El traje del Arlequín

La trágica historia del libro

Zárate reivindica una obra conjunta de Adolfo Costa du Rels y Alberto Ostria, que fue primero quemada y luego olvidada.
domingo, 18 de septiembre de 2016 · 00:00
Freddy Zárate abogado

 

El Traje del Arlequín, una obra publicada en 1921, fue escrita en coautoría por Adolfo Costa du Rels y Alberto Ostria Gutiérrez. 

Hasta el día de hoy, la historia del texto es desconcertante y dramática por sus peculiaridades. Según el relato de Ostria Gutiérrez y Costa du Rels, ambos se encontraron por casualidad en la ciudad Sucre. En una tarde, cuando el sol caía sobre la ciudad de los cuatro nombres, salió la idea de escribir un libro de cuentos de temáticas dispersas, para tal fin se pusieron un límite, el lapso de un mes (tiempo que duraba la vacación de ambos diplomáticos). 

Una vez aceptado el reto: "Costa du Rels fue a buscar inspiración a Totacoa y Ostria Gutiérrez a Yotalilla (…). El cometido se cumplió al pie de la letra. Durante un mes, cada uno, por separado, borroneó cuartillas bajo los molles y durazneros, a la vera de las acequias o del estanque. (…). Al atardecer los dos amigos se juntaban para mostrarse lo avanzado en el día, cambiar impresiones, criticarse mutuamente y sugerirse correcciones”, relata el historiador Roberto Querejazu Calvo, biógrafo de Adolfo Costa du Rels.

Una vez cumplido el plazo acordado, Costa du Rels presentó 13 cuentos bajo los siguientes títulos: Luz que se apaga, El jettatore, El Tanga-Tanga, Pasaba un tren, La suerte de Ducoing, La Misqui-Simi, La condesa von Divona, El Santo Cristo, El príncipe encantado, Un papel estrujado, Sonia, El lazo y Su último capricho. Por su parte, Alberto Ostria Gutiérrez propuso otros 13 relatos :La quinceañera trágica, Sabastito, La mayorcita, Nochebuena, El perro de Mr.
 
Thompson, Después del baile, Una carta, El ciego, Venganza, Como el agua turbia, Debajo la máscara, La promesa y Justicia.

Los autores eligieron como título del libro El Traje del Arlequín, por asemejarse a la imagen típica de un payaso de la comedia italiana que lleva la vestidura multicolor simbolizando el variado contenido del texto. Como aditamento, la carátula y las ilustraciones a cada cuento fueron realizadas por el caricaturista Luis Groc.

Finalizado el manuscrito, Alberto Ostria Gutiérrez, de retornó a Buenos Aires (Argentina), llevó los originales a la ciudad de La Paz y contrató los servicios de la Empresa Editora Gonzales & Medina para publicar un tiraje de 800 ejemplares. El libro se terminó de imprimir el 16 de mayo de 1921  y faltando pocos días para su distribución en las distintas librerías del país se produjo un incendio en la imprenta. El fuego devoró prácticamente la totalidad de los libros, milagrosamente se salvaron 50 ejemplares. Este hecho fortuito significó para Adolfo Costa du Rels el destino del "fuego purificador”, que impidió que su primera creación literaria no viera la luz pública por tener muchas imperfecciones (confesión hecha décadas después a Roberto Querejazu). Se puede advertir que el inesperado incendio espantó emocionalmente a los jóvenes escritores que decidieron olvidar premeditadamente el libro El Traje del Arlequín.

Tres décadas después, Adolfo Costa du Rels publicó una serie de relatos del altiplano titulado El embrujo del oro (VIAU, Buenos Aires, 1948). En este libro el autor recupera el cuento La Misqui-Simi (parte del libro El Traje del Arlequín). En los años setenta Costa du Rels volvió a retomar a su personaje Claudina (protagonista del relato La Misqui-Simi) en su novela Los Andes no creen en Dios (Editorial Planeta, Barcelona, 1973). Tres décadas después, el cineasta Antonio Eguino llevó a la pantalla grande Los Andes no creen en Dios, estrenada en Bolivia el 22 de marzo de 2007. 

La recepción académica del libro El Traje del Arlequín pasó desapercibida. Los intentos de parte del escritor Armando Soriano Badani por rescatar y seleccionar cronológicamente a varios cuentistas publicó una Antología del cuento boliviano 1900-1974 (Editorial Los Amigos del Libro, 1975); esta compilación reprodujo solamente el relato La Misqui-Simi de Adolfo Costa du Rels, pasando por alto varios relatos de El Traje del Arlequín. A finales del siglo XX, el sociólogo Salvador Romero Pittari publicó un estudio concerniente a libros y sensibilidades de principios del siglo XX, titulado Las Claudinas (La Paz, Editores Neftalí Lorenzo E. Caraspas, 1998). Salvador Romero intentó explorar los diferentes rostros del fenómeno del encholamiento durante las primeras décadas del siglo XX. 

Para esta investigación el autor se enfocó en tres obras literarias: En las tierras de Potosí (1911) de Jaime Mendoza; La Misqui-Simi(1921) de Adolfo Costa du Rels y La Chaskañawi (1947) de Carlos Medinaceli. La relación de esta trilogía literaria está en que los tres escritores nacieron en Sucre; los escenarios geográficos descritos por estos tres autores es Potosí; la protagonista que se hace recurrente en los distintos relatos es la joven Claudina de origen chola; los trajines amorosos de los protagonistas catalogados como "jóvenes decentes” está en conquistar el amor de las  Claudinas. Esta conjunción de hechos, lugares y personajes fue el hilo conductor que siguió el sociólogo Romero para interpretar las sensibilidades de la época, donde las Claudinas simbolizaron el encholamiento en una sociedad "culta”. El cholaje fue percibido como un ascenso y una caída social de la clase alta. El estudio de Salvador Romero pone en evidencia que la categoría "cholo” o mestizo fue cambiando en su tono discriminador. En la actualidad, ser mestizo implica una reivindicación sociocultural, por otro lado, ser mestizo simboliza un rechazó al Estado Plurinacional por encasillar a todo boliviano a una de las 36 nacionalidades indígenas.

 

Confidencial

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