El sobaco de la víbora

Para esperar el nuevo año

domingo, 1 de enero de 2017 · 00:00
 
Esperar al nuevo año no se reduce a aguardar las doce de la noche para abrir una botella de sidra y salir al patio a lanzar petardos. Resulta que esta celebración incluye una serie de ritos que debes cumplir si no deseas que el año que comienza te vaya como al estado plurinominal.                                                                    
En principio, si deseas que el año llegue para ti con una valija y pasajes para vos y quienes amas, debes aguardar las campanadas de media noche en la puerta de tu casa junto a una maleta cargada para salir a desandar las calles. Cuanto más lejos camines, más lejos viajarás.                
Aunque si piensas en el impuesto que el proceso de cambio creó para, dizqué, "mejorar” la infraestructura turística, podrías iniciar el año con un rito simple que consiste en subir las gradas de tu casa al compás de las doce campanadas – una por cada mes del año– lo que te depararía mejor posición laboral.  
       
Un rito que en las últimas décadas ganó millones de adeptos en Bolivia es la que consiste en estrenar el año con un calzoncillo rojo lo que, según dicen, te dotará de tantas hormonas amazónicas que incluso generará envidia al interior del gabinete del propio don Evo.          
         
Siempre me pregunté de dónde surgió el éxito comercial de ese mito que pinta de rojo incluso a las ferias navideñas. Imagino que fue idea de algún alto dirigente del Partido Comunista que, tras la caída del muro de Berlín, no sabía qué hacer con tanta bandera partidaria que tenía en casa.  
 
               Fue tanto el éxito de estos calzoncillos, que no faltó la caserita que creyó lógico crear el mito de los calzoncillos amarillos, para quién desee que el año nuevo llegue con toneladas de platita. Obviamente, como no es válido estrenar dos calzoncillos al mismo tiempo, la gente prefiere los rojos.                         

Hay otros ritos que emergen de las ceremonias para saludar al año en sus umbrales, como la de consumir antes de la cena y luego del brindis, doce uvas –una por cada mes del año– o guardar en sus bolsillos algunos granos de lentejas, todas ellas relacionadas con cierto auge económico.  
 
      Este sueño universal, generó en Bolivia el mito que consiste en contar dinero contante y sonante antes de la cena de fin de año. Pero, a esas alturas del mes, lo que queda de nuestro sueldo e incluso el aguinaldo, se ha difuminado por lo que en casa la sequía es tal que es imposible realizar de este rito.

Tal vez el ministro de Economía, a fin de garantizar el blindaje económico del proceso de cambio podría cumplirlo yendo a medianoche al Banco Central, aunque supongo que la oposición sospecharía que sólo lo hace para buscar recursos que le permitan pagar sus alfombras persas.

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