Semblanza

Gregorio Selser, el primer cronista de Sandino

Salazar retrata al periodista e historiador argentino que mitificó a Sandino y siguió de cerca la América de los 70 y 80.
domingo, 04 de septiembre de 2016 · 00:00
 Juan Carlos Salazar del Barrio periodista
 
Es cierto que la historia la escriben los pueblos, pero también es evidente que muchos acontecimientos no hubiesen sido posibles en el tiempo sin la mediación de otros factores, personajes o hechos, a veces ajenos no sólo a los sucesos y sus protagonistas, sino al mismo escenario histórico.

Cuánto influyó el libro Sandino, general de hombres libres en la toma de conciencia del pueblo nicaragüense sobre la situación de su propio país, es algo difícil de saber, pero el fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Carlos Fonseca Amador, dijo alguna vez sobre su autor, el historiador y periodista argentino Gregorio Selser: "Parece mentira que haya sido un argentino, a miles de kilómetros de distancia, quien nos descubrió al más grande de nuestros héroes”.

Hablando con una modestia impropia para quien había escrito hasta entonces una veintena de libros sobre la historia latinoamericana, Gregorio Selser me dijo, una semana después del triunfo sandinista: "Yo no descubrí a Sandino. Sandino comenzó a cabalgar solo en las montañas nicaragüenses. Yo apenas fui su cronista”.

Sandino, general de hombres libres, el libro que inició la cadena de publicaciones del historiador, nació en Buenos Aires con una edición de 3.000 ejemplares, en septiembre de 1955, con prólogo del Premio Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias. El día en que las columnas guerrilleras del FSLN entraban triunfantes a Managua, el 19 de julio de 1979, se habían vendido más de medio millón de ejemplares en varios idiomas.

Conocí a Goyo durante el exilio en Buenos Aires, poco después de la instauración de la dictadura de Hugo Banzer en Bolivia, el 21 de agosto de 1971. Era uno de los integrantes de la tertulia que congregaba a varios periodistas y escritores en el restaurante El Pulpo, vecino a la redacción del emblemático diario La Opinión, en la calle Reconquista. 

Llegaba puntual al almuerzo de los martes, cargando paquetes de periódicos debajo de ambos brazos, en medio de las bromas de los tertulianos, entre quienes se encontraban Rogelio Pajarito García Lupo, Rodolfo Puiggros, Oswaldo Bayer, Hernández Arregui, Ricardo Carpani y el español José Moral. "¡Joder!, tu mujer no te va a dejar entrar a casa con tanto papel que le llevás todos los días”, le decía Pepe Moral al ver su trajín cotidiano en la construcción de su mítico archivo de casi 2,5 millones de recortes de periódicos y documentos -hoy en poder de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM)-, acumulados durante cuatro décadas con la complicidad de su esposa, Marta Ventura.

Para entonces ya había publicado una docena de libros -El pequeño ejército de locos, El guatemalazo, Espionaje en América Latina, El rapto de Panamá, ¡Aquí Santo Domingo! y La CIA en Bolivia, entre otros- y era considerado un experto en historia latinoamericana.
 
Paradójicamente, no conocía ningún país de América Latina sobre los que había escrito. Obviamente, tampoco había estado en Nicaragua. "No podía estarlo con los Somoza en el poder”, me explicó cuando me contó la génesis del Sandino en Ciudad de México, donde nos habíamos establecido tras la instauración de la dictadura de Jorge Videla. 

El golpe argentino hizo que las tertulias de El Pulpo se trasladaran, aunque con otros tertulianos, a su departamento en la avenida Patriotismo, en la capital mexicana, donde nos reuníamos de tarde en tarde con periodistas y políticos del exilio para comentar la actualidad latinoamericana e intercambiar información sobre las dictaduras de la región. 

De esas reuniones salió la materia prima para más de un libro, como, por ejemplo, Bolivia, el cuartelazo de los cocadólares (México, 1982), sobre el golpe de Luis García Meza, el segundo que dedicaba a Bolivia tras la publicación de La CIA en Bolivia (Buenos Aires, 1970), dedicado a la intervención de la agencia de espionaje estadounidense durante la guerrilla del Che Guevara. 

De entre el medio centenar de libros que escribió a lo largo de su vida, Selser tenía una especial predilección por el Sandino, no porque se sintiera el "descubridor” del héroe nicaragüense, según me confesó, sino porque -"si se me permite ser vanidoso”- la obra dio a Sandino el título de "General de hombres libres”, hoy tan difundido.

"El libro surgió entre 1954 y 1955, en Buenos Aires. Yo quería escribir algo sobre Guatemala, sobre la intervención norteamericana en el derrocamiento de Jacobo Árbenz. Trabajaba en esto en la maravillosa biblioteca de Alfredo Palacios. Quería escribir sobre Guatemala, pero me di cuenta de que no podía escribir sobre Guatemala sin entender a Centroamérica y no podía entender a Centroamérica sin conocer la historia de las intervenciones estadounidenses”, relató.
"Fue así que un día me encontré con el nombre de Sandino. Me interesó tanto, me atrapó de tal manera, que el tema de Guatemala quedó relegado a un segundo plano. El libro sobre Sandino salió un año después y el de Guatemala (El guatemalazo), seis años después”, recordó.

Selser tuvo en los diarios de la época -argentinos y extranjeros- su principal fuente de información. "Es curioso -comentó- cómo los diarios conservadores de Buenos Aires apoyaron a Sandino. Los mejores editoriales a favor de Sandino y en contra de la intervención norteamericana en Nicaragua los he leído en La Nación y La Prensa”.

Dos años después del lanzamiento de Sandino, general de hombres libres, Selser, que mientras tanto había acumulado más documentación sobre Nicaragua, publicó el segundo título sobre el tema: El pequeño ejército de locos que, aunque menos conocido que el anterior, es otro valioso testimonio sobre la Nicaragua de los Somoza.

"Cuando escribí el Sandino, no sospeché que algún día se le iba a otorgar la trascendencia que se le da”, me dijo, mientras me enseñaba una colección de cartas -las de Blanca Segovia Sandino y Esteban Pavietich, hija y ayudante del patriota nicaragüense, entre ellas- que hablaban por sí solas del impacto de su obra.

"Fue mi primer libro. Lo escribí lleno de indignación por las intervenciones norteamericanas en América Latina. Si lo tuviera que escribir nuevamente, por supuesto que lo haría mejor. Creo que el Sandino es un libro imperfecto, pero útil”, puntualizó.

Socialista de viejo cuño, Gregorio Selser, quien falleció hace 25 años, se hizo antiimperialista militante a fuerza de estudiar las intervenciones de Estados Unidos en América Latina.

Hablé por última vez con él, días antes de que pusiera fin a su vida, a fines de agosto de 1991. Lo encontré abatido por un incidente que había tenido con Octavio Paz, flamante Premio Nobel de Literatura, a propósito de una alusión a su Secretario de Redacción en la revista "Vuelta”, Enrique Krauze, y por las malas noticias que llegaban del campo socialista, como el intento de golpe de Estado del 19 de agosto de ese año contra Mijail Gorbachov, que anticipaba la inminente caída de la Unión Soviética. "Al final, nadie disparará un tiro para defender 70 años de socialismo”, pronosticó con un dejo de desencanto.

17
1

Comentarios