Perfil

Ciro Bustos o cuántos traidores necesita el Che

El fracaso del Che necesitó de muchos Judas. Sin ellos había que afrontar los errores de una leyenda, como es el Che. Y los mitos no se equivocan.
domingo, 8 de enero de 2017 · 01:00
Gonzalo Mendieta Romero  abogado

 

 

Hace unos años vi un documental de la televisión sueca dedicado a Ciro Bustos. Está en YouTube y titula: Sacrificio. ¿Quién traicionó al Che Guevara? Ahora que Ciro Bustos ha muerto, casi a los 50 años de la muerte del Che en Bolivia, ese documental permite forjarse una idea del porqué del fracaso del Che en Bolivia, partiendo en este caso de las durísimas imputaciones que se lanzaron a Ciro Bustos. El fracaso del Che necesitó de muchos Judas. Sin ellos había que afrontar los errores de una leyenda, como es el Che. Y los mitos no se equivocan. 

No, el Che no sucumbió por la maldad ajena ni por la perversidad del Partido Comunista de Bolivia (PCB). Tampoco por los bocetos que Ciro Bustos dibujó de los guerrilleros, que no le agregaron información a lo que el Ejército boliviano ya conocía. Esos bocetos de los guerrilleros se publicaron en el periódico católico Presencia en 1967. 

Ah, y Regis Debray no sufrió las mismas acusaciones que Bustos porque supo barrer delicadamente la basurita en contra del menos glamoroso y vinculado Bustos, un gaucho anónimo frente a la leyenda francesa guevarista que fue Debray en un inicio. A diferencia de Ciro Bustos, Debray fue tratado -hasta su ruptura política- a cuerpo de rey por el guevarismo doliente, pese a que fue detenido por los militares bolivianos junto a Bustos y siempre circuló en el ambiente la pregunta: ¿quién cantó?

Por ejemplo, Allende recibió a Debray en Chile, cuando J.J. Torres lo liberó. Para Bustos quedó el escarnio. Humberto Vacaflor, periodista que cubrió la guerrilla para el periódico Presencia, recuerda que le tocó por una casualidad "a la boliviana”, retornar a La Paz en un avión oficial. Allí vio a un funcionario del gobierno de Barrientos, que ignoraba que era observado por un periodista, jactarse entre risotadas de cómo puso a Debray al borde de la compuerta abierta del avión, amenazando con lanzarlo si no hablaba. Sin embargo, Bustos lucía más traidor porque el relato de la inmolación de Guevara se sostenía mejor sin él, pero con Debray haciendo de San Pablo para el Che. Bustos fue, en cambio, visto con el recelo que incita un soplón de cuarta, en el mejor de los casos.

Ese documental sueco que en su momento me motivó a escribir una columna que releo y actualizo, se ocupa pues del anatema de "traidor” que recayó sobre el argentino Ciro Bustos. Con Regis Debray, venían de reunirse con el Che cuando fueron detenidos. Nadie se animó a pensar con empatía, que, comenzando por Debray, en esas duras circunstancias, no había gallo que no "cante” y que quizá los militares bolivianos y los agentes de la CIA que los secundaban, ya tenían información que no precisaba de estos candidatos a chivos expiatorios.

Bustos vivió después el ostracismo en Suecia, donde ha muerto hace unos días, según informó nuestro compatriota, el escritor Carlos Decker, amigo del "pelado” (calvo) Bustos. Hace tres años, Ciro Bustos, un octogenario, volvió a escena desde Suecia. Su libro  El Che quiere verte  fue editado en inglés. Y lo más granado de la prensa sajona, la de izquierda y no tanto, lo comentó con atención.

El caso de Bustos confirma que el culto guevarista ha sido inexorable con los demás y poco realista con su héroe. Pese a su parecido iconográfico, la historia de Cristo fue más modesta: produjo un solo traidor. Y nadie llama traidor a Pedro, por más que negara tres veces su amistad con el galileo.

Como en una escena de la Última Cena, en el documental Regis Debray aparece incómodo, intentando "hacerse el sueco” justamente con los suecos, que lo sacan de su zona de confort de intelectual reconocido, para pedirle cuentas respecto a Ciro Bustos.

Peor la pasa el amigo de Debray, el biógrafo francés del Che, Pierre Kalfon (a quien luego Bustos dedicó el artículo "A Kalfon quitado”). Kalfon debuta ufano en el documental, sosteniendo que Bustos "cantó” todo, para luego reconocer, patitieso, que nunca leyó la declaración de aquél y que se basó en un libro que no guarda en su biblioteca, al cual otros biógrafos creíbles del Che, como John Lee Anderson, no le dan crédito.

También vemos en el documental imágenes en familia del Camba, el boliviano Orlando Jiménez Bazán, figura en la que el documental se detiene, pues murió en Suecia en 1994. Allí son el Che y su diario los que quedan mal parados, evaluando a los demás desde la superioridad moral, desde la jerarquía. Esto no descalifica del todo al Che, puesto que los diarios se escriben, al menos de inicio, para consumo personal. Y no hay nadie que no se haya despachado algún parecer encabronado, incluso respecto de los seres queridos que nos soportan "a diario”, razón por la que conviene no anotar al vuelo todo lo que a uno se le ocurre en materia de emociones y pensamientos.

El Che dejó un sinfín de admiradores y -sin buscarlo conscientemente- muchas poleras y posters, que alimenta la devoción ciega por su diario y robustecen el juicio inexorable de sus seguidores.
 
Incluso entre nosotros no falta el político que despliega sobre su abdomen y parte de su brioso pecho, la iconografía de las facetas del vía crucis del Che. Ni la música es capaz de ignorarlo. El Sabina de la mejor época, lo nombra en letras melancólicas: "Y las viejas banderas/ llamando a las trincheras/ desde el mural añil de la pared/ donde una mano ha escrito/ ‘Haydée, te necesito’/ sobre la boina mítica del Che”. 

El documental sueco que vi con el interés de quien ignora que ha sido visto ya un sinfín de veces, es portador de un revisionismo histórico distinto, que aboga por la reivindicación -a estas alturas, post mortem- de Ciro Bustos.

Es falso que sólo los ganadores escriban la historia, como dice el tópico. A veces es la leyenda de los derrotados, la compasión que despiertan, los intereses de sus herederos  los que fuerzan una narración. 

Y por eso uno debe cuidarse de ponerse en el "bando” de Bustos sólo porque su sencillez nos sea más cercana que la vanidad de Debray. Pero Bustos se fue a la tumba maltratado y con un estigma contra el que no pudo patalear del todo. Y ésas se me antojan suficientes razones para escucharlo.

Los posmodernos advierten que opinamos según la correlación de poder prevaleciente al momento de juzgar. Por eso es aún es muy conveniente defender la leyenda inmaculada del Che y sacar de la chistera a "traidores” como Bustos, Mario Monje o todo el PCB. Pero tal parece que, pese a esas advertencias posmodernistas, nuestros juicios históricos deben nomás estar bien fundados. No vaya a ser que después estemos en aprietos o "a Kalfon quitado”, como le encajó, bien encajado, Ciro Bustos al historiador francés Pierre Kalfon.

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

124
5