Pacto fiscal

Por un Estado razonable

Los resultados del referendo del 21F corroboraron la necesidad de regionalizar el Estado desde el ciudadano para generar decisiones razonables, afirma Paz.
domingo, 04 de septiembre de 2016 · 00:00
Rodrigo Paz Pereira Alcalde de Tarija

 

En mayo de 2015, como nuevo Alcalde del municipio de Tarija, propuse a los bolivianos construir un Estado razonable desde las regiones (ver Página Siete, del 31.5.2015).

En ese entonces señalé que comenzaba un nuevo ciclo político tras los resultados de las elecciones subnacionales de principios del 2015, "el ciclo que comienza (…) nace desde las regiones, desde lo local, desde el ciudadano mismo y desde allí proyecta al ámbito nacional, no un liderazgo, no a alguien que concentre la suma de las expectativas, sino a varios líderes locales y regionales que son los que ahora, tras las elecciones, deberán cobrar protagonismo en el diseño y la construcción de un Estado razonable”.

Los resultados del referendo del 21F corroboraron la necesidad de regionalizar el Estado desde el ciudadano para generar decisiones razonables.

Luego de más de un año de gestión como alcalde y gracias a la experiencia compartida entre la ciudadanía tarijeña y el Gobierno Municipal, hago un espacio para profundizar, desarrollar y amplificar la idea del Estado razonable.

Quiero hacerlo de la manera más clara, directa y concreta posible ya que el nuevo mandato del ciudadano, especialmente de los jóvenes, nos pide acabar con discursos de plazuela y abrir el debate sobre el país que queremos con visiones y proyectos posibles, viables y asumibles para  construirlos entre todos. Esto es lo que yo llamo debatir destino. La construcción de un Estado razonable es medular y decisiva en esa dirección.

¿A qué llamo un Estado razonable?  Un Estado razonable es aquel en el que se toman decisiones en función de las necesidades de los ciudadanos, de las prioridades que  los ciudadanos deciden en conjunto. 

Esos consensos sociales colectivos, los considero "bienes comunes” o "bienes públicos”. 
Un Estado razonable administra y promueve bienes públicos y su tarea principal es priorizar esos bienes públicos que los ciudadanos demandan. 

A la luz de la experiencia compartida, los bienes públicos para los tarijeños son el agua, el transporte, la recolección de basura, la seguridad ciudadana, la construcción de un espacio amable pero también una visión productiva, empleo o el debate abierto sobre un nuevo modelo de Pacto Fiscal.

En la medida que se va cumpliendo con el mandato de la gente, se generan dos procesos que complementan y completan un círculo virtuoso: por un lado, se afirma la cohesión social, lo que facilita la gobernabilidad política y aminora los efectos nocivos de la realidad económica -hoy signada por la crisis, el recorte presupuestario, la falta de circulante en la población y el desempleo.

Por el otro lado, el Estado razonable, la promoción de los bienes públicos y la cohesión social promueven una consolidación y el fortalecimiento de la ciudadanía.

Entiendo ciudadanía como los vecinos y vecinas de mi Tarija que dejan de ser habitantes pasivos del barrio, de la ciudad, de la región, de nuestra Bolivia y que asumen compromisos con una visión de los problemas comunes. Dejan de ser pasivos para convertirse en protagonistas activos de los cambios imponiendo un Estado razonable en las decisiones de sus autoridades.
Este es el nuevo signo de los tiempos políticos que corren. 

El nuevo escenario político en Bolivia está maduro para superar los liderazgos únicos y, en contrapartida, un Estado razonable que tome decisiones en función de las necesidades de los ciudadanos.

En esa dirección, insisto, hay que establecer claramente qué y cuáles son los bienes públicos, los bienes transversales, que benefician el conjunto de la sociedad y potencian al ciudadano como el articulador de esos cambios.

Ya no es el líder único, como estamos acostumbrados desde el siglo XIX, es el ciudadano el que transforma. 

De esa manera, los cambios y las transformaciones adquieren una cualidad imprescindible: al ser colectivas, respaldadas por el estado, serán irreversibles, ya que no sólo serán decisiones que afecten la realidad económico-social de la ciudad o del país, sino, sobre todo, decisiones que afirmen una identidad cultural y política, algo que podríamos llamar "la democracia del siglo XXI”.

El Estado razonable dialoga, negocia y coopera entre todos los niveles de su administración -el central, el regional y el municipal- y se constituye en un bien común, en el bien público de todos que alienta la nueva cultura ciudadana de cara a los nuevos desafíos del siglo XXI.

En esa nueva cultura ciudadana el derecho a la información o la protección de la naturaleza como bien común supremo -ya que es el hogar donde vivimos todos y vivirán también nuestros hijos y nietos- son centrales.

Bolivia con tan solo 34 años en democracia ha sabido plasmar y desarrollar dos paradigmas, dos ideas, dos instrumentos fundamentales para la construcción de nación y de la patria: la democracia y la inclusión social.

Ya son bienes comunes y públicos de todos los bolivianos que nos exigen un compromiso, un ajuste y una renovación permanente. 

En la nueva política que busca bienestar, el paradigma es ciudadano y es lógico, da sentido común y es totalmente práctico: es un Estado que cada vez se democratiza y se institucionaliza más, que está más próximo a los ciudadanos y se vuelve más comprensible, más solucionador de problemas y, por tanto, razonable para todos.

Mi propuesta de Estado razonable tiene que ver con todo lo anteriormente expuesto pero también con una convicción fundamental que me anima: debemos superar para siempre la polarización  inconducente y paralizante que carece de sentido para la democracia y la inclusión social que defendemos. 

Tenemos por delante un camino ancho por donde construir ciudadanía, profundizar la democracia y trabajar en nuestra propia vía de desarrollo económico, reafirmando la esperanza que nos permite superar, a través de nosotros mismos, todas las crisis y problemas que nos toque enfrentar. 

Soy optimista. Tarija está demostrando, sin pocas dificultades, que todo esto no sólo es deseable sino una realidad que vamos viviendo y construyendo a diario.

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