Jaime Paz Zamora, expresidente de Bolivia

La ligazón de sangre y la causa boliviana

domingo, 04 de septiembre de 2016 · 00:00
Debemos tener un particular cuidado al tratar ciertos temas, eso se lo dije a la  propia Diremar cuando se me ha preguntado. Creo que en el caso de éste, de que los descendientes de Eduardo Abaroa se hayan quedado allá y sean hoy la cabeza como familia de probablemente una de las grandes  fortunas de la economía chilena, más bien tendría que ser objeto de un tratamiento muy ciudadoso por parte de Bolivia, de la estrategia boliviana de estar presentes en el océano Pacífico, porque deberíamos aprovechar precisamente la ligazón de sangre para que sea un factor positivo y favorable a la causa boliviana en Chile. Creo que es de esa manera que deberíamos actuar y si estuviera en mis manos alguna decisión, yo la tomaría en ese sentido. 

Ahora, si se da el caso de que hay una contradicción entre los intereses de las empresas, que son muchas, de lo que puede ser la familia Luksic hoy día con el caso específico del Silala, bueno, una razón más para tratar de hacer no solamente una política de Estado hacia Chile, sino también una política que se base en nuestra tradición de nuestro patrimonio que representa Abaroa, con la familia, para que si hay una contradicción se resuelva de manera favorable a los intereses nacionales. 

Y en el caso de Ronald MacLean, como efectivamente hay un vínculo familiar con la familia Luksic, creo que más bien en una política sana e inteligente de Bolivia deberíamos, habiendo sido él canciller de Bolivia, utilizar sus nexos de manera particular en Chile con esta familia para el objetivo que tenemos de retorno y de presencia al océano Pacífico. Yo diría que eso tendría que ser lo razonable. 

Ahora bien, tampoco debemos encontrar una contradicción entre el hecho de que sean descendientes de Eduardo Abaroa y al mismo tiempo hoy día sean una de las grandes fortunas en Chile, basados precisamente en el norte de Chile, que este país conquistó a Bolivia y Perú. Yo creo que más bien hay que tomar conciencia que el Chile moderno sale de esa conquista de 1879. Es decir, el Chile de antes era un Chile con una élite bastante visionaria, sobre todo muy ligada a la revolución industrial inglesa, que aprovechó para conectarse a ese proceso que estaba transformando el mundo (la revolución industrial) para hacer de Valparaíso el puerto principal de los ingleses sobre el Pacífico sur sudamericano y desde ahí incluso conectarse y enviar mercaderías hacia Nueva Zelanda y hacia Australia. Es esa conexión la que también lleva a esa élite chilena a proyectar la revolución industrial inglesa y a comerciar sobre todo el Pacífico sur de nuestro continente. Es en ese contexto que se da el conflicto. Entonces, el Chile de hoy no se entiende sin esa guerra de conquista, no solamente los Luksic. 

Esa gran industria vitivinícola que representa las bodegas Tarapacá, hasta por su nombre Tarapacá, tiene que ver también con el norte chileno y los ferrocarriles hacia el sur, y la infraestructura hacia el sur. Eso no es un misterio para nadie. O sea, Chile de ser un espacio de nuestro continente muy bueno para la producción de maderas en el sur y muy bueno para la producción de frutas en su zona central, se vuelve un país con una gran potencia gracias a las riquezas, primero del guano, luego la plata y ahora el cobre; sigue siendo el principal productor mundial. 

Entonces, no es raro que en ese contexto haya habido una familia descendiente de un ciudadano boliviano, que era de lo que hoy es el norte de Chile y que para nosotros es el suroeste  de Bolivia, esté ligado a este fenómeno extraordinario de recursos y de transformación de Chile, que significó la guerra de conquista que hicieron sobre nuestro territorio y el territorio peruano. 

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