La descendencia del héroe del Topáter

El Grupo Luksic aprovecha las aguas del Silala, pese a que la concesión fue revocada

La compañía FCAB saca provecho de las aguas del manantial boliviano. Esa empresa es parte de Antofagasta PLC, que integra el Grupo Luksic, fundado por el bisnieto de Eduardo Abaroa.
domingo, 04 de septiembre de 2016 · 02:00
Pablo Peralta periodista

 

 

Paradojas de la historia. Así califica más de un especialista al hecho de que una de las más grandes fortunas de Chile esté en manos de los descendientes del héroe boliviano Eduardo Abaroa, defensor de la costa marítima. 

Pero, el asunto alcanza una mayor proporción cuando se conoce que una de las empresas que aprovecha  las aguas del Silala es una firma que forma parte del Grupo Luksic, conglomerado económico fundado por el bisnieto del héroe del Topáter en los años 50. 

La controversia sobre las aguas del Silala se ventila hoy  en La Haya, luego  que el 6 de junio pasado  Chile presentara una demanda contra Bolivia  ante la Corte Internacional de Justicia (Bolivia anunció luego una contrademanda por el mismo tema). Durante la escalada del conflicto, el 7 junio pasado, Bio Bio difundió la siguiente noticia: el canciller Heraldo Muñoz reconoció que dos empresas chilenas usan las aguas del Silala: el Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB), propiedad de Antofagasta PLC del Grupo Luksic, y Codelco.  

En el sitio oficial "Chile ante La Haya” de la Cancillería chilena, en el apartado caso Silala, se sostiene que "en la actualidad, sólo dos empresas tienen derechos consuntivos constituidos sobre aguas del Silala, de un modo similar a los que intentó licitar Bolivia sin éxito. Estos  derechos están en territorio de plena soberanía chilena: FCAB, que tiene uno por 237 litros por segundo, y Codelco, que tiene dos, por 119 y 41 litros por segundo”.

Periodo 1908-1980 

Toda esta historia se remonta a principios del siglo XX, cuando la Prefectura de Potosí concesionó el aprovechamiento de ese recurso a una empresa que operaba en el país vecino. El 21 de septiembre de 1908, la Prefectura potosina otorgó la concesión sobre uso y aprovechamiento de aguas de las vertientes del Silala a la compañía The Antofagasta (Chile), and Bolivia Railway Company Limited (hoy FCAB), "exclusivamente para alimentación de sus locomotoras a fuerza de vapor”.  

El sitio web de FCAB indica que esta empresa pasó a formar parte del conglomerado de los descendientes de Abaroa en 1980. "Cuando el Grupo Luksic adquirió la empresa, fue ‘sucesor’ de alguna manera de los derechos que tenía la anterior compañía. Luego, Bolivia revocó el contrato, pero la empresa continúa utilizando las aguas del Silala hasta hoy para la minería y el consumo humano”, sostiene el investigador y diplomático Andrés Guzmán Escobari.

Una empresa que comercializa las aguas que se originan en el Silala es Aguas Antofagasta, que hasta el año pasado era de propiedad del Grupo Luksic. En 2011, Página Siete efectuó una visita al lugar y publicó que en 2010  la firma percibió 52 millones de dólares por la comercialización de agua potable y cruda provenientes de ese manantial (Aguas Antofagasta fue parte del conglomerado económico de los descendientes de Abaroa hasta mediados de 2015, cuando fue vendida a un grupo empresarial colombiano).

Adiós locomotoras a vapor 

Un hecho de significativa importancia ocurrió entre los años 60 y 70. En ese lapso de tiempo, las locomotoras comenzaron a operar con diésel  y dejaron atrás el vapor. Por lo que en Bolivia se considera que el "objeto” de la concesión de 1908 se extinguió jurídicamente.  

Bajo ese marco es que el 14 de mayo de 1997, la Prefectura potosina revocó y anuló la concesión mediante la Resolución Administrativa 71/97. Esa decisión se elevó al rango de Decreto Supremo (24660) el 20 de junio de 1997. 

En los considerandos de la norma se establece  que la resolución prefectural "se justifica plenamente con la desaparición del objeto, la causa y la finalidad de la concesión temporal del uso de las aguas, por factores sobrevinientes decisivos, tales como la conversión tecnológica de las locomotoras de la empresa concesionaria, eliminando su necesidad de agua  para la fuerza de vapor que antes las impulsaba, a lo que debe añadirse la inexistencia de la propia concesionaria como persona colectiva en actividad en el territorio boliviano”.   

Ronald MacLean Abaroa, bisnieto del héroe del Topáter y excanciller, considera que "el uso de las aguas ha continuado por casi diez años más, lo que quiere decir que la suspensión de la concesión no ha tenido un efecto práctico, o no tiene la fuerza legal suficiente”. 

 Una licitación 

El 30 de agosto de 1999, el Gobierno de Bolivia emitió el decreto 25500. Con esta norma se lanzó una convocatoria para licitar el uso y aprovechamiento de las aguas manantiales del Silala, para fines de comercialización y/o exportación. 

Sin embargo, esa medida no llegó a consolidarse. Luego de un proceso de licitación, el 20 de abril del 2000, la entonces Superintendencia de Aguas de Bolivia suscribió un contrato de explotación de las aguas del Silala con la empresa Ductec, establece el texto Las aguas del Silala: luces y sombras, editado por la Asociación de Periodistas de Cochabamba en 2009. Sin embargo, Chile desconoció a esa empresa.

Es en ese marco que aproximadamente en el año 2000, el historiador Mariano Baptista, siendo Cónsul de Bolivia en Chile, organizó un encuentro con Andrónico Luksic Abaroa, bisnieto del héroe boliviano, a quien le planteó el problema de las aguas del Silala. 

"En una parte de la cena le dije: ‘El pueblo de Potosí que ha conocido tanta grandeza, hoy día es el más pobre de Bolivia y uno de los más pobres de América Latina y usted tiene el control del agua del Silala en su empresa’. Y él me dijo: ‘no, yo no le debo nada a Potosí’”, evoca.   

El diplomático Andrés Guzmán Escobari sostiene que revocada la concesión, la FCAB no tiene permiso para aprovechar las aguas del Silala. ""Bolivia ha revocado el contrato. Ese contrato no existe, ya no tiene ninguna validez.  El permiso estuvo vigente entre 1908 y 1997, pero el 97 Bolivia revocó el contrato y a partir de entonces esta empresa no tiene ningún permiso para utilizar las aguas. La utilización que se hace es totalmente ilegal”, afirma Guzmán. 

MacLean Abaroa expresa que "revocar una concesión solamente  no nos beneficia, si no contempla también los intereses de los actuales beneficiarios. Bolivia no sólo debiera recuperar la concesión del Silala, sino ir imaginativamente más lejos y beneficiarse del enorme y lucrativo mercado de agua del norte de Chile, ex-Bolivia. Ello no se conseguirá sin un entendimiento con Chile”.

Este descendiente de Abaroa propone "una licitación internacional conjunta para invitar a empresas de alta tecnología internacional para que inviertan en el desarrollo de acuíferos a fin de explorar y desarrollar los depósitos de agua subterránea que existen en Bolivia y ofrecer en concesión el aprovisionamiento de agua a Chile con pago por la compra de agua boliviana. El agua sin un mercado no tiene mayor valor. Esta propuesta apunta a incrementar racionalmente la modesta provisión de aguas del Silala, para crear un verdadero producto de exportación boliviano, similar al petróleo o gas, además de disponer de abundante agua para el desarrollo del sur de Potosí”.

El año 2006, Bolivia y Chile comenzaron a negociar la Agenda de 13 puntos, la cual incluyó el tema del Silala. Incluso se llegó a un preacuerdo; no obstante, la negociación  no prosperó.

 

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