir y decidir el tipo de vida que quieren vivir y la sociedad que quieren construir. "Quién se cree esta imilla” o "cunumi”, "mujercita es, nació para sufrir”, "salí de aquí y anda a cocinar”, "para qué vas al colegio si te vas a aplazar”, "ni los perros te van a querer”, "no estás completa, no tienes marido”, "no te vas a realizar como mujer hasta que no tengas hijos”,"ésta es mi hija la bonita y ésta la inteligente” o "es la rubia tonta” son parte de la misma violencia social diaria y prejuiciosa hacia las mujeres.

Quienes nos critican tienen un discurso intelectual elaborado pero incapaz de llegar a los corazones y mentes de las niñas que asisten a los talleres, no encandiladas por una imagen, sino por los crecientes casos de violencia que transmiten los medios y buscando  un momento de reflexión para evitar a sus hijas una vida como la de muchas de ellas. 

Nuestra metodología no apunta al adoctrinamiento de las niñas, pues aquello significaría una nueva vulneración de sus derechos. No buscamos imponer un modelo estético y tampoco buscamos imponer un modelo ideológico o de cómo "debe ser” una niña o mujer y tampoco criticamos, preferimos confrontarnos con la realidad de cientos de niñas ansiosas por compartir sus dudas e inquietudes respecto a su crecimiento personal en medio de una sociedad que diariamente naturaliza la violencia y las desvaloriza.

El prejuicio que justifica que una mujer sea abusada por usar minifalda es bien parecido a decir que verse de un modo particular no nos hace creíbles o que debemos seguir con actitudes "exhibicionistas” porque según algunas es lo predecible para una exmodelo. Ninguna de esas creencias nos impedirá seguir luchando contra la violencia y la discriminación contra las mujeres y sembrando en las niñas el amor propio que, ya sabemos,  puede cambiar su destino.

Gracias a Gabriela Ichazo por su apoyo, a Jenny Ibarnegaray y Tania Sánchez por los comentarios constructivos; gracias a María Galindo, Drina Ergueta y Cecilia Lanza por iniciar y continuar el debate y por supuesto a todas y todos quienes aportan desde las redes al debate y nos brindan su apoyo y su aliento para seguir adelante. 


 

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